(I) Wednesday Series Britten: chamber music and songs

(I)

  1. The event took place on
Ángel Rodríguez Rivero, tenor. Kennedy Moretti, piano

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NOTAS AL PROGRAMA
PRIMER CONCIERTO
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Canticle I, "My beloved is mine and I am his", Op. 40
«Uno de mis fines principales -declaró Britten- ha sido tratar de dar a la musicalidad de la lengua inglesa el brillo, la libertad y la vitalidad de que estaba desprovista desde la muerte de Purcell». Las canciones fueron uno de sus puntos fuertes; en ellas no sólo logra transmitir el sentido poético del texto sino integrar con naturalidad en la música el ritmo de cada palabra y la cadencia de cada frase.
Compuso cinco Cánticos a lo largo de casi treinta años; no como un ciclo sino, podríamos decir, como un género, con algunas características comunes pero con total independencia unas obras de otras, escritas para circunstancias diferentes y con plantillas distintas: tenor (o soprano), contralto y tenor, tenor y trompa, contralto, tenor y barítono, hasta aquí siempre con piano, y tenor con arpa. El título en todos ellos, Cántico, tiene un sentido religioso, no litúrgico, expresado por medio de textos muy diversos, desde el auto anónimo de Abraham e Isaac que aún hoy se conserva en Chester hasta Edith Sitwell o T.S. Eliot. Más que canciones, por su enfoque y envergadura debemos considerarlos pequeñas cantatas.
El Cántico I es el más cercano a Purcell; sus Himnos Divinos son el modelo. Fue compuesto en 1947 para un concierto en recuerdo de Dick Sheppard, vicario de St. Martin-in-the-Fields y fundador de la Peace Pledge Union, con la que Britten simpatizaba. El texto está tomado del poema "Un rapto Divino" de Francis Quarles, inspirado a su vez en una cita del Cantar de los Cantares que Quarles parafrasea como «mi amado es mío y yo soy suyo». El resultado poético es una metáfora de la fe y la confianza del hombre en su Creador, una expresión del amor Divino a través del amor físico. Musicalmente, Britten estructura las seis estrofas (eliminó una del original) agrupando las dos primeras y las dos últimas, de modo que resulten cuatro secciones diferenciadas: la primera, una especie de barcarola de carácter contrapuntístico, luego un recitativo, un scherzo en canon a continuación y una coda en tempo lento, armada predominantemente sobre acordes, para terminar.
Seven Sonnets of Michelangelo, Op. 22
Son las primeras canciones escritas expresamente para Peter Pears. El ciclo está dedicado a él e implícitamente a él también dirigido: la intensidad emocional de estos sonetos (en España disponemos de una cuidada traducción y edición de los sonetos completos, por Luis Antonio de Villena) y el vaivén entre sensación física y atracción intelectual parecen tan propios de Miguel Ángel al crearlos como de Britten al elegirlos. Para Graham Johnson, el ciclo «se alinea con Myrthen, de Schumann, como una guirnalda de canciones para celebrar un matrimonio de inteligencias y corazones».
El texto, en su idioma original, lleva al compositor a modelos musicales italianos, especialmente a la tradición del "bel canto", que es aquí reinterpretada en términos del siglo XX. Britten alcanza así una desinhibición expresiva, con frases amplias, libres y emocionadas, que ya anticipa el camino de sus primeras óperas. La primera y la última canción enmarcan retórica y tonalmente el ciclo: la primera, en La mayor, arranca con una especie de fanfarria que impulsa y va a condicionar el sentido rítmico de toda ella; la última, en Re mayor, es un canto íntimo a la perfección y la inmortalidad del amor, que se inicia con la alternancia del piano y la voz en amplias frases y se desarrolla integrando progresivamente su discurso hasta terminar unidos. Entre una y otra, destacan las florituras melódicas de la voz en arpegio sobre sencillos acordes del piano en el Soneto XXX, la ardiente serenata del Soneto XXXVIII o el éxtasis emocional con que es presentado el Soneto XXXII por medio de una sencilla indeterminación tonal entre Mi mayor y Do sostenido menor.
La partitura está fechada en octubre de 1940, en Long Island, pero no fue estrenada hasta el regreso a Inglaterra, dos años más tarde, en la Wigmore Hall, con Britten al piano.
Les Illuminations, Op.18
Fue Verlaine quien publicó con el título de Iluminaciones un conjunto de textos escritos por Rimbaud entre 1873 y '74, y Auden quien condujo a Britten hasta la literatura de Rimbaud. Les Illuminations, sobre fragmentos de aquel retablo extraordinario deprosas poéticas es la obra más temprana de las incluidas en este recital: dos primeras canciones ("Marine" y "Being beauteous") fueron escritas en marzo de 1939, cuando Britten todavía vivía en Suffolk, y estrenadas ese verano en los Promenade Concerts londinenses; el resto sería ya compuesto en América, entre julio y octubre. A pesar de esta circunstancia, el ciclo se nos muestra como un conjunto muy coherentemente estructurado. La composición original es para soprano (aunque en la primera edición de la partitura ya incluirá también la posibilidad de un tenor) y orquesta de cuerda; fue estrenada por Sophie Wyss, su dedicataria, y la Orquesta de Boyd Neel en enero de 1940, en Londres, con Britten ausente.
En una carta a Wyss, con explicaciones y sugerencias sobre cómo interpretar la obra, reconoce el músico que «es difícil describir su carácter (...) pues cualquier cosa relacionada con Rimbaud tiene necesariamente que ser enigmática, pero en líneas generales la idea es esta: Les Illuminations, tal como yo la entiendo, son las visiones del cielo que le han sido concedidas al poeta, y espero que al compositor. No quiero, por supuesto, decir  -continúa-  que las visiones sean realmente del cielo sino más bien de los aspectos celestiales de los individuos (...); la pista de la obra (...) se encuentra en la última línea de Parade: "J'ai seul la clef de cette parade sauvage"»... Sólo yo tengo la clave de esta farsa salvaje. La frase se encuentra no solamente ahí, inmediatamente antes de la conclusiva y serena "Départ"; también, y en el mismo contexto armónico (una superposición de dos acordes mayores a distancia de tritono), en la "Fanfarre" que sirve de obertura y al final del "Interlude" orquestal, donde debe ser suavemente entonada pero, según pedía Britten, «dándole la mayor importancia posible», sin que pierda «su carácter heráldico».
En su conjunto, Les Illuminations es una observación alucinada de la realidad, todo envuelto en complejas ambigüedades entre el optimismo y la confusión, paradójicamente a través de imágenes firmemente dibujadas por Rimbaud y potenciadas musicalmente por el compositor. Britten, sin duda, se sintió hondamente atraído por la radical emoción, entre nostálgica y bárbara, de los textos y encontró la música adecuada para crear la atmósfera de cada uno de ellos.

      1. Benjamin Britten (1913-1976)
      1. Canticle I "My beloved is Mine" Op. 40, para tenor y piano
      2. Seven Sonnets of Michelangelo, Op. 22
      3. Les illuminations, Op. 18 (Poemas de Arthur Rimbaud)