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Francisco Tárrega y su estela

30 octubre, 6, 13 y 20 noviembre 2002
Ciclos de Miércoles:

Introducción


Francisco Tárrega es sin duda el fundador de la guitarra contemporánea española. Las innovaciones técnicas que los guitarreros del siglo XIX introdujeron en el viejo instrumento, especialmente las de Antonio de Torres (1817-1892), permitieron la aparición de un repertorio específico que algunos compositores enriquecieron y que Tárrega codificó, dejando muestra de ellos no solo en los Estudios sino en toda su obra.

    Con motivo del 150 aniversario de su nacimiento, lo que nos proponemos en este ciclo es repasar un siglo largo de guitarra española a través del ejemplo del propio castellonense, de tres de sus discípulos (Miguel Llobet, Emilio Pujol y Daniel Fortea), de sus admiradores Andrés Segovia y Regino Sáinz de la Maza, y de los discípulos de los discípulos: Así, aparecen en este ciclo nombres como Graciano Tarragó, alumno de Llobet, o Jaume Torrent, discípulo de Tarragó (en este caso, en su doble faceta de guitarrista y de compositor).

    Pero lo más importante es que los seguidores de Tárrega, además de componer para guitarra, propiciaron obras de compositores no guitarristas, desde el Falla del Homenaje a Debussy, Turina, Esplá y casi todos los del 27. Recordando estos hechos, hoy venturosamente normales, en el último de los conciertos presentamos en Madrid hasta doce obras de compositores españoles actuales casi todas estrenadas hace muy poco en el Festival de Música Contemporánea de Alicante, y dos estrenos absolutos, todos ellos recordando (y agradeciendo) a Tárrega su histórica labor.

F.J.M.


INTRODUCCIÓN GENERAL

Homenaje a Tárrega
Hay una singularidad en el proceso histórico de la guitarra frente a la mayoría de instrumentos con posibilidades solísticas, de acompañamiento y de conjunto. Y se puede añadir, como repetía Gerardo Diego, que sucede tanto "en la guitarra morisca como en la cristiana". Se trata de un proceso en cierto sentido discontinuo, muy apegado a nombres sucesivos de grandes intérpretes y, a la vez, por lo general, de grandes compositores. Y, entre unos y otros, los períodos de desmayo, en los que las guitarras, también unas y otras, siguen sonando, pero sin ocupar un centro en las novedades y en el progreso mismo, sin grandes títulos nuevos y sin grandes intérpretes.
En una primera etapa todo se centra alrededor de la vihuela, más o menos en los dos cuartos centrales del siglo XVI y a partir de entonces se establecen las líneas que enmarcan los ámbitos de la vihuela y de la guitarra, que se van a desarrollar a lo largo del siglo XVII. En el XVIII se produce la expansión de la guitarra por Europa, con su presencia en la obra de muy diferentes compositores, aunque en la mayoría de los casos en su función de acompañante. La corriente expansiva se prolonga en Europa en el siglo XIX y aparecen los primeros ejemplos de su función protagonista en formas clásicas instrumentales, como sonatas, cuartetos o divertimentos, firmados por compositores como Carl María von Weber o Franz Schubert, al margen de los lieder de ambos en los que se prolonga la función acompañante.
La continuidad basada en los grandes intérpretes-compositores la sustentan en España, en ese mismo siglo, Fernando Sors y Dionisio Aguado, pero la desaparición del primero en 1839 y la del segundo en 1849, crea un vacío en la atención prestada al instrumento desde el punto de vista de creadores e intérpretes. El mundo de la guitarra se apoya entonces de forma casi exclusiva en la "flamenca", hasta que surge una nueva generación de grandes figuras a partir de Francisco Tárrega, nacido en Villarreal, Castellón, en 1852. En su libro Historia de la música española: 5. El Siglo XX, Carlos Gómez Amat resume la situación de la guitarra en los años anteriores: "Fernando Sor y Dionisio Aguado, brillaron en Europa junto a los italianos Carulli, Carcassi, Legani y el renombrado Mauro Giuliani. También el diabólico virtuoso del violín Niccolo Paganini participó en el movimiento, pues era tan buen guitarrista como violinista. Cuando desaparecieron estas grandes figuras, sigue un eclipse en la guitarra, con algunas personalidades aisladas, hasta el florecimiento del arte de Francisco Tárrega."
Tárrega muere en 1909, con él había quedado cubierto el protagonismo del instrumento durante la segunda mitad del siglo XIX y comienzos del XX, rodeado y continuado por algunos de los compositores que aparecen en este ciclo. En ese tiempo, para la sucesión durante el siglo XX, el impulso extraordinario de Francisco Tárrega y algunos de sus discípulos, no tardó en encontrar continuador en la figura de Andrés Segovia (1893-1987), con un labor que en su caso, al margen de sus contribuciones compositivas, se fundamentó en la interpretación, que alcanzó, con sus giras de conciertos y más tarde con sus grabaciones en disco, a los cinco continentes y, de forma complementaria, pero de extraordinaria transcendencia, en el encargo de obras a muy diversos compositores, lo que propició un interés aún más amplio por la guitarra.

Por ello, la promoción del instrumento en el recorrido que nos lleva de mediado el siglo XIX al presente, se asienta en el hacer de Francisco Tárrega, apoyado después por Andrés Segovia, en una diversidad que hoy, con nombres de intérpretes extranjeros de excepción, como Julian Bream, y el enriquecimiento del repertorio con las aportaciones de compositores como Toru Takemitsu, Elliot Carter, Hans Werner Henze y muchos otros confieren a la guitarra una personalidad independiente de su vinculación centrada previamente, aunque no fuera de modo exclusivo, en la música española.
Si la corriente encabezada por Fernando Sors, es la que impulsa la referencia al instrumento de Hector Berlioz en su Gran Tratado de instrumentación, en el que elogia su sonoridad "picante", será el movimiento que va de Tárrega a Segovia el que explica su presencia en Falstaff de Verdi o en la Sinfonía núm. 7 de Mahler, al igual que su incorporación a obras de Debussy, Ravel, Roussel, Jolivet, Tansman, Schoenberg, Martin o Castelnuovo-Tedesco, y a la más comprensible, como herencia, además, de su arraigo en la música popular, a las de Ponce, Chávez, Villa Lobos y prácticamente en las de todos los compositores americanos.
Por ello, la selección que ofrece este ciclo de cuatro conciertos es uno de los varios posibles acercamientos al amplio arco en compositores y obras que abarca el hilo histórico que nos lleva de Tárrega a Segovia, que pasa, eso si, por nombres básicos de ese trazado como los de Miguel Llobet, Emilio Pujol y Sáinz de la Maza, junto con algunos testimonios de las contribuciones más recientes.

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