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El lied germánico de los siglos XIX y la primera mitad del siglo XX, es decir, el creado desde Schubert hasta Richard Strauss, es el tipo de canción en el que la unión de la música con la poesía alcanzó más íntima unión, consiguiéndose con él de nuevo, pero dentro de los parámetros del Romanticismo, aquel ideal que tanto los teóricos como los músicos prácticos habían preconizado en los últimos años del Renacimiento alrededor del madrigal italiano o italianizante. En España disponemos de un soneto programático del sevillano Gutierre de Cetina, tal vez con las músicas de Francisco Guerrero en la mente, que lo expresa de esta bella manera: "No es sabrosa la música, ni es buena, / aunque se cante bien, señora mía, / si de la letra el punto se desvía, / antes causa disgusto, enfado y pena."

También los románticos de lengua alemana llegaron a la misma conclusión, aunque añadiendo a la música (el punto) cantada (el punto con la letra) un elemento más, el del pianoforte, que no se limita a acompañar al estilo de romanzas o arietas, sino que, al menos como ideal, debe hacerlo compitiendo en la expresión de los afectos, bien creando el clima en el pequeño preludio, bien resumiendo la cuestión en algún interludio o posludio. Esta trilogía de elementos (música instrumental, música cantada y letra que se canta) consiguió en manos de genios como Schubert, Schumann, Mendelssohn en alguna ocasión, Brahms, Wolf, Mahler o Richard Strauss, entre otros, algunas de las cotas más altas del arte europeo moderno y contemporáneo.

Pero nunca se llega a la excelencia sin tanteos previos, a veces muy prolongados. Lied, lieder en plural es también canción o canciones, y los pueblos germánicos han cantado siempre. Está claro que aunque hay evidentes conexiones entre la canción popular campesina, la popular urbana y el lied al que nos referimos, no son de ninguna manera la misma cosa. Es cierto que el pueblo ha cantado en alemán desde siempre, pero el lied germánico que asediamos pocas veces ha estado en sus gargantas. Para llegar a él, compositores muy excelsos como Gluck, Haydn, Mozart y hasta el mismo Beethoven, o bien otros compositores de menor categoría pero entonces importantes como Reichardt, Zelter, Zumsteeg o Loewe, hicieron obras muy estimables y en algunos casos obras maestras que están ya a un paso del lied. Das Veilchen, Abendempfindung ("La violeta", "Sentimientos crepusculares") de Mozart, o la colección An die ferne Geliebte ("A la amada lejana") con la que Beethoven inventa el ciclo de canciones unitario, son ya el punto de arranque del lied romántico. Serán escuchados en este ciclo, pero el contenido prioritario del mismo se dirige a la formación del género en el último tercio del siglo XVIII y primeros años del XIX. Por eso, junto a canciones en alemán, las escucharemos también en inglés, en francés y en italiano: arietas, romanzas, baladas o incluso un par de cantatas de los compositores ya mencionados alternarán con canciones estróficas o con estribillo y otros géneros más populares: en ellos se está formando, con los poemas de Schiller, Goethe y otros excelsos escritores, el lied germánico, una de las más altas expresiones del arte europeo.

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