(III) Wednesday Series DIMITRI SHOSTAKOVICH EN SU CENTENARIO

(III)

  1. The event took place on
Horacio Sánchez Anzola, piano

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TERCER CONCIERTO
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Seis piezas infantiles, Op. 69
    Tal como hiciera Schumann con el Álbum para la juventud, Bartok con Mikrokosmos o Prokofiev con Músicas de niños y  Kabalevski con Piezas infantiles, Shostakovich escribe entre 1944 y 1945 un cuaderno de pequeñas piezas destinadas a ser interpretadas por el pianista principiante, en este caso, su hija Galina, de nueve años de edad, quien lo tocó por vez primera en el invierno de 1945. Eran años de una frenética actividad creativa, tiempos finales de la guerra y periodo complejo en las reflexiones vitales y políticas del compositor. Durante estos años escribió nada menos que la banda sonora y la Suite del film Zoya , las Sinfonías números 9 y 10, el Trío número 2 para piano, violín y violoncello, el Segundo Cuarteto de Cuerda, la reducción de la Novena Sinfonía para piano a cuatro manos, entre otras obras, y aún tuvo tiempo y humor para componer estas siete deliciosas Piezas infantiles, donde juega con los modos mayores y menores, otorgándole a cada uno de ellos una atmósfera diferente a la habitual. Es decir, el modo mayor para expresar la tristeza, y el menor para la alegría. De esta manera, el principiante descubrirá que las tonalidades responden más a mecanismos internos que a estados anímicos naturales, y que la expresión de emociones y pensamientos está por encima de cualquier convención. Las piezas se intitulan Marcha, en Do mayor; Vals, en su relativo menor (La menor);  El oso (Re mayor); Historia alegre (Mi menor); Historia triste (Sol mayor); La muñeca mecánica (Si menor) y El cumpleaños (La mayor).

Tres Danzas Fantásticas, Op. 5

    Desde el comienzo de su carrera, Dmitri Shostakovich cultivaría el piano como un eje fundamental de su producción. Si en la obra de cámara - sobre todo en los cuartetos de cuerda- mostró el aspecto más enraizado y escondido de su personalidad, así como su más íntima visión del mundo, su catálogo pianístico encierra la quintaesencia formal de su música, la clave desde la que se entiende la estructura desnuda sobre la que se cimentaría todo un pensamiento musical de gigantescas dimensiones. No es posible introducirse en su bosque sinfónico sin atender el desnudo dibujo de su repertorio para piano. Su condición de pianista hizo que fuera este instrumento el que le desvelara sus innatas cualidades creativas como compositor. Así, en 1922, y a la edad de dieciséis años, escribe tres piezas que, en principio, iban a constituir la Op. 1, hasta que su posterior desarrollo y corrección, le otorgan el número 5 en el catálogo definitivo. Las Tres Danzas fantásticas, pese a ser unas piezas de inicio de carrera, muestran ya una apabullante originalidad en su escritura y, aunque aún no son definitorias del estilo del autor, sí que contienen en su interior un anticipo de su estilo característico. Aún resuena la arquitectura armónica del místico Scriabin, sobre todo, al final de la segunda pieza, y, aún no está presente en estos compases el trágico ritual desde el que el compositor va a interpretar la vida. Se trata de tres momentos delicados, minimalistas y epigramáticos, donde la sonoridad adquiere, sin embargo, una dimensión vibrante y envolvente, quizás producto de la ambigüedad de sus armonías que, sin embargo, otorga al conjunto un carácter audaz y delicado a la vez. La estructura airosa de Allegretto, Andantino y Allegretto responden a su vez a una marcha, un vals y una polca respectivamente, que nos sumergen en un espacio onírico de trazos sutiles y frescas ideas sonoras.


