La canción rusa en el siglo XX Wednesday Series The voice in the twentieth century

La canción rusa en el siglo XX

  1. The event took place on
Glafira Prolat, soprano. Laurence Verna, piano

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NOTAS AL PROGRAMA
TERCER CONCIERTO
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Nos adentramos en los dominios, de límites un tanto difusos para nosotros, de la canción rusa de este siglo. Los tres autores que integran el concierto pertenecen a dos generaciones distintas. Prokofiev, nacido en el siglo pasado,  vivió todavía la época zarista y tuvo tiempo aún de aspirar un poco de romanticismo, una tendencia que poco tuvo que ver con él, ni siquiera -al menos en buena medida- en su primera etapa como compositor, de donde provienen las piezas que hoy escuchamos. No se había producido en su estilo ese rompimiento soberano que, cargado de un sarcasmo casi violento y de un humor ácido, de tesituras extremas, de disonancias y de agresividad singularizan su estilo más característico y que se iría concretando después de 1920. Luego, tras su regreso a Rusia, a pesar de inclinarse ante las exigencias estéticas de las autoridades soviéticas y llegar a escribir música auténticamente propagandística, seguiría manteniendo por lo común esa energía tonificante y ese espíritu que le había hecho coincidir en determinados postulados con Stravinski. Minkov, de 1944, y Slonimski, de 1932, son autores mucho más modernos, que viven y han vivido dentro de un régimen en el que la vanguardia era mirada con desconfianza, lo que provocaba la posibilidad de que las músicas que se apartaran del catón cifrado por las instituciones -como la Asociación Nacional de Compositores- fueran abiertamente censuradas e incluso prohibidas. Shostakovich y Prokofiev susfrieron en sus carnes este estado de cosas. También estos otros dos creadores, en cualquier caso de espíritu menos progresista y guerrero, que se han amoldado bien a la situación; con lo que su música tiene un relativo interés; más allá de que no quepa discutir su buen hacer y la excelente factura de algunas de sus composiciones; como las canciones que hoy escuchamos.
    Mark Minkov, del que sabemos realmente muy poco y del que no se ocupa ningún libro ni enciclopedia de los consultados, estudió en el Conservatorio de Moscú con Khatchaturian. Siguiendo el ejemplo de su maestro, ha dedicado buena parte de su actividad -la mayoría en este caso- al cine: ha compuesto la banda sonora de 120 filmes; lo que ya es componer teniendo en cuenta que no es un hombre precisamente viejo. Especializado en la música vocal, ha escrito multitud de canciones, muchas de ellas destinadas a los cantautores de su país, y, por supuesto, gran cantidad de piezas de un lirismo más elaborado y profundo, como las que hoy se ofrecen, que son buena muestra de su escritura más bien sencilla, tonal, conservadora, pero bella, efectiva, bien orientada para la voz y adecuadamente organizada, con un piano poco trabajado y en todo caso estupendamente acoplado a la línea pincipal. Entre sus decenas y decenas de canciones pueden destacarse justamente las que hoy canta Glafira Prolat, publicadas en 1973 en Moscú. Seis piezas que integran un ciclo sobre poemas de García Lorca, poeta muy admirado en Rusia desde siempre. El trabajo de Minkov se encuadra por tanto en la línea tradicional de su país tan amante de España y que inauguró en la música Mikhail Glinka. No hay prácticamente elementos localistas de carácter español a no ser la utilización en el teclado de ciertos giros o acordes imitativos de la guitarra, sobre todo en la primera canción de la serie. Llanto de la guitarra -también podría decirse La guitarra que llora o La guitarra que grita- no es desde luego un título muy definitorio y sí facilón, sobre todo porque el contenido de los poemas elegidos, excepto el primero, que hace referencia directa al instrumento, y en cierto modo el cuarto, no va precisamente por ese camino. La traducción al ruso se debe a Martina Tsvetaïeva.
    Hay algunas cosas de interés en estas páginas, algunas de las cuales Glafira Prolat canta un tono o medio tono más alto, ya que están escritas en tesitura bastante central, que hace pensar en una voz de mezzosoprano antes que de soprano. La primera, Guitarra, que plantea un acompañamiento justamente muy guitarrístico, es de trazado límpido. Hay numerosas indicaciones de tempo dentro del compás de 4/4. Adecuado el tratamiento aplicado a los últimos versos, con trémolos y arpegios y exclamaciones subrayadas con la anotación rubatissimo. Apreciamos un claro figuralismo en la escritura pianística de Dejadme llorar este campo (¡Ay! es el título original del poema lorquiano), que se extiende por racimos vertiginosos (Allegro molto) de semicorcheas en alusión instrumental a ese viento en el que el grito deja una sombra de ciprés. A resaltar el pasaje meno mosso, con cambio de compás, de 6/8 a 3/4, en el que la voz se eleva a la zona aguda -varios fas seguidos- exclamando ¡Dejadme en este campo llorando!. Lo que se repite al cierre.
