Homage to Miguel Querol Wednesday Series Three masters of Spanish musicology

Homage to Miguel Querol

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Cuarteto Vocal Tomás Luis de Victoria . Elvira Padín, soprano. Ángeles Nistal, mezzosoprano. Alfonso Ferrer Prieto, tenor. Jesús Zazo, baritone
Pablo Cano, harpsichord

Migel Querol Gavaldá nació el 22 de abril de 1912 en Ulldecona, provincia de Tarragona, en el seno de una familia acomodada y muy sensible a la música. Desde niño sintió gran inclinación por la vida intelectual y artística en general, comenzando su formación en la Escuela Municipal de su pueblo natal. Los primeros años del Bachillerato los estudió en el colegio particular del Reverendo José M. Mulet, erudito y músico eminente que emigró años mas tarde a Lima, en cuya ciudad fue protagonista de una intensa actividad musical que ha sido reconocida incluso por el propio Robert Stevenson como trascendental para la vida del Perú.
Las primeras nociones de solfeo las aprendió con el P. Pascual Obiols, organista de la Parroquia de Ulldecona, y, posteriormente, en el Colegio de San José de Tortosa, dirigido por don José María Peris, virtuoso sacerdote y excelente compositor .
En 1926 ingresó en el Monasterio de Padres Benedictinos de Montserrat, tradicional centro de formación de extraordinarios compositores e instrumentistas a lo largo de la historia de la música española. Allí permaneció por espacio de diez años, estudiando con igual dedicación Humanidades, Filosofía, Teología y Música. En esta última disciplina -su principal pero no única vocación-, tuvo por primer maestro de Armonía al P. Ildefonso Pinell, organista primero del monasterio, el cual solía interpretar al órgano las composiciones de su alumno.
Desde el primer momento mostró sus preferencias por la música polifónica y el lied, fundando con sus condiscípulos un cuarteto vocal con el que interpretó numerosas obras de los polifonistas del siglo XVI, sus propios madrigales y canciones y su Oratorio L'hivern a Montserrat con texto del mismo Querol. Especialmente fecunda fue la década 1945-1955 en que escribió sus mejores madrigales y más largos poemas vocales que interpretaba el «Cuarteto Philarmonia» dirigido por el hoy conocido editor de música E. Climent, culminando con el estreno del salmo In exitu Israelpara orquesta y coro, de 25 minutos de duración, que fue interpretado cuatro veces el año de su composición. Algunas de sus obras fueron estrenadas en el extranjero como Cant Espiritual por el coro de la RTV de Bruselas y Sero te amavi, estrenada por la Sage Chapel Cornell University (USA); otras tuvieron su primera audición en Berlín, Lisboa y Estambul. Ha escrito un par de centenares de obras, más de la mitad de las cuales han sido interpretadas por distintas agrupaciones corales y solistas.
En la diáspora ocasionada por la guerra civil española, estuvo prisionero durante tres meses, del 25 de julio al 9 de octubre de 1936, en el buque «Río Segre», anclado en el puerto de Tarragona. Consiguió su libertad a cambio de dirigir gratuitamente la Banda de Música y el Orfeón de Ulldecona, su pueblo natal, entonces en un buen nivel artístico pero sin medios económicos.
Después de un período de actividad musical con dichas agrupaciones, se trasladó a Barcelona, obteniendo el apoyo de grandes personalidades catalanas del mundo de las letras y de las artes. Especialmente importante fue el estímulo prestado por el maestro Juán Lamote de Grignon y por Carlos Pi Sunyer, Consejero de Cultura de la Generalidad de Catalunya, gracias al cual Miguel Querol obtuvo un documento de identidad en el que se hacía constar que prestaba sus servicios «en el Departamento de Presidencia de la Generalidad, Comisariado de Propaganda, como músico-poeta». Simultáneamente realizó estudios de Contrapunto y Composición con el citado maestro Juan Lamote de Grignon.
A fines de 1938 Miguel Querol fue destinado al frente de guerra como sanitario, saliendo milagrosamente ileso de varios bombardeos y acciones bélicas en las que intervino. Una vez finalizada la guerra, permaneció durante seis meses en Zaragoza, ejerciendo como chantre de la parroquia de San Gil. Después regresó a Ulldecona para hacerse cargo de la Banda de Música y el Coro Parroquial, al mismo tiempo que obtenía permiso oficial para fundar en su propio domicilio el «Colegio Querol», en el que impartió las enseñanzas del Bachillerato. En 1943-1944 enseña Filosofía y Griego en Zaragoza y en 1945 obtiene el título de Licenciado en Filosofía, en Barcelona, y el de Doctor en 1948, en la Universidad de Madrid, con una tesis sobre La EscuelaEstética Catalanacontemporánea, publicada en Madrid en 1953.
En 1946, Higinio Anglés, con el asesoramiento de los doctores Jorge Rubio, Tomás Carreras Artau y José Subirá, le ofrece la plaza de Colaborador y Secretario del Instituto Español de Musicología del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, nombramiento que recibe el 3 de octubre de 1946. A partir de este momento, sin olvidarse nunca de las Humanidades y de la Filosofía, se dedica principalmente a la Musicología y a la Composición.
