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Sinopsis

LA ESPAÑA ANTIGUA
Esta tonadilla a solo, de carácter alegórico, está protagonizada por una personificación de la España anterior al siglo XVIII. Lamentándose del olvido en el que se halla sumida, La España antigua repasa algunas de las transformaciones operadas en la sociedad del momento, añorando el esplendor del pasado y cuestionando el avance que supuestamente implicaba la Ilustración. Desde su punto de vista, la pérdida de las "buenas costumbres", y en particular el relajamiento moral de las mujeres y la falta de virilidad en los hombres, reflejan el estado de decadencia y postración de la España contemporánea.

 Tras presentarse, la España antigua inicia su monólogo con una queja cantada en "Los celos en muchos": los valores de la antigüedad (el honor, la modestia, la discreción) se han relajado hasta transformarse en caricaturas de sí mismos. Posteriormente, en las coplas "En mi tiempo se veían" contrapone ciertos aspectos del pasado con otros del presente: los cambios en la indumentaria, la facilidad de trato entre ambos sexos, el nuevo papel de la mujer o el olvido de viejos valores como el honor son factores que le llevan a dudar del carácter "ilustrado" del siglo XVIII. Estas críticas están repletas de guiños cómicos, unas veces formuladas mediante referencias a la mitología clásica y otras a través de juegos de palabras con dobles sentidos. Como era habitual, la obra se cierra con unas seguidillas finales ("Al sol a que saliese"), cuyo texto trasciende la trama con fines moralistas o didácticos para evocar una escena bucólica de trasfondo mitológico con una función de puro divertimento.

EL SOCHANTRE Y SU HIJA
Frente al carácter alegórico de La España antigua y La España moderna, esta tonadilla posee una marcada naturaleza costumbrista siguiendo un rasgo típico de este género teatral. Su argumento se centra en el matrimonio, una de las instituciones que se estaban viendo alteradas en el proceso modernizador en la sociedad de las décadas finales del siglo XVIII.

 La acción se inicia con la presentación en escena del barbero ("Barberito chusco"), un pícaro que corteja a la hija de un sochantre. Aprovechando la ausencia de este, el barbero pretende entrar en su casa con la complicidad de la hija. En las seguidillas "Como soy ordinaria", ella se presenta como una maja castiza, dispuesta a dar esperanzas al barbero. De forma inesperada, el padre regresa a casa después de participar en los oficios en distintas iglesias cercanas, mostrando la felicidad de su situación profesional y familiar en "Ahora vengo de Maudes". Cogida in fraganti, la joven pareja entra en pánico ("No puedo, de miedo, / formar una voz") y el encuentro con el barbero en casa desata la cólera del padre ("¡Ah!, insolentes picarones"), quien amenaza con matarlos a menos que se casen, único modo de salvar el honor de su hija. Ambos confiesan su amor y estar dispuestos a contraer matrimonio. Sin embargo, la hija se interesa por los recursos económicos del barbero ("¿Con qué has de mantenerme?") y por la cantidad con la que su padre estaría dispuesto a dotarla ("Qué dote, padre mío?"). Tanto el uno como el otro carecen de medios económicos, lo que suscita una serie de enfrentamientos que, finalmente, se saldan con la boda de los dos pretendientes. Las seguidillas finales ("Cuántos novios se casan"), concebidas como un diálogo jocoso entre los tres personajes, desvelan la moraleja final típica de muchas tonadillas al describir la cruda realidad sobre el matrimonio de la época: la falta de sustento económico provoca la infelicidad de muchos enlaces, por lo que el casamiento con un viejo rico se presenta como una oportunidad para muchas jóvenes pobres.

LA ESPAÑA MODERNA
Planteada como una respuesta a La España antigua, esta tonadilla a solo también se basa en la prosopopeya. Con una estructura análoga pero con un mensaje opuesto, se desarrolla a través de una serie de contraposiciones entre la situación del pasado y la del presente, ahora con el propósito de mostrar cómo el progreso ha mejorado la situación española.

 La acción se inicia con la aparición en escena del personaje de La España moderna, quien muestra su descontento con las opiniones vertidas por su antecesora ("¡Yo así tratada!"). Tras presentarse brevemente ante el público con el recitado "Juzgo que entenderán", se dedica a repasar algunos de los "ultrajes" lanzados contra ella por La España antigua ("Dice sin modo"). En su defensa de las ventajas de la contemporaneidad insiste en los adelantos materiales y técnicos de su época: las artes, las ciencias, la agricultura, la manufactura, el comercio o las nuevas poblaciones de Sierra Morena (emblemas del discurso ilustrado) son puestos como ejemplo del progreso español en las últimas décadas. Además, los males que en sí reconoce La España moderna son atribuidos a la herencia del pasado. Tras esta exposición, prosiguen las coplas y boleras "En aquel tiempo", donde compara algunos de los vicios del pasado con las mejoras del presente: los celos enfermizos, los raptos de doncellas, las condenas inquisitoriales o la pobreza, que abundaban en el pasado, parecen exterminados o reducidos en la actualidad. Sin embargo, y de manera contradictoria, La España moderna reconoce que el mundo empeora cada día, por lo que cabe suponer que el presente pueda ser menos virtuoso que el pasado. Como ocurre con La España antigua, esta tonadilla también concluye con unas seguidillas de temática pastoril y amorosa ("Un zagal muy garrido") sin conexión argumental con la trama anterior y que funcionan como diversión distraída para el final de la obra.

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