    Parece hasta lógico que en la Baladilla de los tres ríos, planteada en claro mi mayor y 6/8, Minkov elija una escritura aún más sencilla y económica, inaugurada con la anotación semplice y que alcanza sus puntos culminantes, tras modulaciones bien vistas, todas las veces en las que la voz exclama ¡Ay, amor!, siguiendo un diseño descendente. Especialmente significactiva es la penúltima, en la que la cantante ha de encaramarse a un la agudo y en donde se produce un cambio de 5/8 al compás base de 6/8.
    Hay una singular insistencia en La danza y la muerte (el título de Lorca es Adivinanza de la guitarra) sobre la expresión En la redonda encrucijada, que actúa, con su sucesión de corcheas y negra, a modo de ostinato con un piano que brinda asimismo parentesco con la guitarra. La canción nº 5, Paisaje, es muy sobria y presenta un indudable atractivo melódico, con un acompañamiento conciso y puntual y algún que otro rasgo descriptivo, como ese descenso a la zona grave del piano para remarcar al cierre ese movimiento de las colas de los pájaros en lo sombrío. Los acordes inmutables, cruzados en ocasiones de un sobrio contracanto, subrayan bien la severidad de la línea vocal, dada en valores rítmicos cambiantes. Es curioso el parecido que la melodía base, que al final retoma el teclado, mantiene con el comienzo del Adagio de Albinoni.
   Baile, título original de Carmen (¡qué cambio más facilón!), es, como cabía esperar, una canción muy marchosa y animada, bailable, expresada en un constante sempre marcato. Una página brillante y colorista.
    No se distinguió precisamente Sergei Prokofiev por ser un consumado y fértil autor de canciones. Pero no puede negarse que algunas de sus creaciones en este campo poseen un valor poético de primer orden. El renuncia, sorprendentemente, como antes hemos adelantado, a sus típicas sonoridades agresivas y cáusticas y encuentra un refinamiento y una transparencia insesperados. Sin duda sus opus más interesantes al respecto son los números 23, 27 y 36. Aunque habría que colocar, bien que en una dimensión bastante más original por su estructura y longitud, su op. 18, El patito feo, una larga canción compuesta en 1914 sobre el cuento de Andersen.
    Los Cinco poemas op. 23 fueron escritos por Prokofiev en el verano de 1915 y constituyen un conjunto más bien heteróclito a causa de la yuxtaposición de estéticas muy diferentes. En efecto, cada pieza sirve a un poeta distinto: Valentín Gorianski (Bajo el tejado), Zinaida Gippius (El vestidito gris), Boris Verin (Créeme), Nicolai Agnitsev (El mago) y Konstantin Balmont (En mi jardín). De ellos solamente Gippius y Balmont eran más o menos famosos y se inscribían dentro de simbolismo ruso; Gorianski y Agnitsev cultivaban sobre todo lo popular y Verin era un diletante. Es sorprendente la dimensión social de la canción nº 2, El vestidito gris, cuya música se aplica muy adecuadamente al mensaje del poema, ajeno sin duda a la estética imperante por entonces en Rusia. Pero, como apunta Harlow Robinson, no es raro que el ambiente deprimente de los tiempos de guerra y la retórica socialista, cada vez más presente, contribuyeran a la creación de poemas como éste y de pentagramas como los de Prokofiev, que delinea una canción en estilo declamatorio con empleo del recitativo dramático tipo Dargomiski o Musorgski. Realmente puedes desconcertar, como reconoce André Lischke, que el compositor se zambulla a fondo en un tema como el de una niña ciega, que dedica su existencia a los maleficios y se considera hija de la Muerte. Pero la mano firme del músico refleja bien este espíritu mitad satánico, mitad realista a través de determinado número de efectos sonoros realizados desde un piano fantasioso que subraya una línea de la voz alejada de las típicas construcciones melódicas. Mucho más lírica y también más convencional  e incluso romántica es Créeme, que nos habla delicadamente de las flores y de imágenes lejanas y encantadoras. Muy apropiados son el tempo prescrito, Andante magico, y las indicaciones expresivas: dolcissimo, sempre legatissimo. Una pieza revestida de una sonoridad irreal para reflejar un mundo ideal.
