(II) Wednesday Series Shostakovich, chamber music

(II)

  1. The event took place on
Trío Kandinsky . Manuel Porta, violin. Amparo Lacruz, cello. Emili Brugalla, piano
Joan Oropella, violin. Paul Cortese, viola

Trío nº 2 en Mi menor, Op. 67

Composición: 15 de febrero a 13 de agosto de 1944 (Ivanovo)
Dedicatoria: A la memoria de Ivan Ivanovich Sollertinsky
Movimientos: Cuatro
Duración aproximada: Venticinco minutos
I. Andante - Moderato. Mi menor. Introducción y Marcha.
II. Allegro non troppo. Fa sostenido menor. Scherzo.
III. Largo. Si menor / Si bemol menor.  Passacaglia.
IV. Allegretto.  2/4; 5/8. Mi mayor - Mi menor - Mi mayor. Rondó con recapitulación de material del primer movimiento.  

d Estreno: 14 de noviembre de 1944. Leningrado (Sala de la Filarmonía). Dmitri Tsyganov, violín; Sergei Shirinski, violonchelo; Dmitri Shostakovich, piano

En el verano de 1941, comenzó la invasión alemana del territorio ruso. El 21 de junio, día en que comenzara la "operación Barbarroja", Shostakovich tenía una entrada para un partido de fútbol -su deporte favorito- entre el Dynamo y el Zénit. El partido no llegó a celebrarse, pero -tal como han relatado los esposos Sollertinsky- el músico conservó su localidad del estadio durante años, como un símbolo. Durante el asedio de Leningrado, Shostakovich compuso su célebre Sinfonía nº 7, dedicada a la ciudad. En el mes de octubre fue evacuado, junto con su familia, en un accidentado viaje en tren hasta Kuibyshev. En el verano acudió a Novosibirsk, en Siberia, donde se había instalado a la Filarmónica de Leningrado, y en 1943 se le trasladó a Ivanovo, al norte de Moscú. Allí compondría, durante el verano, la extraordinaria y trágicamente lúcida Sinfonía nº 8, que Mravinsky estrenaría en Moscú el 4 de noviembre. El 5 de febrero de 1944 la obra fue tocada en Novosibirsk con la Filarmónica de Leningrado y el mismo Mravinsky, precedida la interpretación por un comentario de Ivan Sollertinsky, el fiel amigo del compositor. En la madrugada del 10 al 11 de febrero, Sollertinsky fallecía víctima de un ataque al corazón. Para Shostakovich, la pérdida del amigo supuso una carencia irreparable, cuyo planto entonaría en sus pentagramas.

   "Y la verdad es que la guerra ayudó -leemos en "Testimonio"-, trajo gran aflicción y hizo la vida muy, muy dura. Mucha amargura, muchas lágrimas. Pero había sido incluso más dura antes de la guerra, porque entonces todo el mundo estaba solo en su desdicha. Antes de la guerra, probablemente no había en Leningrado una sola familia que no hubiera perdido a alguien, un padre, un hermano o un amigo íntimo. Todo el mundo tenía a alguien por quien llorar. Pero tenías que llorar en silencio, bajo tu manta, para que nadie pudiera verte. Todo el mundo tenía miedo de todos los demás, y la aflicción nos oprimía y nos sofocaba.

    [...] Y entonces vino la guerra, y la aflicción se volvió común. Podíamos hablar de ello, podíamos llorar abiertamente, llorar por los nuestros que habíamos perdido. La gente dejó de tenerle miedo a las lágrimas. Eventualmente, se acostumbraron a ello. Hubo tiempo para acostumbrarse a ello, cuatro años completos. Y por eso fue tan arduo después de la guerra cuando, de súbito, todo se detuvo.