La historia de la Musicología española, inaugurada modernamente en el siglo XIX con los Soriano Fuertes, Eslava, Barbieri, Pedrell, y continuada con Anglés en nuestro siglo, se amplía con la aportación de Miguel Querol, desde su puesto del Instituto Español de Musicología, primero como Secretario y desde 1970 como Director del mismo. Antes, durante los 25 años que Anglés residió en Roma, Miguel Querol llevó prácticamente dicho Instituto, aunque asesorado por Anglés en los asuntos más importantes. Esa aportación se vio potenciada a partir de su labor en los Cursos de Paleografía Musical impartidos dentro del «Curso Manuel de Falla», del Festival Internacional de Música y Danza de Granada, entre los años 1971 y 1979, en una época en que no había posibilidad alguna de asomarse siquiera al fascinante mundo de la investigación musical española. Resultado de esos años y de esos cursos ha sido una nueva generación de musicólogos que fue posible gracias a ese primer y rico contacto con la Musicología. También de esos años data su conocimiento de la que es hoy su esposa, Alicia Muñiz Hernández, entonces profesora de Armonía y Análisis Musical en la Universidad Autónoma de México. Con ella contrajo matrimonio en noviembre de 1971, siendo testigos del acto los compositores Rodolfo Halffter, Carlos Chávez y Blas Galindo, y convirtiéndose a partir de entonces en su más eficaz y entusiasta colaboradora.
El «Humanismo», rasgo fundamental de la obra de Miguel Querol
Si tuviésemos que definir con una sola palabra la producción musicológica de Miguel Querol, ésta sería sin duda la de «humanista».
En uno de sus más recientes libros, La música en el Teatro de Calderón, escribe Miguel Querol en el prólogo que dicho libro «no es un libro con pretensiones musicológicas, sino simplemente la obra de un músico humanista o de un humanista músico, como el lector prefiera. En él, lo que principalmente intento es demostrar la importancia que la música tiene para la persona misma de Calderón, como hice antes con La Música en las obras de Cervantes (Barcelona, 1948), y el Cancionero Musical de Góngora (Barcelona, 1975). En tan pocas líneas ha quedado reflejada la ideología musicológica que ha presidido toda la actividad de Miguel Querol, dirigida a situar la Música en el exacto contexto que le corresponde en el ámbito general de la Cultura, centrando la actividad musical dentro de su situación histórica determinada y abriendo así nuevos caminos para el reconocimiento del Hombre.
La «Humanitas» de Miguel Querol comprende todos los campos de la actividad musical, desde los más directamente relacionados con la creación musical (ahí están sus composiciones) hasta la reconstrucción y exhumación viva de obras del pasado, pasando por la interpretación y situación de las mismas en su correspondiente contexto cultural,
Su aportación al conocimiento de la música española de los siglos XVI, XVII y XVIII es de necesaria consulta para quien desee aproximarse y conocer nuestra cultura de este período, y ello en los dos planos lógicos e interpenetrados que comprende la actividad musicológica: la edición de partituras (el trabajo con el documento primero, según una ya obsoleta definición de Musicología) y la edición de serios trabajos monográficos en los que estudia con detalle la función de esa música en el contexto cultural, filosófico y literario del momento.
Del amplio catálogo de sus obras que más adelante damos, hay que destacar las más significativas aportaciones de Miguel Querol a la Historia de la Música Española. Una de sus tesis más interesante es la de definir la producción musical de nuestros polifonistas del siglo XVI, especialmente los sevillanos Morales y Guerrero, como de humanística, en lugar de mística. como hiciera Alcan en su famoso libro. Efectivamente, sus pruebas y argumentos en los que aduce textos e ideologías escritas, han hecho que tengamos que hablar ya del Humanismo de la Escuela Sevillana del siglo XVI, en lugar del Misticismo. El Misticismo, según él, sería una derivación religiosa de ese humanismo tan vital que se practicaba en las academias sevillanas del siglo XVI, especialmente en la de Pacheco, preocupadas por encontrar las fórmulas maravillosas que se contaban de la música de la antigüedad griega. Efectivamente, hay una preocupación por parte de nuestros compositores del siglo XVI por adecuar de la mejor manera la música y el texto, y la mayoría de estos textos son religiosos, pero, esa preocupación por el poder que se le suponía a la música para «mover los afectos», es típicamente humanista y derivada de las tesis platónicas sobre la música. La mejor ejemplificación de esto la encontramos en los prólogos de las ediciones de nuestros polifonistas, y en las alusiones al tema, por parte del poeta músico Vicente Espinel.