    Le vino bien a Prokofiev escribir al año siguiente, cuando hacía poco que había terminado la ópera El jugador y la Suite escita (Alla Lolli), cambiar de registro y entregarse de nuevo a la composición de canciones: Cinco poemas de Anna Akaaahmatova op. 27, que se escuchan en su totalidad en esta velada. En contraste con la atmósfera satírica de la ópera citada estas piezas son hasta románticas; y fueron completadas en cinco o seis días. Akhmatova era uno de los más conspicuos miembros del llamado ultimatismo que defendía la economía de medios, la claridad, la brevedad, la contención, el regreso a los temas pequeños, la huida de los hinchados presupuestos postrománticos y también de las imágenes simbolistas. Un alejamiento, en definitiva, bien entendido por el músico, del sentimentalismo.
    En el ciclo de poemas de Akhnatova, redactados dentre 1910 y 1913, hay temas recurrentes: el sol, la luz, el día, la noche, el otoño, el invierno. Prokofiev eligió cinco de los más breves, casi miniaturas, que le impulsaron a componer otras tantas bellas y concisas canciones, las más conocidas de su corto catálogo en este campo. El acompañamiento es transparente y discreto, un poco a la manera de un haiku japonés, diáfano, con predominio de lo diatónico y con frecuentes efectos ostinato. Robinson destaca que no se utiliza armadura de clave con el fin de reaccionar armónicamnte a los rápidos cambios de humor impuestos por el texto. Se sigue el fraseo y la prosodia de los versos con fidelidad de acuerdo con la línea de recitativo declamado de Dargomiski-Musorgski. Las modificaciones de la métrica de los poemas es respetada cuidadosamente. Esta sencillez a veces espartana promueve, sin embargo, una calidez y una emotividad muy especiales.
   El sol iluminó la habitación es un Allegro giocoso en 2/2 lleno de serenidad y buen humor. Un expresivo ritardando subraya la frase final, que hace referencia al sueño. Auténtica ternura es un Andantino en 4/4, con un estratégico trino en el piano junto a la frase que concluye con la expresión de nuestro primer amor y un poco più mosso y una anotación ff, con la voz en el agudo, para indicar el valor de la mirada directa y hambrienta. Pasamos a un Andante en Recordando el sol, que desarrolla, mediante una medida figuración pianística, en valores iguales y limpios, la nostalgia que emana del poema. Otro Andante es Buenos días en 3/2, que tiene un piano muy imaginativo, difícil de exponer con la cristalinidad requerida. Hay en la escritura instantes que recogen la inquietud que refleja el texto, muy resaltada en los últimos compases Allegretto, en los que la voz, en pp, realiza un canto plano y grave (... se estanca el agua sucia). Por fin, El rey de los ojos grises es una a modo de balada, un Adagio con una escritura pianística rica en acciacaturas y una minuciosidad ejemplar. Prokofiev anota lugubre en los compases finales.
    El concierto se va a cerrar con cuatro canciones de Sergei Mikhailovich Slonimski, poco conocido por estos pagos, esa es la verdad, sobrino del algo más famoso Nicolai Slonimski, emigrado en 1920 a Estados Unidos, donde hizo carrera como pianista, director y musicólogo. El músico que hoy nos interesa, que nació en Leningrado, se ha dedicado durante casi toda su vida a la docencia, a la investigación folklórica y, por supuesto, a la composición, en la que emerge con rango de conocedor, de magnífico constructor, dotado de un lenguaje en ciertos aspectos derivado de las pulsiones stravinskianas y también de las estructuras de Prokofiev, a quien ha dedicado varios estudios. A medida que ha ido pasando el tiempo se ha ido refugiando en una cómoda rutina. Muy metido en el mundo de la ópera, dentro del que ha compuesto dos títulos significativos, como Virinea y Maria Stuarda (1978), llegó a ser director del Teatro Kirov. En el campo de la canción su actividad es parca: apenas cinco o seis ciclos. Dos de ellos están compuestos sobre poemas de Osip Mandelshtam. Escuchamos tres canciones extraídas del segundo, de 1990 -el primero es de 1974-, las números 1, 3 y 5.
    Son piezas cortas, concisas, claras y bien cinceladas, espaciadas yaireadas, que expresan hasta con mimo las sensaciones y sentimientos que describen las poemas de Mandelshtam. El primero, Fruto de un sonido tímido y sordo, una miniatura, está servido a través de un Andante diáfano, todo él en pianísimo. La canción nº 3, De lado, ¡ay!, tristeza... está marcada Andantino en el que la voz, sobre un ritmo ternario, expone un canto medido bella y limpiamente adornado por el piano. Al final la soprano ha de recitar la frase final: Nunca quedó Raquel. Buen tratamiento para un poema más bien surreal. La nº 5, ... En la luna no crece ni una brizna..., un Allegretto en 2/2, muestra una línea vocal tendida enmarcada por un teclado edificado sobre acordes largos y mantenidos. Es igualmente una pieza en extremo delicada.
    Como cierre definitivo, una canción sobre texto de nuestra antigua conocida Anna Akhnatova, Lúpulo asfixiante. Es una página más larga y densa que las anteriores, escrita entre 1969 y 1974, un Allegro ben ritmato en 4/4 sin armadura de clave.