    [...] Ser capaz de afligirse es también un derecho, pero no le está permitido a todo el mundo, no siempre. Eso lo sentí personalmente, con gran fuerza. Yo no era el único que tenía la oportunidad de expresarme a causa de la guerra. Todo el mundo lo sintió. La vida espiritual, que había estado completamente aplastada antes de la guerra, se volvió saturada y densa, todo el mundo se permitió agudezas, dar un significado a las cosas. Probablemente muchas personas creen que yo volví a la vida después de la Quinta Sinfonía, pero no. Volví a la vida después de la Séptima. Finalmente podías hablar a la gente. Todavía era duro, pero podías respirar. Por eso considero que los años de la guerra fueron productivos para las artes. No fue esa la situación en todas partes, y en otros países la guerra probablemente interfirió con las artes. Pero en Rusia -por razones trágicas- significó su florecimiento."

    El segundo de los Tríos de Shostakovich  fue redactado en virtual coincidencia cronológica con la Sonata para violín solo de Bela Bartók, y el paralelismo con la partitura del maestro húngaro es, en ciertos aspectos sorprendente: tanto aquí como allí un amplio primer movimiento, una Fuga -en ese mismo tiempo-, un melódico segmento lento en forma de Passacaglia y un Finale con resonancias populares, magyares allí y hebreas aquí; además, y fuera ya del aspecto externo o el diseño de la pieza, un sentimiento de pérdida se apodera de la obra toda, y el planto de la Melodía (tercer movimiento) de Bartók halla reflejo en el no menos doliente Andante introductorio de la página de Shostakovich. De forma extraña, la guerra y la represión de los totalitarismos unen a estos dos grandes músicos del siglo, en apariencia -y en gestos externos - contrapuestos, pero cuyos dos exilios, el externo de Bartók y el interno de Shostakovich, se avecindan de manera fascinante. Recordemos, no menos significativo, que el soberbio ciclo de Cuartetos de Shostakovich -más joven que Bartók-, comienza de forma casi exacta cuando el creador húngaro cierra el suyo.

    En el caso de la obra que hoy se programa, la pérdida anteriormente indicada tiene nombre y apellido, el del previamente citado Ivan Ivanovich Sollertinsky (1902-1944), el más íntimo y duradero amigo del compositor, a cuya memoria la obra está expresamente dedicada. Desde 1927, cuando Sollertinsky contaba 25 años y Shostakovich 21, se estableció entre ambos jóvenes, musicólogo y científico el primero, creador y pianista el segundo, una camaradería especialísima.

    Solomon Volkov señala que "Sollertinsky tuvo una enorme influencia en la formación de los gustos de Shostakovich, y no sólo en lo musical"  , y añade: "Hombre de naturaleza jovial y excéntrica, Sollertinsky hacía apariciones brillantes, y sus comentarios antes de los conciertos eran, a menudo, tan apreciados como la música que se interpretaba a continuación. Durante la campaña antiformalista de 1936 fue sometido a extrema presión, pero siguió defendiendo a Shostakovich . Su única concesión fue la promesa 'de empezar a estudiar georgiano' . Sollertinsky dominaba docenas de lenguas y dialectos, incluyendo el sánscrito y el antiguo persa."

    A finales de 1943, Sollertinsky y Shostakovich, que habían pasado juntos, con sus familias, gran parte de la guerra, evacuados en Kuibyshev, volvieron a reunirse en Moscú: Shostakovich había sufrido en el mes de mayo una gastritis tifoidea, que había forzado su hospitalización en Arkhangelskoe, y tras el alta se había quedado en Ivanovo, cerca de Moscú, en donde había compuesto su desoladora Sinfonía nº 8, dedicada a Yevgueni Mravinsky, intérprete del estreno al frente de su Filarmónica de Leningrado el 4 de noviembre de ese 1943. Tanto Shostakovich como Vissarion Shebalin, entonces director del Conservatorio de Moscú, instaron a Sollertinsky a instalarse con los suyos en la capital: el centro de enseñanza ofrecía al musicólogo un puesto docente y Sollertinsky decidió aceptar unas clases que comenzarían a mediados de febrero de 1944. A comienzos de ese mes, regresó Sollertinsky a Novosibirsk, entonces sede de la Filarmónica de Leningrado -a causa del asedio de la ciudad-, en donde Mravinsky presentó la nueva Sinfonía, precedida por una introducción del musicólogo (5 de febrero de 1944). En la noche del 10 al 11 de febrero, cuando ya efectuaba los preparativos para volver a Moscú, Ivan Sollertinsky falleció a causa de un paro cardíaco.