Estrechamente conectada con este planteamiento está su preocupación por situar a la música en sus múltiples relaciones con el texto, con la literatura, hecho que hoy, gracias a sus trabajos, ya resulta evidente, pero que durante mucho tiempo se ha ignorado. En este sentido se centran sus publicaciones de los Cancioneros poético-musicales de los siglos XV, XVI y XVII, como el de la Colombina, Medinaceli, Canciones y Villanescas espirituales de Guerrero, Cancionero catalán, de Góngora, Calderón, Lope de Vega, etc.
La inmediata consecuencia de este convencimiento ha sido su incursión en el campo de la música teatral, o del teatro musical, como la publicación de La Música en el Teatro de Calderón,o el volumen quinto de su Música Barroca Española,en el que transcribe buena parte de piezas que integraban el teatro musical español de la época, o la publicación de sus Tonos humanos del siglo XVII. En la misma línea está otra de sus más famosas aportaciones, La Música en las obras de Cervantes.
Pero tampoco ha olvidado el campo de la música religiosa, con el estudio y publicación de la Polifonía policoraldel siglo XVII, casi el único monumento que nos permite acercarnos por primera vez con evidencia y objetividad a nuestra riquísima música religiosa barroca, entre otras obras.
Como lógica consecuencia o necesidad, nos ha ofrecido igualmente sólidos estudios sobre el romance y el villancico, las principales formas vocales de nuestra música barroca. y no podemos olvidar sus publicaciones estrictamente pedagógicas motivadas por ese interés de formar nuevos investigadores que prosigan la labor realizada, como su Transcripción e interpretación de la polifonía española del siglo XV y XVI, resultado de sus fecundos cursos de Paleografía Musical, en el ámbito del «Curso Manual de Falla» del Festival Internacional de Música y Danza de Granada.
En fin, un comentario, por mínimo que fuese, de cada título de Miguel Querol, se saldría de los límites de estas páginas, dado lo mucho que habría que escribir, por lo que dejo al lector que repase con detenimiento los apéndices que siguen.
Está, por otra parte, su profundo conocimiento de los archivos catedralicios españoles, debido principalmente a su condición de Presidente del RISM en España entre 1960 y 1976. Durante este período, en colaboración con José Rumeu, José María Lloréns y José Climent, catalogó la mayor parte de los fondos musicales de las catedrales españolas.
Su seria formación musical, unida a su sólida formación humanística, campo éste en el que ha producido obras tan notables como La Escuela Estética catalana contemporánea (Madrid, 1953) -en una época en la que lo catalán no estaba precisamente de moda-, o su hermoso artículo «La creación artística y lo humano en El Arte», publicado en la Revista de Ideas Estéticas, a los que habría que añadir sus traducciones de las obras completas de Virgilio, es la que explica este humanismo que condiciona y diferencia la producción musicológica de Miguel Querol y la hace ser especialmente valiosa al trascender la simple exhumación del dato.
Además de su faceta de compositor, e investigador, su «humanismo» se completa con su inclinación a la Poesía, sentida desde su niñez y manifestada a los catorce años en Tortosa, coincidiendo con el estudio de la Retórica y la Poética. A los quince años había escrito siete cuadernos de poesías, destruidos más tarde por el propio autor en una crisis espiritual. Sólo se salvó un cuaderno que no pudo romper por tener tapas duras y lomo de piel. El tema más constante, tanto en sus composiciones musicales como en las poéticas, es el de la Muerte. Entre éstas sobresale La Carda greu (La Cuerda grave), largo poema dividido en tres jornadas en el que la Vida y el Alma dialogan entre sí considerando su próxima y fatal separación por obra de la Muerte.
Esta preocupación por la Muerte y por la brevedad de la vida, llama la atención ya en una Oda fechada el 29 de julio de 1927, en la que canta, todavía adolescente, la brevedad de la vida y la vanidad de sus pasiones. En su primera juventud cultivó la poesía religiosa y la de la Naturaleza, ya partir de la guerra civil la temática se amplía a tantos aspectos como los de la vida misma.
Ojalá que este homenaje que le tributa la Fundación Juan March, se vea completo con la publicación de todos esos libros, totalmente terminados e inéditos, que configuran la amplia e importante aportación de Miguel Querol al conocimiento de la cultura española, en una de las facetas afortunadamente más solicitadas por nuestra sociedad actual, como es la Música. De ello ha sido consciente la propia Fundación Juan March, que en reiteradas ocasiones ha prestado su apoyo al ilustre musicólogo catalán.

Antonio Martín Moreno

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