Sonata número 2, Op. 61

    No es casual que en este concierto se interprete la Segunda Sonata para piano, de Shostakovich, antes que la Primera, y es porque, tanto por su carácter, como por su estructura, aquella responde a un esquema mucho más tradicional y a una intención menos audaz y vanguardística que esta última. Diecisiete años las separan: una fue escrita en 1926, y la otra en 1943, año en el que el autor se trasladó con su familia a Moscú desde Kuybishev (ahora Samara), donde habían sido evacuados desde Leningrado al estallar la guerra. Eran fechas aún duras, en las que Shostakovich trataba todavía de reconciliarse con las autoridades, después de su primera acusación de 1936, y no estaba la cosa para bromas ni para experimentaciones estéticas. Sin embargo, ese año compuso la "extraña" Octava Sinfonía, que fue repudiada por el decreto Zhdánov y tendría que esperar hasta 1958 para ser estrenada. La Sonata en si menor establece una continuidad con la línea romántica de las formas sonatísticas europeas - Beethoven, Schubert, Bruckner, Chaikovski o Mahler-, prevaleciendo una tendencia a las resoluciones clásicas durante toda la obra, desde la adopción de la forma sonata en el primer movimiento, hasta las variaciones del tiempo final, pasando por la canción ternaria, los desarrollos temáticos o el rigor de su tonalidad. En el fondo, se trata de rendir un homenaje a su dedicatario, Leonid Nikolaiev, el que fuera profesor de piano del joven Shostakovich y al que este admiraba por la manera de enseñar la técnica de la interpretación pianística desde el punto de vista creativo.
    El Allegretto se abre con un primer tema expuesto por la mano izquierda,  acompañado por una serie de grupos arpegiados de corcheas en la mano derecha, que por medio de su marcado ritmo, crea un ambiente inquieto y decidido a la vez. Tema y acompañamiento se intercambian de manos, alcanzando cada vez un grado distinto de intensidad. El segundo tema es una especia de marcha sobre un ritmo insistente que juega con los tonos de Si bemol y Mi bemol mayor. Tanto su desarrollo como la reexposición se suceden en un tempo intrépido y obsesivo (negra: 144), otorgándole énfasis y vigor al discurso musical y, a su vez, cierto carácter humoresco. Sobre un ritmo de vals lento se desarrolla el Largo, que es quizás el movimiento más aventurado de la obra, quizás por el clima de aparente ambigüedad creado por sus sutiles armonías, que buscan apartadas disonancias para resolver en acordes perfectos. El motivo es arrastrante y doloroso, lírico y nostálgico, hasta resolverse en un episodio contrapuntístico que termina, de nuevo, con acordes arpegiados  que, como ecos lejanos, subrayan el misterioso pensamiento que aquí se sugiere. El Moderato final  se presenta en forma de variaciones encadenadas, cuyo tema se expone limpiamente en la mano derecha, casi de manera monódica, recordándonos el tratamiento que concede Bartok a los motivos folclorizantes, tanto por la manera de mezclar música popular e invención propia, como por sus cromatismos. Las variaciones van sucediéndose sin interrupción alguna, elevando cada una de ellas su nivel de desarrollo, hasta alcanzar la cúspide en una especie de adagio. Aparecen de nuevo ciertos elementos desnudos del tema principal, acompañado por inauditos acordes que demuestran una vez más la capacidad armónica de un autor para quien la invención de nuevos recursos sonoros respondía a la necesidad de mostrar un mundo paralelo, en el que su voluntad fluyera libremente bajo cualquier tipo de formulación. La Sonata se cierra equilibradamente con un recuerdo del motivo cíclico del primer movimiento.