    Al conocer la muerte de su amigo, Shostakovich se dirigió por carta a Olga, la viuda de Sollertinsky:

   "Querida Olga Pantaleimonovna,
    no puedo expresar con palabras el dolor que he sentido al recibir la noticia de la muerte de Ivan Ivanovich. Ivan Ivanovich era mi amigo más íntimo y querido. A él debo toda mi educación. Para mí será increiblemente duro vivir sin él. Los tiempos nos apartaron, y en estos últimos años no tuve la oportunidad de verle o de hablar con él a menudo. Pero siempre tuve el convencimiento de que Ivan Ivanovich, con su mente privilegiada, su claridad de ideas y su incombustible energía, estaba cerca de mí. Su ausencia es desde ahora un golpe muy amargo.
    Ivan Ivanovich y yo hemos hablado muchísimo, y de casi todo. Hablamos también acerca de lo que inevitablemente nos espera al final de nuestras vidas, acerca de la muerte. Los dos la temíamos y a los dos nos aterraba. Amábamos la vida, pero sabíamos que más pronto o más tarde tendríamos que dejarla.
    Ivan Ivanovich se nos ha ido de manera terrible, en plena juventud. La muerte lo ha arrancado de la vida. El ha muerto, y yo estoy aquí."
  

    Estos párrafos iniciales de la carta de Shostakovich a la viuda de Sollertinsky son suficiente explícitos acerca de la incidencia que la muerte del amigo ha tenido en el compositor, que en la obra que redacta a continuación, este Trío Op. 67, ha sublimado, a través del recuerdo del compañero de andanzas, todas las pérdidas de unas años en los que la guerra, con toda su dureza, permitió dejar "de tenerle miedo a las lágrimas", como el compositor dijera a través de Volkov.

    El 15 de febrero, a los cuatro días de la muerte de Sollertinsky, Shostakovich comenzó la redacción de este Trio en Mi menor. Los primeros compases del Trío constituyen uno de los lamentos más singulares que la música de esta siglo haya dado: cuando la obra se escucha por radio, o en disco, son muchos los oyentes que creen que el instrumento que abre la pieza es un violín, ya que Shostakovich ha redactado el susurro inicial, con sordina, 'tenuto', en el registro más agudo del violonchelo. Esas primeras notas del violonchelo en solitario, asordinado, con armónicos artificiales que elevan dos octavas su sonido, nos transmite un lamento sobrecogedor por el amigo, que la dedicatoria -"A la memoria de Ivan Ivanovich Sollertinsky"- corrobora. Tras la adolorida introducción, Andante en Mi menor, comienza, Moderato, un movimiento de Sonata cuya exposición es una Fuga, siempre dentro de un clima de funeraria morbidez. La vena sardónica de Shostakovich explota en el Scherzo en 3/4, Allegro non troppo en Fa sostenido mayor, de significativa acotación en la partitura: 'marcatissimo, pesante'. La atmósfera inicial, pero teñida ahora de sufrida resignación, reaparece en el soberbio Largo, un Passacaglia con cinco variaciones en Si bemol menor, en donde acaso no sea gratuita una referencia, repetida seis veces en los dos instrumentos de cuerda (Variaciones IV y V), a la Novena Sinfonía de Mahler, el autor más apreciado por Sollertinsky, cuya música descubrió a Shostakovich. El tiempo lento se encadena con el conclusivo Allegretto en Mi mayor, combinación de Rondó y Sonata, en donde Shostakovich explora esos "signos" de música judía que, varias veces, en esos años de persecución y genocidio, reaparecen en obras como el Cuarteto nº 4 y llegan hasta el Primer Concierto para violín. Para los compases de la Coda, indicados Adagio, reserva el músico una de sus clausuras evanescentes, en donde el silencio parece convertirse en la prolongación de la música.
    Apenas concluida esta partitura, el 13 de agosto, y siempre en el retiro de Ivanovo, inició el compositor otra pieza, íntimamente relacionada con la anterior, el Cuarteto nº 2 en La mayor, Op 68, que, hasta en la catalogación, con número correlativo de Opus, mantiene la vecindad con el Trío. Shostakovich dedicó la partitura a otro amigo, Vissarion Shebalin, el compositor -padre del viola fundador del Cuarteto Borodin-, que había compartido tantas horas con Sollertinsky y con él mismo, y que le había acompañado, en 1941, en el viaje a Kuibyshev. Las dos obras, subrayando una vez más su interdependencia,  se darían a conocer en la misma sesión, el 14 de noviembre de 1944. Naturalmente, fue el Cuarteto Beethoven el conjunto responsable del estreno del Opus 68, pero fueron también Dmitri Tsyganov y Sergei Shirinsky, primer violín y violonchelo de la agrupación quienes, junto al compositor al piano, dieron a conocer el Trío Op. 67.

