(y III) Wednesday Series Romantic sonatas for violin & piano

(y III)

  1. The event took place on
Víctor Martín, violin. Agustín Serrano, piano

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TERCER CONCIERTO
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Robert Schumann: Sonata para violín y piano número 1, en La menor, opus 105
Schumann aborda el género de la sonata para violín y piano al final de su carrera. Las dos sonatas escritas en 1851, son, junto con la Märchenerzählungen, opus 132 (Cuentos de hadas) de 1853, sus últimas composiciones significativas a la música de cámara. En esta tardía inclinación por el violín debió influir la estrecha relación que el compositor mantuvo en esa etapa última de su vida con violinistas tan ilustres como Ferdinand David (al que dedicó la segunda sonata), Joseph Joachim, o Joseph von Wasielewski y Joseph Hellmesberber, quienes, acompañados por el piano de Clara Wieck, estrenaron las versiones definitivas de sus dos sonatas.
Cuando entre el 12 y el 16 de septiembre de 1851 Schumann aborda y completa -¡en sólo cuatro días!- su primera sonata para violín cuenta tras de sí una ingente producción musical, hecho que perfila el alto grado de exigencia de la nueva partitura, de la que, sin embargo, nunca disimuló su insatisfacción, hasta el punto de llegar a confesar que "abordaba la segunda sonata con la esperanza de que saliera mejor que ésta". La sonata fue editada por Hofmeister, en enero de 1852, en Leipzig, y estrenada el 21 de marzo de ese mismo año y ciudad por Ferdinand David y Clara Schumann. Sin embargo, la obra había sido ya tocada en una audición privada en Düsseldorf, el 16 de octubre de 1851, por Joseph von Wasielewski y Clara.
La sonata está organizada en tres movimientos, el segundo de los cuales fusiona el carácter de un movimiento lento con un scherzo de carácter danzable. El tiempo inicial, Mit leidenschaftlichem Ausdruck (Con apasionada expresión), es un Allegro en compás de 6/8 en el que Schumann opone y juega con la diversidad tonal y modal que brinda el sucesivo uso de las tonalidades de La menor (tónica) y Fa mayor. El tema principal es introducido por el violín. Se trata de un diseño sincopado, cuya apariencia sombría -pronunciada por la tendencia schumanniana a utilizar el registro grave del violín- contrasta con su diáfana inclinación lírica. El segundo tema surge en su totalidad sobre ideas derivadas de él. El contrapuntístico y melodioso desarrollo alberga interesantes episodios en forma de canon.
Para la denominación del segundo movimiento Schumann utiliza por única vez en sus sonatas para violín un término italiano. Se trata de un sencillo Allegretto en Fa mayor y compás de 2/4. Un inocente rondó sin más pretensión que la de servir de puente con el animado (Lebhaft) movimiento final, en La menor y 2/4. Se inicia con un original aire de tocata en el que ambos instrumentos se lanzan en semicorcheas a una suerte de vistoso movimiento perpetuo de gran efecto. El desarrollo propicia la irrupción de un nuevo motivo, en Mi mayor y de acusado carácter melódico. La furtiva reaparición de las veloces y dramáticas semicorcheas iniciales será base de la refulgente coda final.

Felix Mendelssohn-Bartholdy: Sonata para violín y piano, en Fa mayor
Han hecho bien Víctor Martín y Agustín Serrano en no excluir esta descatalogada sonatita del niño Felix Mendelssohn-Bartholdy en la serie antológica de sonatas románticas para violín y piano que ofrecen en la Fundación Juan March. La obra, compuesta en 1820, con once años, revela ya el genio  natural del creador de El sueño de una noche de verano. Corresponde a la época berlinesa en la que estudiaba  armonía y composición con Karl Friedrich Zelter y es rigurosamente contemporánea de la cantata Ich F. Mendelsshon (fechada el 13 de enero de 1820) y de otras páginas menores, como el Recitativo para piano, cuyo manuscrito aparece firmado el 7 de marzo de 1820.

