Violin & piano recital Lunchtime Concerts

Violin & piano recital

  1. The event took place on
Dúo Concertante . Juan Antonio Mira, violin. Cristina Ferriz, piano

W.A. MOZART, hijo de un famoso profesor de violín, compuso desde la infancia y a lo largo de su vida unas 40 sonatas para clave y violín o para violín y pianoforte. La Sonata en Mi menor hace el nº 22 de todas ellas, pero en realidad -si descontamos las de niñez- es la 6ª de las que tienen ya estilo propio. Compuesta en París en el verano de 1778, fue publicada allí en un grupo de seis dedicadas a la Electora Palatina (KV 301-306): Menos la última, en tres movimientos, las cinco primeras tienen sólo dos. La Sonata KV. 304 es la única en modo menor y rezuma melancolía y "espíritu sensible".

BEETHOVEN compuso en 1802 y publicó en 1803 como Op. 30 tres sonatas para violín y piano que hacen los números 6, 7 y 8 de las diez que compuso para este dúo. Escritas poco antes de la gran crisis provocada por su sordera, cuyo testimonio nos ha llegado en el escrito que conocemos como "Testamento de Heiligenstadt", la Sonata en Do menor explora ya los registros heroicos y nerviosos de su lenguaje de madurez con espléndidos resultados.
JANACEK, el gran músico moravo con quien la música checa alcanzó la modernidad, compuso en sus años de aprendizaje hasta dos Sonatas para violín y piano que se han perdido. Es posible que cuando comenzó en 1914 su tercera Sonata aprovechara algo del tercer movimiento de la segunda, la Balada que en la redacción definitiva de 1922 quedó como segundo movimiento. En todo caso, estrenada ese año en Brno y luego en Praga y en Salzburgo durante el segundo festival de la SIMC (Sociedad Internacional de Música Contemporánea), la obra no ha logrado un lugar en el repertorio a pesar de su belleza.


RAVEL compuso la "rapsodia de concierto" para violín y piano (o luthéal, un instrumento que remedaba el címbalo popular húngaro) para la violinista húngara Jelly d'Aranyi en 1924 con el propósito de ofrecer una pieza de alto virtuosismo violinístico en la honda de las viejas rapsodias húngaras, a las que parodia con cariñosa frialdad. Tuvo tanto éxito que Ravel orquestó la parte pianística y de vez en cuando se escucha así, pero nunca con el efímero instrumento llamado luthéal porque hoy no lo toca nadie (ni falta que hace).