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La guitarra iberoamericana

27 febrero, 6 y 13 marzo 2002
Ciclos de Miércoles:

Introducción

El tercero, y por ahora último, de los Tres ciclos de música iberoamericana está dedicado a la guitarra. En sus tres conciertos escucharemos obras de hasta diecisiete compositores: Tres brasileños, tres argentinos, tres uruguayos, dos mexicanos, dos cubanos, y uno de Paraguay, Venezuela, Bolivia y Chile. Y oiremos obras para guitarra sóla, para dúo de guitarras y para cuarteto de guitarras, todas ellas originales y compuestas en el siglo XX, excepto dos, que son ya del siglo XXI.

    Hay en el ciclo, junto a obras muy difundidas, otras muchas que son poco conocidas y dos estrenos: Uno en España y otro absoluto. Con todo ello, además de oír músicas muy gustosas y bien trazadas, completaremos la escasa información que aún tenemos de las músicas de Iberoamérica.

F.J.M.


INTRODUCCIÓN GENERAL

Los cimientos de la guitarra en España se asientan, tras prolongados antecedentes, con la publicación en Sevilla, en 1546, de los Tres libros de música en cifras para vihuela, de Alonso Mudarra. Luego, la existencia de numerosos ministriles de guitarra en las  cortes españolas forma parte de un equipo que, forzosamente, se trasladó a los países de América tras el descubrimiento. Por eso cuando se recuerda la importancia de Andrés Segovia en un nuevo auge del instrumento, la referencia debe orientarse estrictamente a ese nuevo auge, porque la guitarra formaba parte tanto de la música popular, como de la culta de la América hispana desde la confluencia de las culturas de las dos orillas del Atlántico. No importan en este sentido las numerosas variedades de las características del instrumento, sino su protagonismo a la hora de acompañar la voz, su valor para la "romanza sin palabras" y, heredadas de la música culta, en todas las formas que habían conformado la estructura de las obras instrumentales. Con ese bagaje, la guitarra se asienta en las ciudades y en el campo, casi siempre alrededor de un intérprete, las más de las veces, intérprete-compositor, de acuerdo con la tradición europea de la música instrumental anterior a la llegada de la figura del compositor de obras sólo para otros.
El proceso genera la costumbre de la "escuela", sobre todo hasta bien avanzado el siglo XIX, en la medida en que la guitarra con mayor frecuencia que otros instrumentos, aporta a la enseñanza la inmediatez de la lectura por cifra que abreviaba el camino del aprendizaje técnico musical. Esas escuelas, que surgen a lo largo del continente americano, implican además la adaptación a las distintas posibilidades del instrumento de las danzas  y canciones locales, mientras persiste la influencia y la presencia de las formas de la música clásica. Formas como sonata, variación, preludio y otras, marcan una preocupación entre los compositores por establecer una diferencia en los objetivos respecto de las expresiones "populares". En el otro lado de la tendencia, los puristas veían claro un abismo entre los dos modos de presentar la música. Entre los numerosos ejemplos de esa dicotomía se puede citar el criterio de Felipe Pedrell, a comienzos del siglo XX, cuando estima que el empleo del rasgueado había llevado la guitarra a quedar como un medio expresivo de la música popular.
Pero las escuelas, a la sombra de grandes intérpretes que aportaban el prestigio, han servido sobre todo para mantener la tradición de la guitarra, asegurar su continuidad, descubrir nuevas posibilidades expresivas para el instrumento. Y en este punto es donde los efectos de la aportación de Andrés Segovia han sido profundamente provechosos. En cierto sentido, en lugar de crear una competencia desalentadora para seguir por el mismo camino, en principio difícil de superar, ha servido de estímulo por su repercusión en España y en toda Europa (con el famoso concurso de guitarra de Radio Francia, por ejemplo), y en América, en América y en Japón. Difusión en la que han tenido un papel esencial los nuevos medios de comunicación y de difusión de la música, que han contado con el poso de una tradición que en la América hispana se había protegido amparada en la continuidad. Y en ese sucederse de los hechos de cada día, a las tradicionales presencias de la guitarra señaladas, acompañamiento de la voz, en "romanzas sin palabras" y en las formas de la música clásica -sonata, cuarteto, concierto, dúo, etc.-, no está ausente en la música electrónica.
Esa continuidad parece estar asegurada como indican las fechas de nacimiento de los compositores que siguen escribiendo para guitarra, en una sucesión nunca interrumpida. Así, su situación de vigencia y de preponderancia en la música que se sigue haciendo y no sólo contando con el repertorio, la guitarra tiene un puesto de actualidad a nivel de ocupar un puesto en los Tres Ciclos de Música Iberoamericana organizados por la Fundación Juan March, en clara competencia, o más bien equilibrio, con el piano y el cuarteto.

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