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Conciertos del Sábado:

Introducción

El nombre del instrumento que llamamos oboe tiene su origen en el francés "haut bois", cuya traducción literal es madera alta. Aunque en el léxico instrumental nos encontramos a menudo con una nomenclatura caprichosa (corno inglés, trompeta, etc.), en este caso se trata de una denominación sumamente precisa y denotativa de una función muy concreta: la que alude a la adscripción de este instrumento entre los de música alta. Se llamaba así durante los siglos XV y XVI a la música de gran potencia sonora, estrepitosa, adecuada para ser tañida al aire libre, en oposición a la música baja, más suave y apta para interiores y para acompañar el canto.

El oboe, sucesor evolucionado de la chirimía, resulta ser entonces, con toda propiedad, "haut bois", es decir, un instrumento alto de madera.

A medida que la música alta fue perdiendo su inicial carácter emblemático y algunas de sus agrupaciones instrumentales características evolucionaron hacia un repertorio más artístico, el oboe se constituyó en el núcleo de los instrumentos aerófonos que se integraron a las orquestas del siglo XVII. Durante la siguiente centuria, el instrumento quedó definitivamente consolidado en la plantilla orquestal que alcanzó su madurez en el período clásico. El siglo XIX supuso para el oboe una época de cambios profundos que transformaron su aspecto secular (un tubo de madera, levemente cónico, con pabellón en su extremo) mediante la adopción de mecanismos y llaves de digitación que permiten obtener sonidos antes inalcanzables, gracias sobre todo a las modificaciones introducidas por Frederick Triébert, quien supo aprovechar las radicales reformas aplicadas por Boehm en las flautas hacia 1830. Nuestro siglo, por su parte, ha orientado la evolución del oboe no tanto en sus facetas mecánicas o morfológicas como en las técnicas de ejecución, que en sus más recientes propuestas incluyen la posibilidad de producir acordes mediante una digitación especial y un delicadísimo control de las lengüetas y el flujo de aire que se hace circular a su través.

En estos cuatro conciertos vamos a repasar una parte mínima, pero esclarecedora, de la literatura para oboe desde el siglo XVIII a nuestros días.

Ya organizamos dos ciclos de Conciertos del Sábado con el oboe como protagonista. En octubre de 1991 y en diciembre de 1993. Sólo tres obras incluídas en aquellos ciclos (las Sonatas de Poulenc y de Hindemith y las Romanzas de Schumann) se repiten ahora, lo que da una somera idea del amplio repertorio camerístico que ha cosechado el instrumento y que ahora volveremos a repasar, tanto en las modalidades de oboe y piano como en su papel en el Quinteto de viento o con un Trío de cuerdas.  

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