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Ciclos de Miércoles:

Introducción

A lo largo de la historia de la guitarra moderna se vienen repitiendo circunstancias que están presentes en el programa de hoy. Tras las carreras de una serie de guitarristas-compositores, han sido y son los intérpretes los que han mantenido vivo el interés de los nuevos creadores por el instrumento. Y aquéllos y éstos siguen recurriendo a una forma clásica, la sonata. Así, junto a ejercicios o conciertos, parece que esta forma, en general en crisis en cuanto a sus exigencias e incluso como título, mantiene una vinculación estrecha y recurrente con la gran tradición del instrumento. No es el momento de entrar en un análisis de los motivos, que sin duda son varios y posiblemente contradictorios, pero cabe sospechar que tienen alguna relación con la intención de los compositores de poner de manifiesto un acercamiento "serio" a la guitarra. Porque esa larga historia se vio cubierta durante unos años de añoranzas nacionalistas, piezas de salón y pintoresquismos. Una etapa, por otra parte brillante para el instrumento, que se clarificó en esas intenciones con la vuelta a formas de prestigio que ya estaban presentes en los primeros repertorios.

No se trata, eso sí, de un fenómeno aislado que afecte únicamente a la guitarra. Los instrumentos "cargan" con su historia y con sus historias paralelas que en algunos casos llenan de fantasmas sus existencias. Nadie pone en duda la nobleza y seriedad del piano, ni siquiera la del violín, pese a las habilidades popularizantes de los gitanos húngaros. Pero del mismo modo que el saxofón lleva a cuestas sus conexiones con la música de jazz, la guitarra evoca la figura del "tocaor", como si se tratara de un pecado -y no lo es-, del que hay que redimirse. El maestro Federico Moreno Torroba, frecuente cultivador de la guitarra en sus tareas de compositor fuera de los escenarios, me confesaba una vez que ponía a algunas de sus obras títulos "evocativos" para animar a principiantes y aficionados, y títulos serios para los concertistas, aunque escribiera con el mismo empeño unas y otras.

Desde otro punto de vista, pero en el fondo con la misma intención redentora del instrumento, se habla del "auge" de la guitarra, de su expansión de los últimos años que ha alcanzado a países "tan lejanos" como Japón. Es un consuelo que la guitarra no ha necesitado y no necesita y que casi justifica que tocar "algo" este instrumento y haber toreado alguna vez puedan ser pistas definitivas para la identificación de nuestra nacionalidad.

La literatura guitarrística tiene una hermosa, prolongada y sólida historia, llena de cultivadores de muy diversas latitudes y, sobre todo, es harto conocida. Una relación de grandes nombres, españoles y extranjeros, podría haber sido una aceptable "introducción" al concierto de hoy, pero estoy seguro de que los asistentes los conocen, están en la mente de todos, al menos los más importantes, y me ha parecido mejor ahuyentar a los fantasmas en la pequeña medida de mis posibilidades. Intérpretes como Gabriel Estarellas son los que de verdad pueden dar la batalla, marcar distancias y alentar a los compositores de hoya que sigan cultivando la guitarra, como los Joachim y los Rubinstein de siempre hicieron y hacen con el violín y con el piano.


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