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LA DESINTEGRACIÓN DE LA TONALIDAD

13, 20, 27 enero y 3 febrero 2010
Ciclos de Miércoles:

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La tonalidad, entendida como la organización jerarquizada de las alturas del sonido y sintetizada por la oposición estructural de los grados de tónica y dominante, ha sido una de las aportaciones cruciales de la música occidental. Fraguada durante el siglo XVII, consolidada durante el siglo XVIIIy llevada hasta sus últimas consecuencias en el siglo XIX y principios del XX, la disolución de la tonalidad supuso una profunda ruptura con la tradición. La tendencia habitual de enfatizar el cambio drástico en el parámetro armónico debiera, sin embargo, ser matizada por la cierta continuidad en la organización formal o en la estructura de la frase musical. Con todo, ante los compositores se abrió entonces un insólito horizonte, lleno de nuevos caminos en la búsqueda de un sistema sustitutorio.

Este ciclo explora este proceso desde los primeros síntomas de la desintegración de la tonalidad hasta la configuración preliminar de los lenguajes alternativos que se gestaron como respuesta. Un proceso que cronológicamente abarca desde la década de 1880 hasta la de 1920 aproximadamente. El principio de la descomposición, encarnado en el programa del primer concierto, se abre con el camino sin retorno iniciado por Wagner y Liszt, en el ámbito germánico, y por el último Fauré, en el francés, y culmina con el alumbramiento de nuevas propuestas ante las reticencias del público, el asombro de la crítica y el entusiasmo de algunos compositores. Al menos, tres escenarios europeos marcan las tendencias estilísticas en las dos primeras décadas del siglo xx: el atonalismo vienés con la etapa temprana de Schoenberg, Webern, Berg y Zemlinsky, la modalidad francesa encabezada por Debussy y Ravel y la experimentación rusa con Mussorgsky, Scriabin y el joven Stravinsky. Son estas vías, con desigual éxito e implantación, las que ilustrará musicalmente este ciclo.

Visto con perspectiva histórica, la crucial transformación que implicó la desaparición de la tonalidad no resultó ser definitiva y ésta volvería a ser empleada, décadas después, como un sistema válido para articular el lenguaje musical. Pero su muerte y posterior resurrección dejaría una huella imborrable.

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