(II) Wednesday Series The Iberian-American quartet

(II)

  1. The event took place on
Cuarteto Degani . Arturo Guerrero and Erik Albert Ellegiers, violin. Svetlana Arapu, viola. Paul Friedhoff, cello

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NOTAS AL PROGRAMA
SEGUNDO CONCIERTO
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A pesar de su corta vida, Silvestre Revueltas es el resultado de una excelente asimilación de los lenguajes internacionales de su momento, junto con un enfoque profundamente individualizado.
Se comenta siempre que lugar aparte dentro del marco del nacionalismo musical mexicano merece la obra de este compositor, porque en tan solo 41 años pudo dejar caminos abiertos para que otros continuaran. La madurez y acabado de una producción, que constituye una pauta en la historia musical mexicana, hace gala en sus famosos cuartetos de cuerdas.
La coherencia de sus construcciones formales, la perfecta armonía entre la realización sonora y su contenido motívico, caracterizan al conjunto de una obra que representa la renovación de las fuentes tradicionales afianzadas en un estilo personal único e inconfundible.
Revueltas fue el primer compositor mexicano cuya obra se liberó del uso de las formas tradicionales como la sonata. Al señalar el camino hacia una forma abierta que surgiera directamente del manejo del material motívico, la investigadora Yolanda Morenos comenta, "resolvió la contradicción implícita en el tradicionalismo o la inamovilidad tonal del tema mexicanista y logró la verdadera modernización del lenguaje sonoro".
Desde un inicio, no usó de manera textual los temas populares, pero no renunció a la irregularidad rítmica, al refinamiento armónico, a la experimentación con grupos orquestales poco usuales, o con tratamientos tímbricos que arrojan ambientes sonoros característicos.
Los tres primeros cuartetos se escribieron entre 1930 y 1931 y forman parte de la década prodigiosa en la que el autor señala un camino alternativo hacia una concepción moderna, preservando la esencia popular como parte inevitable de su expresión.
"Música de Feria", título que le da a su Cuarteto nº4 concebido en 1932, es el más compacto de los cuatro. Se estructura en un solo movimiento, aunque internamente mantiene tres secciones bien diferenciadas. El contraste logrado en su parte central, lenta e íntima, a través de una melodía de profundo lirismo expuesta sobre un típico ostinato, le otorga a este fragmento un aire popular cercano a la canción de cuna. A pesar de que sus temas, en cuanto a estructuración son sencillos, Revueltas los expone utilizando texturas complejas que se sustentan en la elaboración de los motivos principales. Es esto lo que precisamente ocurre en sus dos partes extremas, impregnadas también de ese aire popular tan presente en la feria de un pueblo mexicano.

Haciendo un gran salto dentro de la década de los cuarenta, con una obra que difiere tanto de los conceptos estéticos de sus antecesores como de sus contemporáneos, encontramos la figura del mexicano Miguel Bernal Jiménez. Compositor, organista, musicólogo y pedagogo, se mantuvo durante su vida vinculado a la Iglesia Católica, produciendo un tipo de obra que algunos consideran al margen de la realidad musical de un país que, en términos oficiales, se expresaba en el ideal de un nacionalismo revolucionario.
Su vocación y formación musical es religiosa. Su música, pretende lograr una síntesis de lo mexicano como historia y sentimiento. En realidad este autor idealiza la materia popular; exalta la belleza melódica dentro de las llamadas formas tradicionales, polifónicas y corales de origen litúrgico y contrapuntísticas.
El Cuarteto Virreinal (1937), dedicado a Manuel M. Ponce, está compuesto sobre temas mexicanos que forman parte de la tradición lírica infantil, sin que ello sacrifique las sonoridades más tradicionales a las que un Bernal Jiménez nos tiene acostumbrados. El propio compositor confesó que su propósito fue escribir un cuarteto tal y como lo hubiera hecho un creador de fines del siglo XVIII. Su sonoridad y estilo corresponden, por tanto, a esta época, pero con temas y canciones que provienen de la etapa virreinal.
Con una simple audición del primer movimiento basado en el juego "A la víbora, víbora de la mar"que ha sido el entretenimiento de varias generaciones de mexicanos, captamos el esquema de la forma sonata tratado con un aire clásico muy cerca de J. Haydn.
El segundo tiempo, sin embargo, nos remite al barroco a través de la zarabanda con variaciones. Y con cierta nostalgia, nos deja escuchar el tema de la canción "Naranja dulce, limón partido". Para finalizar, como última sección, retoma el carácter grave de los primeros compases.
Siguiendo la típica estructura de un cuarteto clásico escribe en su tercer movimiento un minué, que nos sitúa nuevamente en el universo de J. Haydn y W. A. Mozart y en el cuarto, una especie de fugato con el tema de "Pica perico".
La imaginación armónica, el refinamiento instrumental y la complejidad de texturas, permiten colocar la obra de este compositor en una posición distinguida dentro del marco de referencia nacionalista.