Johannes Brahms: Sonata para piano y violín número 3, en Re menor, opus 108
La tercera y última sonata para piano y violín de Brahms constituye una de las piedras angulares del repertorio violinístico. Fue esbozada en el verano de 1886, aunque su conclusión se demoró hasta el verano de 1888, durante una nueva estancia vacacional en el lago suizo de Thun. El compositor contaba 55 años cuando escribe esta obra maestra, que dedica a su amigo Hans von Bülow. Sin embargo, el artífice del estreno sería el violinista húngaro Jen Hubay, que la tocó por primera vez, con Brahms al piano, el 22 de diciembre de 1888, en Budapest. Unos meses después, el 13 de febrero de 1889, Joachim y Brahms dieron a conocer la nueva sonata en Viena.
Pero antes, como era su costumbre, el compositor envió el manuscrito a Clara Schumann, pidiéndole su parecer e incluyendo una nota reveladora de su inseguridad."Si no te gusta cuando la toques", le escribe Brahms, "no te molestes en hacérsela escuchar a Joachim".  La respuesta satisfecha de la viuda del creador de la Sinfonía Renana no se demoró: "Una vez más me has ofrecido un regalo maravilloso. El tercer movimiento me gusta más que ningún otro".
A diferencia de las dos reposadas sonatas precedentes, el carácter apasionado y una vehemente intensidad expresiva presiden esta nueva obra para violín y piano, vertebrada sobre cuatro movimientos, servidos, como señala Arturo Reverter, "por una escritura de mayor entidad violinística, de carácter casi sinfónico, que se mueve en todos los registros". Otra diferencia significativa con las dos sonatas precedentes es la de que Brahms renuncia casi por completo a establecer relaciones motívicas entres los diversos movimientos, cada uno de los cuales aparece así, desde este punto de vista, autonomizado de los otros tres restantes.
De otra parte, el carácter enardecido y brillante de sus tiempos extremos contrasta con el clima ensoñador del segundo movimiento y la ligereza rítmica del tercero. Esta fisonomía de contrastes ha sido una de las razones que ha inducido a autores como Paul Landormy a minusvalorar la obra y considerarla como una composición "externa, menos sincera que las sonatas anteriores, en la que no aparece como en aquellas el corazón del autor". Pero el público y los intérpretes tienen siempre la última palabra, y han consolidado la obra como una de las composiciones más frecuentadas en las salas de concierto y en los catálogos discográficos.
El primer movimiento, un Allegro alla breve en tiempo binario y tonalidad de Re menor, se inicia con una larga frase del violín en la que queda ya claramente definido el carácter inquieto y exaltado de todo el fragmento. El segundo tema, de naturaleza más melódica, es introducido por el piano. Tras esta ancha introducción de 83 compases en la que quedan establecidos los dos temas que darán pie a un singular desarrollo en forma de sonata bitemática, pero que elude estos dos temas iniciales para desplegar y sustentarse en numerosos temas secundarios que en ningún momento llegarán a consolidarse. Como contraste a la agitada idiosincrasia, Brahms cierra el movimiento con una calma y estática coda de 45 compases que se extingue a través de un largo diminuendo sobre una nota tenida del violín.
"Una de las más efusivas ensoñaciones surgidas de la pluma y del corazón de Brahms". Así define José Bruyr el segundo movimiento, un bellísimo Adagio en Re mayor y compás de 3/8, basado en una expresiva melodía cantada con sencillez por el violín bajo el acompañamiento cómplice del piano. Un segundo motivo, más ornamentado y enunciado por el violín sobre espaciosos arpegios del teclado, y una sucinta coda en la que reaparece el tema inicial completan el fragmento, cuya maravillosa simplicidad es su mejor atributo. Más breve aún -apenas tres minutos- es el agitado movimiento siguiente, prescrito Un poco presto e con sentimento y cuya incisiva escritura modula a la tonalidad de Fa sostenido menor a través de un sincopado ritmo de 3/8 próximo al scherzo. Se compone de tres partes de diferenciadas fisonomías. La primera es bulliciosa y fantástica, y se prolonga durante 17 compases; la segunda es más relajada y melódica, mientras que la última, corta y fulgurante, retoma el bullicioso ambiente del inicio.
El poderoso influjo beethoveniano subyace en la tensión métrica de todo el último movimiento, un tumultuoso Presto agitato en Re menor y compás de 6/8. La forma sonata enmarca las líneas de este imponente final, cuyos arrolladores pentagramas agrupan 337 compases en los que se produce un fascinante dialogo entre ambos instrumentos. Consta de tres motivos temáticos bien diferenciados. El primero es fogoso y extravertido, y preludia la segunda sección, cuyo carácter coral queda resaltado por solemnes y graves acordes del piano. El tercer motivo se caracteriza por su brevedad y, sobre todo, por la vocación imitativa que lo inspira. Brahms construye con estos diseños un conciso desarrollo -apenas 60 compases- que desemboca en una coda exultante que recupera el talante enérgico y espontáneo que preside toda la sonata.

      1. Robert Schumann (1810-1856)
      1. Sonata nº 1 en La menor, Op. 105
      1. Felix Mendelssohn (1809-1847)
      1. Sonata en Fa mayor (1820)
      1. Johannes Brahms (1833-1897)
      1. Sonata para violín y piano nº 3 en Re menor, Op. 108