Guitar & accordion recital Lunchtime Concerts

Guitar & accordion recital

  1. The event took place on
Roberto Miranda, guitar. Pedro Reguero, accordion

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NOTAS AL PROGRAMA

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Son varias las dificultades que entraña reunir un programa de concierto como el de hoy.

Si consideramos la música de cámara como "música de amigos", la "música de salón" de principios del siglo XIX contó con muchísimos amigos compositores que la concibieron bajo distintas agrupaciones de reducidas amistades: dúos, tríos, cuartetos y quintetos... Música tan apreciada y valorada en la época como las grandes producciones sinfónicas; música absolutamente desconocida hoy en día debido a diversas razones: una, la falta de formaciones que se dediquen de lleno a la labor musicológica de su búsqueda, estudios y rescate; otra, el tiempo histórico: el siglo XIX, demasiado "cercano" como para considerarlo como "antiguo" y despertar así el suficiente interés musical por lo que en él ocurrió, y demasiado "lejano" como para determinar nuestro interés hacia él comparado con los diferentes estilos y lenguajes musicales que mueven nuestras sociedades actuales. He aquí la primera dificultad.

Existe una creencia generalizada de que la guitarra que hoy conocemos permaneció inmutable en el tiempo desde las primeras guitarras renacentistas a las de hoy. En una época en la que hemos aprendido a apreciar sonoridades como las de la vihuela, el laúd o la tiorba, la guitarra de 1800 sigue siendo hoy en día una gran desconocida. Pero entre el instrumento del Barroco y el que popularizó en todo el mundo Andrés Segovia, todavía existió un instrumento intermedio y toda una serie de prototipos que diferían en sonoridades e intenciones musicales. He aquí la segunda dificultad.

Si consideramos que las posibilidades de escuchar un dúo de guitarra y acordeón hoy en día resultan bien raras y extrañas, la idea misma de juntar en "ensemble" las sonoridades y diferentes idiosincrasias de una guitarra de 1800 y un acordeón Bayán es algo absolutamente novedoso e inédito. He aquí la tercera dificultad.

Esperemos que, vencidas todas ellas, el encanto de estas músicas conmuevan a los oyentes del siglo XXI como lo hicieron con los de la primera mitad del XIX.


Roberto Miranda