Quinteto con piano en Sol menor, Op.57

Composición: Desde el verano hasta el 15 de septiembre de 1940
Dedicatoria: No lleva
Movimientos: Cinco
Duración aproximada: Treinta minutos

I. Preludio (Lento - Poco più mosso - Lento). Sol menor. 4/4, 3/8, 4/4. Introducción con fuga, que continúa en
II. Fuga (Adagio). 4/4. Sol menor. Fuga.
  III. Scherzo (Allegretto).  6/8. Si mayor. Scherzo con Trío.
IV. Intermezzo (Lento).  2/4. Re menor. Lied, attacca...
  V. Finale (Allegretto). 4/4. Sol mayor. Sonata, con recapitulación de temas previos.
Estreno: 23 de noviembre de 1940. Moscú (Conservatorio). Dmitri Shostakovich, piano; Cuarteto Beethoven.

    Poco más de un mes después del estreno del Cuarteto nº 1, un joven aunque ya prestigioso conjunto de cámara, el Cuarteto Beethoven -creado en 1923 como "Cuarteto del Conservatorio de Moscú" por alumnos del mismo, que tomaría su nombre definitivo en 1931- se dirigió a Shostakovich invitándole a asistir a los ensayos de su obra, que querían presentar el 16 de noviembre en la Sala de Cámara del centro moscovita. Llegado el compositor a Moscú, se produjo un embarazoso incidente durante el ensayo: todos los "tempi" eran erróneos, según Shostakovich, pero los miembros del Cuarteto insistían en haber respetado escrupulosamente todas las indicaciones metronómicas. Finalmente se aclaró que el músico había acotado las cifras del metrónomo usando su propio reloj, que resultó estar estropeado. A la perplejidad y el turbamiento, sucedió el entusiasmo: Shostakovich quedó admirado de la ejecución y prometió al Cuarteto futuras partituras. ¡Y de qué manera iba a cumplir tal promesa! Dmitri Tsyganov, el primer violín, sugirió al compositor colaborar con ellos en un próximo concierto. "Sí, pero voy a escribir inmediatamente un Quinteto con piano, y les aseguro que lo tocaremos juntos". Aunque el "inmediatamente" se iba a diferir hasta el verano de 1940, en noviembre de ese año, dos después del primer contacto, el Cuarteto Beethoven, con Dmitri Shostakovich al piano, estrenó en la misma sala del Conservatorio, el Quinteto en Sol menor. No es excesivo afirmar que, desde esas fechas, la totalidad de la música de cámara para cuerdas del músico fue creada en función del Cuarteto Beethoven.
   El Op. 57 quedó ultimado tras el trabajo del compositor en dos producciones considerables, la Sinfonía nº 6, Op. 54, y la edición y reorquestación del Boris Godunov de Mussorgsky (Op. 58 en el catálogo de Shostakovich), lo que explica sobradamente su demora en cumplir la promesa hecha a Dmitri Tziganov, el primer violín del Cuarteto Beethoven. Tras las penalidades, externas e internas de los años previos, no dejó de ser una paradójica compensación que el Quinteto recibiera, en 1941, el Premio Stalin, con una recompensa de 100.000 rublos.