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TEXTOS DE LAS OBRAS CANTADAS
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M. MINKOV
Plach guitary (Llanto de guitarra) sobre textos de F. García Lorca

Guitarra
Empieza el llanto
de la guitarra.
Se rompen las copas
de la madrugada.
Empieza el llanto
de la guitarra.
Es inútil
Callarla.
Es imposible
callarla.
Llora monótona
como llora el agua,
como llora el viento
sobre la nevada...
Es imposible
callarla.
Llora por cosas
lejanas.
Arena del Sur caliente
que pide camelias blancas.
Llora flecha sin blanco,
la tarde sin mañana,
y el primer pájaro muerto
sobre la rama.
¡Oh guitarra!
Corazón malherido
por cinco espadas.


Dejadme llorar este campo (Título original "Ay")
El grito deja en el viento
una sombra de ciprés.
   (Dejadme en este campo
    llorando)
Todo se ha roto en el mundo
no queda más que el silencio.
   (Dejadme en este campo
    llorando)
El horizonte sin luz
está mordido de hogueras.
   (Ya os he dicho que me dejeis
    en este campo
    llorando.)


Baladilla de los tres ríos
    El río Guadalquivir
va entre naranjos y olivos.
Los dos ríos de Granada
bajan de la nieve al trigo.
¡Ay, amor
que se fue y no vino!
    El río Guadalquivir
tiene las barbas granates.
Los dos ríos de Granada
uno llanto y otro sangre.
¡Ay, amor
que se fue por el aire!
    Para los barcos de vela,
Sevilla tiene un camino;
Por el agua de Granada
sólo reman los suspiros.
¡Ay, amor
que se fue y no vino!
    Guadalquivir, alta torre
y viento en los naranjales.
Dauro y Genil, torrecillas
muertas sobre los estanques.
¡Ay, amor
que se fue por el aire!
   ¡Quién dirá que el agua lleva
un fuego fatuo de gritos!
¡Ay, amor
que se fue y no vino!
    Lleva azahar, lleva olivas,
Andalucía, a tus mares.
¡Ay, amor
que se fue por el aire!