24 Preludios para piano, Op. 34 (Selección)

    A finales de 1932 y principios del siguiente año, justo entre la ópera Lady Macbeth y el Concierto para piano, trompeta y cuerda, Shostakovich vuelve al piano para escribir una serie de preludios de corte tradicional, tras haber compuesto ya una obra tan renovadora como la Primera Sonata. Se trata de una vuelta a la tonalidad, siguiendo el círculo de quintas, alternando el modo mayor con el relativo menor -Do mayor, La menor, Sol mayor, Mi menor, Re mayor, Si menor, y así sucesivamente-, tal como lo hiciera Chopin con sus Preludios, a los que, en cierta manera, el autor ruso tiene presente a lo largo de todo el ciclo. Sin embargo, cada uno de los 24 Preludios, salvo el primero y el último, se mueve en espacios tonales no demasiado ortodoxos, resultando a veces complicada su definición. A pesar de la simplicidad de su factura, Shostakovich logra expresar en cada uno de ellos un intenso mundo interior, donde se funden e intercalan momentos llenos de lirismo, nostalgia y melancolía, con otros llenos de gracia y humor. Incluso en algunos, el autor se nutre de elementos paródicos para expresar los sentimientos con desenfado e ironía.  
    Para la confección de este programa se han escogido una serie de piezas que muestran la variedad expresiva de la serie, combinadas según criterio del intérprete, comenzando por el vals lento del Preludio nº 17 y terminando por el ritmo de tarantella del nº 9.


Danzas de las marionetas

    Conocidas generalmente como Danzas de los muñecos, esta obra fácil, delicada y sencilla, casi en la línea de las Danzas infantiles Op.  69, fueron arregladas por el autor en el año 1953 a partir de materiales procedentes de sus dos Suites de ballet. Como podemos observar a lo largo de este ciclo, la reducción pianística y la transcripción fueron dos actividades muy frecuentadas por el autor. A su hijo Maxim, nacido en 1938 le dedicó muchos de estos arreglos y piezas originales durante su etapa de aprendizaje como pianista. Las Danzas de los muñecos consta de siete piezas que forman un conjunto unitario, lleno de encanto, donde se aprecia, por encima de su ingenuidad, el estilo de un compositor ya en pleno proceso de madurez creativa. Como si fueran miniaturas perfectamente trabajadas, da la impresión de que las piezas han sido imaginadas originalmente pare esta pequeña serie. El primer Vals lírico proviene del Vals que abre  la Suite de ballet número 2,armada y arreglada por Lev Atovmiann en 1951; las cuatros siguientes -Gavotte, Romance y Polka y Pequeña bailarina- corresponden a la Suite de ballet número, de 1949. Las restantes piezas -Vals de la viola de rueda y Danza de vals-  proceden de otros fragmentos anteriores que Avtomian recopilara posteriormente en la Suite de ballet número 4.