    Es el piano quien inicia esta obra, aparentemente neoclásica, con un Lento, al modo introductorio de la tradicional "Obertura Francesa". Como en el caso del Trío nº 1 -redactado 17 años antes-, página también dotada de introducción musical, una concisa célula de tres notas, Sol-La-Si bemol (las tres primeras notas de la escala ascendente de la tonalidad de la pieza), entonadas en su solo por el instrumento de teclado, se convierte en base motívica de toda la composición, y a ella regresará el músico en todos los movimientos. La entrada posterior de las cuerdas se presenta dominada por la voz del violonchelo. Un 'tutti' de los cinco instrumentos, conduce a un 'Fugato', Poco piu mosso, en ritmo ternario, abierto como un dúo de piano y viola. La paulatina inclusión de todos los instrumentistas, en 'crescendo', nos encamina a la conclusión del movimiento, indicada Lento. La modalidad, en los compases finales de este tiempo, parece decantarse hacia el Sol mayor, enunciado como tal, pero que no termina de establecerse como punto de referencia. La Fuga inmediata, a cuatro voces, es expuesta, de manera ortodoxa, por los instrumentos de cuerda, con sordina, en este orden. Violín I, Violín II, Violonchelo y Viola. La entrada del piano reduce la textura a dos voces o líneas, para reasumir luego, tras el Episodio, la polifonía a cuatro. Y de nuevo hacia el final del movimiento, Sol mayor, a través de su primera inversión (Si natural - Re - Sol), trata de afianzarse como base armónica, actuación que queda en tentativa.

Pero el Si apuntado decanta el conjunto, en el tercer movimiento, un brillante Scherzo, hacia la tonalidad de Si mayor. Los cinco solistas marchan unidos, hasta el Trío, una suerte de "danse macabre" (el epíteto se debe a Robert Mathew-Walker) gobernada por el primer violín, con el piano como escudero. Tras la repetición del Scherzo y la onomatopéyica Coda, el Intermezzo nos presenta, en un clima aparentemente tranquilo y estático, una única línea melódica sobre un suave acompañamiento, un bajo de tenue caminar. La discursiva progresa hasta un clímax, en Re, que luego se va desvaneciendo, quedando al término del movimiento una singular torre de "Res" a lo largo de seis octavas. Y la misma sistemática del paso de la Fuga al Scherzo nos conduce al Finale: Re, dominante de la tonalidad de Sol mayor, que el piano va, por fin, a establecer como eje de la música en su solo inicial. El curso de este Alegretto conclusivo presenta citas de los movimientos precedente, además de insistir en la tríada inicial de la pieza, mutada ahora en Sol-La-Si natural. Pero los tiempos, aunque lo peor parezca haber pasado, no son aptos para el jolgorio o la mera alegría: Shostakovich, sin abandonar el Sol mayor conquistado tras intensa andadura, cierra su obra con suavidad y elegancia, sin alharacas y sólo con el esbozo de una sonrisa.

      1. Dmitri Shostakovich (1906-1975)
      1. Trío nº 2 en Mi menor, para violín, violonchelo y piano, Op. 67
      2. Quinteto en Sol menor para piano y cuerdas Op. 57