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Música en Domingo & Conciertos de Mediodía

Jóvenes intérpretes

18, 19 y 26 octubre 2009 Conciertos matutinos con el mismo programa
domingos y lunes a cargo de jóvenes intérpretes
Música en Domingo & Conciertos de Mediodía:

Notas al programa

Ludwig van Beethoven compuso su quinta Sonata para violín y piano en 1801 y, junto a la cuarta en La menor Op. 24, apareció editada por la casa Mollo de Viena ese mismo año, dedicadas ambas al conde Moritz von Pries. La Sonata en Fa mayor fue subtitulada posteriormente “Primavera” sin consentimiento del autor, un nombre que alude al carácter más amable y claro que, sin perder su estilo personal, tenía la música de Beethoven en esta época de satisfaccciones personales. Pronto  la enfermedad que le conduciría a la sordera truncó tan prometedoras esperanzas. Esta sonata se inserta en el primer período compositivo, según la clásica división en tres etapas que los historiadores han propuesto para explicar su producción. Estos primeros años se caracterizan por un apego a las estructuras formales del clasicismo vienés y una cierta influencia de Haydn, de quien recibió algunos consejos, si bien Beethoven muestra ya  rasgos llamativos que apuntan la revolución que su obra supondría para la historia de la música.

Maurice Ravel compuso la que se conoció en vida como única Sonata para violín y piano, en Sol mayor, entre 1923 y 1927, año en que la estrenó Georges Enesco con el autor al piano, en la Sala Erard de París. Es la última obra camerística de un autor preciosista en el tratamiento de las sonoridades, impresionando la austeridad de medios y el manejo de los timbres individuales y a dúo. Entre los rasgos más llamativos de esta sonata cabe mencionar el blues central, en el que los influjos del jazz, son claramente perceptibles. La internacionalización de un estilo compositivo tan novedoso como el jazz, para entonces presente en la escena europea, dejó su huella en compositores clásicos como Debussy o Stravinsky, además de ésta y otras obras de Ravel.

Piotr I. Chaikovsky compuso en 1878 tres piezas para violín y piano,  de las que hoy escucharemos la primera, que tituló en francés Souvenir d’un lieu cher (“Recuerdo de un lugar querido”) y dedicó, a modo de regalo, a su protectora Mme. von Meck tras la convalecencia del compositor en Brailovo.  Son estas piezas uno de los últimos ejemplos camerísticos (le seguirían el Trío con piano Op. 50 de 1882 y los Souvenir de Florence Op. 70 para sexteto de cuerda, de 1892) de un compositor que, en su conjunto, cultivó poco los géneros instrumentales para formaciones pequeñas en comparación con la extensión de su producción vocal o pianística.

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