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Posiblemente fue Joseph Haydn, de quien este año se conmemora el segundo centenario de su fallecimiento, el primer compositor moderno de la historia de la música. Una afirmación que puede entenderse tanto por ser el primer autor universalmente aclamado en vida con una intensidad desconocida hasta ese momento, como por su fundamental contribución en la gestación de dos de los géneros instrumentales que desde entonces han sido angulares en la historia de la música: el cuarteto de cuerda y la sinfonía. La fama de la música de Haydn alcanzó los confines del mundo occidental, invadiendo salas, teatros e iglesias de toda Europa desde Londres hasta Nápoles y desde Cádiz hasta San Petersburgo, hasta alcanzar ciudades norteamericanas como Nueva York o Filadelfia y colonias hispanas como Santiago de Chile o Ciudad de México.

Este ciclo analiza la influencia, a veces casi opresora, que la música de Haydn llegó a ejercer en algunos compositores contemporáneos. La propuesta de una escucha comparada de sus obras con la de autores activos en Austria y España, tales como Clementi, Mozart, Beethoven, Máximo López y Baguer, permitirá explorar los distintos mecanismos que moldearon los procesos de influencia y recepción. Así, la estancia de Muzio Clementi en Viena a comienzos de la década de 1780 dejaría su impronta en algunas de sus sonatas, pese a que no está documentado un contacto personal con Haydn. En cambio, es suficientemente conocida la estrecha amistad que éste entabló con Mozart, transformada en respeto recíproco como ejemplifican en toda su dimensión los Cuartetos op. 33 de Haydn y los Cuartetos “Haydn” de Mozart. Como ha explicado el crítico literario Harold Bloom, la potente influencia que proyectaron determinados creadores llegó a ser de tal calibre que algunos de sus colegas no pudieron evitar sentirse en ocasiones angustiados sin poder escapar de ella en un primer momento. Este parece haber sido el caso del joven Beethoven. Pese a la imagen de compositor revolucionario e innovador acuñada en torno a su figura, las obras creadas durante el breve periodo de formación con Haydn a comienzos de la década de 1790 emplean recursos típicamente haydnianos, como las modulaciones a tonalidades remotas o la reutilización cíclica de material en una misma obra.

La música de Haydn también se dejó sentir en España con una fuerza inusitada, quizá punto de partida para su posterior difusión en las colonias americanas. Pocos ejemplos más contundentes que la multitud de copias conservadas en archivos españoles de Las Siete Palabras de Nuestro Señor en la Cruz, una obra creada a petición de una cofradía gaditana que en determinadas instituciones hispanas siguió interpretándose hasta nada menos que comienzos del siglo XX. En este contexto, era inevitable que algunos de los rasgos estilísticos de Haydn fueran imitados por compositores españoles. Esta circunstancia, aún poco conocida, es ilustrada en este ciclo a través de las sonatas del organista de la Real Capilla, Félix Máximo López, ostensiblemente basadas en sinfonías de Haydn, y las de Carlos Baguer, posiblemente el autor español más claramente vienés en su estilo compositivo.

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