(y III) Wednesday Series Piano music by the great composers

(y III)

  1. The event took place on
Carmen Yepes, piano

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TERCER CONCIERTO
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  Mauricio Ravel, nacido con pocos años de diferencia (1873 a 1876) entre un grupo de compositores tan diferentes entre sí como Rachmaninoff, Falla o Schönberg, es el "otro" gran maestro francés del siglo XX, o sea el gran referente de Debussy. Aunque trece años más joven que éste último, Ravel fue algo más precoz en la maduración de su talento, tanto que en los albores del siglo, cuando Debussy se hallaba al borde de la cuarentena y Ravel apenas celebraba el primer cuarto de siglo de su no muy larga existencia, ambos eran parecidamente considerados como las puntas de lanza de la música francesa de aquella hora, que es tanto como decir como de toda la música europea. Agruparlos bajo el común apelativo de "impresionistas" es algo muy impreciso, sobre todo porque la etiqueta de "música impresionista" no mereció nunca la adhesión clara de quién presuntamente estuvo en el origen de ese movimiento, si es que ese movimiento llegó a existir como tal, o sea, Debussy, quien sólo tuvo palabras muy ambiguas o de total rechazo frente a ese vano intento de encerrar su música en una no menos vana etiqueta. (De nuestros días, entre nosotros al menos, se considera "impresionista" (¡ !) incluso a un tardorromántico como Fauré). Hablando de "pianismo impresionista" no está de más comentar de pasada que Ravel, en su momento, se apresuró a reclamar la prioridad de ese concepto para sus Jeux d'eau (1901) frente a las Estampes (1903) o al primer cuaderno de las Images (1905) de Debussy, si bien no es menos cierto que el "impresionismo" de ambos tenía sus claros antecedentes en el pianismo del Liszt de Al borde de un manantial o de los Juegos de agua de la Villa d'Este, entre algunas otras cosas. Dentro del mutuo respeto y hasta la admiración que se profesaban Debussy y Ravel, las relaciones entre ambos grandes compositores no fueron siempre cordiales, e incluso hubo tiempos en que ni se dirigían la palabra (Strawinsky "dixit").
Ravel, ya lo he comentado, no era un gran pianista, y, tal vez por ello, su producción en este sector sea relativamente corta. Sin embargo, su inventiva y su prodigiosa habilidad artesanal le bastaron para legarnos algunas de las más logradas, originales, brillantes y hermosas páginas de toda la literatura del instrumento. Baste con citar los Miroirs, la Sonatina Gaspard de la Nuit o los Valses nobles y sentimentales. La Sonatina que aquí vamos a escuchar es una obra que mal se podría calificar de "impresionista"; es, más bien, una bella muestra de ese espíritu clasicista que siempre gobernó el pensamiento musical raveliano.
¿Y que decir de las Images de Debussy?. Para quien, más que admirador incondicional se confiesa enamorado de la música del gran "Claudio de Francia" (que tal es mi caso) esos dos trípticos, más la colección de los Preludios, más la colección de los Estudios, están, sin hipérbole, en la cumbre de toda la música para piano escrita a lo largo del siglo XX. Algo que, a propósito de no recuerdo qué obra (y la cita dista mucho de ser textual), decía el propio Debussy que hallaría su sitio en la historia de la música a la derecha de Chopin y/o a la izquierda de Schumann. Verdaderamente, yo no sabría decir por cuál de las dos series se decantaría mi personal preferencia; tal vez - pero no se trata más que de una pura e inútil hipótesis, porque la que escucho es siempre la que, en ese momento, más me gusta-  por esta segunda serie, que contiene desde la asombrosa polifonía de planos sonoros de Cloches...) hasta los brillos, los reflejos, el delicado tornasol de Poissons d'or, pasando por el misterio y la incertidumbre tonal de Et la lune... La escritura pianística de Debussy muy rara vez es ostentosamente virtuosística, pero esconde no pocas dificultades de ejecución, pocas veces evidentes para quien escucha, pero si muy reales para quien ha de resolverlas, aunque el resultado, desde luego, bien merece la pena.
De Mompou y Montsalvatge ya se ha hablado en los comentarios anteriores y, por lo tanto, no creo que venga a cuento insistir sobre la importancia que reviste la obra de estos dos maestros en la música española del pasado siglo. Sí, desde luego, subrayar la estupenda calidad de las dos obras incluidas en este programa: tanto Juegos de niños como la Sonatine pour Yvette se cuentan entre las obras mejor conocidas y más justamente apreciadas de ambos compositores.
Antón García Abril formó parte de aquel grupo fundado en Madrid en 1957 o 1958 bajo el apelativo de "Nueva Música", al que ya me he referido, que tuvo una vida corta como tal grupo, pero sí una actividad muy intensa y, creo, bastante fructífera puesto que los resultados de esa actividad llegaron mucho más allá de lo que fue la existencia temporal del grupo. "Nueva Música" no fue más que una reunión de profesionales amigos que tenían intereses musicales unas veces coincidentes y otras veces no tanto, pero sí una ambición común por sacar a la música española de un cierto estancamiento, algo que halla su correspondencia en la actividad, más o menos coincidente en la cronología, con lo que hizo el grupo "El Paso" en las artes plásticas. Dentro del grupo "Nueva Música", Antón García Abril no hizo nunca figura, al igual de lo que se dijo con respecto a Manuel Castillo, de "vanguardista". García Abril es hombre de sólidas, de profundas convicciones, y su pensamiento musical ha estado siempre fuertemente anclado en el pensamiento tonal, en la certidumbre de que la melodía y su inevitable trasfondo armónico son valores esenciales, imprescindibles, de la música, en todo momento y lugar - aunque, en el fondo, siempre estemos refiriéndonos a "nuestra" música occidental, lo cual no quita para que cualquier música más o menos "primitiva" obedezca, consciente o inconscientemente, a una cierta inesquivable subestructura físicamente determinable, algo que sitúa a las músicas atonales o post-tonales, tal vez, en incómoda postura. A lo largo de los años, García Abril, en un principio relativamente poco presente en el primer plano de la música "joven" española, ha ido afirmando su protagonismo y su entidad de maestro, en toda la extensión de la palabra, puesto que ha formado a bastantes promociones de compositores desde su cátedra en el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid, hasta convertirse hoy en una de las figuras de referencia de la actual música de nuestro país.
Antón García Abril es un buen pianista que nunca ha ejercido como tal, y su obra pianística, si bien no demasiado extensa - cabe decir que, por fortuna, aún podemos esperar mucho más de él-  posee calidad e importancia indudables, más desde el punto de vista cualitativo que cuantitativo. Al margen de las obras con orquesta - dos Conciertos de piano y los Nocturnos de la Antequeruela- , los Cuadernos para Adriana (hija del compositor), que bajo su apariencia didáctica esconden un encanto y una sabiduría indiscutibles, la Sonatina del Guadalquivir que van Vds. a escuchar a continuación y, sobre todo, los Preludios de Mirambel y la Balada de los Arrayanes constituyen el grueso de obra para piano.

  1. I
      1. Maurice Ravel (1875-1937)
      1. Sonatina
      1. Claude Debussy (1862-1918)
      1. Images. Libro 2
  2. II
      1. Federico Mompou (1893-1987)
      1. Escenas de niños
      1. Antón García Abril (1933)
      1. Sonatina del Guadalquivir
      1. Xavier Montsalvatge (1912-2002)
      1. Sonatine pour Yvette