Danza y muerte (Título original "Adivinanza de la guitarra")
    En la redonda encrucijada,
seis doncellas bailan,
tres de carne y tres de plata.
    Los sueños de ayer las buscan,
pero las tiene abrazadas
un Polifemo de oro.
¡La guitarra!


Paisaje
El campo
de olivos
se abre y se cierra
como un abanico.
Sobre el olivar
hay un cielo hundido
y una lluvia oscura
de luceros frios.
Tiembla junco y penumbra
a la orilla del río.
Se riza el aire gris.
Los olivos,
están cargados
de gritos.
Una bandada
de pájaros cautivos,
que mueven sus larguísimas
colas en los sombrío.


Carmen (Título original "Baile")
    La Carmen está bailando
por las calles de Sevilla.
Tiene blancos los cabellos
y brillantes las pupilas.
¡Niñas, corred las cortinas!
    En su cabeza se enrosca
una serpiente amarilla,
y va soñando en el baile
con galanes de otros días.
¡Niñas, corred las cortinas!
    Las calles están desiertas
y en los fondos se adivinan,
corazones andaluces
buscando viejas espinas.
¡Niñas, corred las cortinas!

S. PROKOFIEV
Cinco poemas de Anna Akhmatova (Traducción: Farid Fasla Fernández)

Solntse komnatu napolnilo
"El sol iluminó la habitación"
    El sol iluminó la habitación
polvo amarillo y rayado.
Yo desperté y recordé:
querido, hoy es tu día.
Por ello desde mi ventana
la lejana nevada es templada,
por ello yo, insomne,
como parte de todo ello
he dormido.


Nastoyasheyu nejhnost
"Auténtica ternura"
    La auténtica ternura
no la confundes con nada,
y es silenciosa.
En vano me envuelves cuidadosamente
los hombros y el pecho con pieles
y en vano me dices palabras subyugantes
de nuestro primer amor.
¡Cómo conozco esas miradas tuyas,
directas y hambrientas!


Pamiat o solntse
"Recordando el sol"
    Recordando el sol
el corazón se debilita,
amarillea la hierba.
El viento sopla los copos mañaneros
poco a poco, poco a poco.
El sauce en el vacio cielo
extendió un disimulado abanico.
Quizá, mejor,
que no me haya convertido
en su esposa.
    Recordando el sol
el corazón se debilita.
¿Qué es esto? ¿Oscuridad?
¡Puede ser!
Una noche es suficiente
para que llegue el invierno.


Zdrastvuy
"¡Buenos días!"
   ¡Buenos días!
¿Oyes un suave zumbido
a la derecha de la mesa?
No llegarás a escribir estas líneas
-yo he venido a tí.
No es posible que me ofendas
así, como la última vez:
dices que no ves las manos,
mis manos y ojos.
Para tí es claro y sencillo.
No me arrojes allí,
donde bajo la sofocante
bóveda del puente
se estanca el agua sucia.


Seroglazy korol
"El rey de los ojos grises"
    Bendito seas ¡desolado dolor!
Murió ayer el rey de los ojos grises.
El atardecer de otoño fue sofocante y púrpura.
Mi esposo al volver, tranquilamente dijo:
"Sabes, lo trajeron de la cacería,
el cuerpo lo encontraron donde el viejo alcornoque.
Qué pena por la reina. ¡El era tan joven!
En una noche ella encaneció."
Buscó su pipa en la chimenea
y se fue a su trabajo nocturno.
Ahora despertaré a mi hijita,
miraré en sus ojos grises.
Por la ventana susurran los álamos:
"No está sobre la tierra tu rey..."