Pero cuando abordamos el género "Cuarteto" como realidad distintiva en  la producción musical americana, no podemos dejar de mencionar al autor que más obras  escribió para los cuatro instrumentos de cuerdas. El brasileño Heitor Villalobos, con sus 17 Cuartetos, constituye una referencia obligada en el estudio del género dentro del siglo XX.
Compositor autodidacta, poseía gran talento para escribir sin haber recibido la formación necesaria. Fue prolífico y se preocupó por conocer la música popular brasileña a fondo. En particular la música del nordeste, región en la que Villalobos reconoció la existencia de una gran riqueza musical.
Su vida constituye el esfuerzo de un hombre por perfeccionar sus carencias formativas y lograr una obra de arraigo y fuerza, capaz de estar a la altura de cualquier otra. En este sentido, sus Cuartetos son representativos.
Antes de escribir Choros nº 1, para guitarra en 1920, o sus Bachianas brasileiras nº 1, para orquesta de violonchelos en 1930, ya Villalobos había concebido sus cuatro primeros cuartetos. Y prácticamente se mantuvo dentro del género, aunque con saltos, hasta el final de su vida. Los cuatro primeros fueron escritos entre 1915 y 1917; el quinto en 1931, después de un intervalo de 14 años; el sexto en 1938 y a partir de 1942, de manera continua, invirtió 15 años en escribir los restantes once.
Podríamos decir que el Cuarteto fue para Villalobos un género apropiado para la experimentación. Por el dominio que el compositor poseía de algunos instrumentos que tocaba, como el violonchelo, le resultó más fácil trabajar para esta agrupación instrumental. El tratamiento de las líneas melódicas, del cual fue un maestro, las inesperadas intervenciones instrumentales, resultado de su riqueza inventiva, hicieron que este formato fuera para él, uno de los preferidos. Hay que mencionar que, aún en 1987,  no se había abordado la grabación integral de sus cuartetos de cuerdas. Y es posible que ésta sea una de las razones que hace que el compositor durante tiempo, fuese conocido por obras como su ballet "Amazonas", para orquesta (1917) o por su otro ballet "Uirapurú",  también para orquesta de ese mismo año. Las grabaciones de sus Bachianas Brasileiras contribuyeron a esta imagen sinfónica que existía del autor, con pocas excepciones. Por tanto, el interés por su música de cámara es bastante reciente, a pesar de que ella ocupa un tercio de su producción total.
El Cuarteto nº 10, creado en 1946 y estrenado en 1950, se compone de cuatro movimientos.
En su primer movimiento, que consta de varias secciones, aparecen dos elementos contrapuestos que conforman los materiales temáticos de toda esta primera parte. Un elemento cantable presentado inicialmente por el violonchelo y después por la viola, y un sostén rítmico sobre el que descansa el comienzo del Cuarteto. En la segunda sección los elementos presentados son elaborados, variados, ampliados y fragmentados, siendo ésta la parte de mayor riqueza e interés desde el punto de vista estrictamente musical y con relación a la escritura específica de cuarteto de cuerda. Una última sección de carácter reexpositivo, retoma nuevamente los materiales presentados con anterioridad, aunque con pequeñas interrupciones.
Su Adagio, despliega el potencial afectivo del compositor a través del canto que inicia su primer violín, pasando por la viola y el segundo violín, con pequeños arpegios que transcurren en los registros graves en búsqueda de efectos rítmicos, para así contrastar con los valores largos de la melodía.
Su Scherzo es, posiblemente, el movimiento más elaborado y que denota mayor unidad en toda la obra. Construido sobre dos motivos contrastantes, aquí hace gala especialmente de la fuerza rítmica sin abandonar su capacidad para el canto.
El final -"Molto Allegro"- presenta el tema principal en imitación con ritmos que recuerdan el sustrato popular presente en toda la obra del compositor brasileño.
Heitor Villalobos, en síntesis, fue un caso sin paralelo en la historia de la música americana que componía por imperativo biológico cuya obra representa la esencia de mundos sonoros que reproducen el ambiente musical brasileño sin que escuchemos una cita folclórica.
Este principio fundamental de su creación sirvió de referencia para otros compositores que se sintieron cerca de él, de sus formas, de sus concepciones con relación a la música.

En más de una ocasión, el compositor argentino Astor Piazzolla reconoció que hasta aproximadamente el año 1955, su producción se enmarcaba estilísticamente en una especie de nacionalismo musical a la manera de Villalobos o de G. Gershwin, con los que tenía ideas similares.
A. Piazzolla fue el creador del siglo XX que revolucionó el rumbo del tango con una obra que se sitúa entre lo popular y lo culto, de estructuración clásica, pero que se inclina hacia las tendencias de vanguardia que mantenían la tonalidad a pesar de todo, aunque tratada con la libertad que antes le otorgaron  otros compositores como B. Bartók o I. Stravinski.
Entre 1940 y 1946 Piazzolla se formó con A. Ginastera en composición, orquestación y contrapunto, y más adelante, en 1954 en París, cursó estudios de composición con Nadia Boulanger.
Su música transcurrió siempre, entre su experiencia como instrumentista (bandoneón) y director de diferentes agrupaciones instrumentales (quinteto, sexteto, octeto y noneto), y su composición de música para concierto inspirada  en el tango no tradicional.
La obra que hoy escucharemos, pertenece a su madurez, escrita en 1987, cinco años antes de su muerte.
"Cuatro para tango" es esencialmente Piazzolla. Acentuado, sonoramente agresivo, enérgicamente rítmico, sofisticado y a la vez, un tango. Sus armonías, disonancias, variedad rítmica, conocimiento de la escritura para pequeño formato, nos sitúan ante un compositor que cruzó todas las fronteras entre géneros musicales, colocándose más allá de clasificaciones y moldes que no encajaron en su visión sobre el hecho musical.

      1. Silvestre Revueltas (1899-1940)
      1. Cuarteto nº 4, Música de feria
      1. Miguel Bernal (1910-1956)
      1. Cuarteto virreinal
      1. Heitor Villa-Lobos (1887-1959)
      1. Cuarteto nº 10
      1. Astor Piazzolla (1921-1992)
      1. Four for tango