Sonata nº 1, Op. 12
    Shostakovich poseía un gran conocimiento de la técnica pianística como intérprete cuando escribió la Primera Sonata en 1926. Como compositor ya había escrito los Preludios para piano Op.2, las Danzas fantásticas Op. 5 y la Suite para dos pianos Op. 6, amén de varias transcripciones y piezas sueltas, pero es en  la Sonata nº 1 donde adquiere un estilo definido por la personalidad de su escritura, caracterizado por un libre dominio de la formulación y de las posibilidades cromáticas del instrumento. De alguna manera, el autor abre y cierra en estas páginas un nuevo episodio que no tiene continuidad en las obras sucesivas, a pesar de constituir uno de los momentos más singulares de su producción. Concebida desde la herencia de sus contemporáneos mayores - Prokofiev, Mossolov y Roslavets-, incorpora por otra parte elementos procedentes del constructivismo y el futurismo, tan en boga en las vanguardias rusas de la época, lo que le otorga una firme impronta de modernidad, acusada también por ciertas influencias y recuerdos de Stravinski, Bartok o Hindemith, cuyas obras eran frecuentadas por los conjuntos e intérpretes del primer periodo soviético. Sin embargo, detrás de todas estas huellas sobresale el estilo de un autor comprometido con su tiempo, que utiliza un lenguaje avanzado y desconocido hasta entonces en las escuelas rusas, y pretende desarrollar todo el discurso musical con el mínimo de elementos posibles. En quince minutos aproximados, se configuran los cinco episodios encadenados en una sola pieza sin interrupción (Allegro, Meno mosso, Adagio, Allegro, Lento y Allegro). Todo sucede telegráficamente, como una  "pequeña forma", tan característica de los compositores europeos de la década de 1920. Ritmos percutidos, planos superpuestos o armonías oscilantes entre el atonalismo y cierta politonalidad hicieron apostar a muchos críticos del momento por una dirección en la obra de Shostakovich que pronto tomó diferentes derroteros.
    El inicio de la Tercera Sonata de Prokofiev  le sirve a Shostakovich para comenzar el primer episodio, en una especie de homenaje a quien fuera uno de sus músicos más admirados. Se trata de un vigoroso tema cromático, flanqueado por una serie de acordes percutidos que derivan en una escala descendente de glissandos, para dar paso ahora a un nuevo tema expuesto en el registro grave del piano (Meno mosso). Se trata de una melodía sencilla sobre un ritmo de marcha un tanto grotesca, acompañada una persistente sucesión de staccatos. El Adagio es un despliegue del primer tema, y el Allegro desarrolla a su manera el motivo secundario del primer apartado, apoyado en una serie de octavas en la mano izquierda. Este episodio se subdivide a su vez en varias etapas, en las que ocurren diferentes situaciones sonoras aparentemente independientes, encargadas de crear un gran efecto acústico. El Lento se fundamenta también en tres ideas distintas: una parte ornamentada que sirve prácticamente de material introductorio, un tema central - que es la transformación del motivo del Meno mosso- y un acompañamiento que se intercala con la línea temática. El Allegro final arranca como una especie de toccata de ritmo trepidante, mostrándonos la energía y la vitalidad de un joven compositor dueño ya de una soberbia técnica y una escritura de auténtica madurez. La obra fue estrenada por el propio autor el 12 de diciembre de 1926, en el marco de un ciclo organizado por la Asociación de Música Contemporánea.    

      1. Dmitri Shostakovich (1906-1975)
      1. Seis piezas infantiles Op. 69
      2. Tres danzas fantásticas, Op. 5
      3. Sonata nº 2 en Si menor, Op. 61
      4. 24 Preludios para piano, Op. 34: Nº 16, 17, 11, 2, 8, 7, 5, 10, 12, 14, 24 y 9
      5. Danzas para marionetas
      6. Sonata nº 1, Op. 12

  1. Horacio Sánchez Anzola

    Nace en Madrid, donde recibe las primeras clases de piano a cargo de su madre, Lucía Anzola. Luego estudia con Esther Calvo y Almudena Soriano en Madrid y más tarde, en Chicago con Mary Veverka. Cursa el Grado Medio de Piano en el Conservatorio Profesional de Guadalajara con el maestro Pedro Espinosa, obteniendo las máximas calificaciones y sendos Premios de Honor en Piano y Música de Cámara. Asimismo, finaliza con el Premio de Honor los estudios superiores de piano en el Conservatorio "Pablo Sarasate" de Pamplona, en la clase de Fermín Bernetxea. En 1999 obtuvo la beca que otorga la Fundación Alvargonzález de Gijón para estudios de perfeccionamiento musical. Ha ofrecido conciertos y recitales por diversos puntos de la geografía española, en instituciones como el Auditorio Enric Granados de Lérida, la Fundación Juan March y la Universidad Carlos III de Madrid, o el Teatro Gayarre de Pamplona, donde actúa con la Orquesta Pablo Sarasate bajo la batuta de Ernest Martínez Izquierdo. Asimismo ha realizado grabaciones para Radio Nacional de España y desde 1996 es asesor y redactor del área de música para la enciclopedia "Encarta" de Microsoft Corp.

    Dentro del ámbito docente, ha colaborado con el Centro Integrado del Conservatorio "Antonio Soler" de El Escorial y ha impartido clases en el Conservatorio Profesional de Alcalá de Henares. Desde el año 2000, es profesor de piano por oposición y durante cinco años ha desempeñado su trabajo en el Conservatorio Profesional "Jesús de Monasterio" de Santander. Actualmente tiene su plaza en el Conservatorio Profesional "Ángel Arias Maceín" de Madrid.