Dos canciones del Op. 23

Seroe platitse (E. Gippius)
"El vestidito gris"
    Niñita con el vestidito gris...
Trenzas como de algodón.
-Niña, niñita, ¿De quién eres?
-De mamá...
o de nadie.
¿Quieres que sea tuya?
-Crees niña
¿en las caricias?
Cariño,
¿Dónde están tus ojos?
-He aquí mis ojos.
Vacios.
Mi mamita tiene
exactamente los mismos.
Niñita con el vestidito gris...
-¿A qué juegas?
¿Qué me ocultas?
-No es tiempo de jugar
¡Qué dices!
Mucho trabajo por hacer.
Que si muerdo el hilo del collar,
que si arranco el primer brote,
recorto páginas de los libros,
rompo las alas de los pajaritos...
Niñita con el vestidito gris...
Niñita de los ojos vacios,
dime, ¿cómo te llamas?
A mi manera me llaman
de muchas formas:
quieres así o asá.
Alguno me llama Separación,
otros Mentira,
incluso me llaman Duda,
o Angustia,
me llaman Aburrimiento,
otros Sufrimiento.
Y mamá Muerte -Me distancio-
Niñita con el vestidito gris...


Doversia mne (B. Verin)
"Créeme"
    Créeme,
te llevaré por el sendero del bosque
al templo
de la belleza mágica,
donde tiemblan en los juncos,
salpicadas de rocío,
tus nunca vistas
y raras flores.
Ante el altar
misterioso de Dios,
inmóviles,
como en el olvido,
en el olvido florecen,
en el silencio del palacio,
caen los pétalos,
en la losa de mármol.

S. SLONIMSKY
Tres canciones sobre poesías de O. Mandelshtam

Zvuk ostorojhny i glujoi
"Fruto de un sonido tímido y sordo"
    Fruto de un sonido tímido y sordo,
arrancado del árbol,
en medio de un incesante canto,
en el profundo silencio
del bosque...


Vpoloborota, o pechal
"De lado ¡ay! tristeza"
    De lado
¡ay! tristeza,
miré a las gentes
indiferentes.
Caído por el hombro
quedó petrificado
el pseudoclásico
chal.
    Lúgubremente
la voz
-amarga hierba-
arranca los herrajes
de las entrañas de la tierra:
así como Fedra
-llena de indignación-
nunca quedó
Raquel.


Na lune ne rastet...
"En la luna no crece ni una brizna...
    En la luna no crece
ni una brizna,
en la luna
toda la gente
hace cestas
-de paja,
tejen cestitas ligeras.
    En la luna
-semioscuridad-
y las casas acogedoras,
en la luna
no hay casas,
simplemente palomeras,
casas azules
-milagro-
palomeras.


Duchny jmel (A. Akhmatova)
"Lúpulo asfixiante"
    Mi esposo me latigó
con los arabescos,
de un cinturón
doblado en dos.
    Por tí estoy sentada
en la ventana de doble hoja,
toda la noche con fuego.
Amanece.
    Y sobre la herrería
se eleva
un ligero humo.
    Ah, conmigo triste prisionera,
tú de nuevo
no pudiste estar.
    Para ti ensombrezco mi suerte,
he aceptado las desgracias
del destino.
    O te gusta la rubia
o la dulce pelirroja.
¡Cómo ocultaros
ruidosos gemidos!
    En el corazón,
oscuro lúpulo asfixiante,
y los rayos caen finos
sobre las sábanas
sin deshacer.

  1. I
      1. Mark Minkov (1944)
      1. "Plach guitary" (Llanto de guitarra) (F. García Lorca)
  2. II
      1. Sergei Prokofiev (1891-1953)
      1. Cinco poemas de Anna Akhmatova, Op. 27
      2. Cinco poemas, Op. 23: 2. Seroe platitse (El vestidito gris) (E. Gippius)
      3. Cinco poemas, Op. 23: 3. Doversia mne (Créeme) (B. Verin)
      1. Serguei Slonimsky (1932)
      1. Seis Romanzas sobre poesías de O. Maldelshtam: 1. Zvuk ostorojhny i glujoi (Fruto de un sonido tímido y sordo)
      2. Seis Romanzas sobre poesías de O. Maldelshtam: 3. Vpoloborota, o pechal... (De lado ¡ay! tristeza) )
      3. Seis Romanzas sobre poesías de O. Maldelshtam: 5. Na lune ne rastet... (En la luna no crece ni una brizna...)
      4. Duchny jmel (A. Akhmatova) (Lúpulo asfixiante)