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Introducción

LA OBRA PIANISTICA DE FALLA
Hubo un tiempo en que estuvo de moda menospreciar el piano de Falla. Se llegó a escribir que era pobre e inhábil y que su contenido musical vagaba como una nebulosa buscando el instrumento idealmente adecuado. No faltó incluso quien, tirando en profundidad, le acusara de pianismo sin construcción, hecho de incisos, lo que, por otra parte, podía trasladarle sin dificultad al resto de su producción no pianística. No le benefició, en este sentido, la celebrada frase de Joaquín Rodrigo referida al piano de la Fantasía Baetica: Es un instrumento que tendría alas de arpa, cola de piano y alma de guitarra.

Nada más alejado de la realidad. Una corriente reivindicadora, cuyos comienzos habría que situar en las rarísimas e inencontrables notas al programa de Luis García-Abrines para un programa Falla de Pilar Bayona (Zaragoza, 2 de junio de 1950) o el luminoso ensayo de Tomás Andrade de Silva en la revista Música (núm. 3-4 de 1953), hasta llegar al libro dedicado al asunto por Antonio Iglesias (Madrid, 1983), han logrado poner las cosas en su sitio.

Y no podría ser de otra manera, ya que la formación musical del Falla joven giró en torno al piano; el solfeo y el piano fueron los únicos estudios oficiales que revalidó, siempre con sobresaliente, en el Conservatorio de Madrid como alumno de José Tragó; y ese instrumento aparece en prácticamente toda la obra de Falla salvo raras excepciones, incluida naturalmente la sinfónica. Llegó a ganar un concurso pianístico teniendo como competidores a pianistas del calibre de Frank Marshall (1905) y durante algunos años, mientras consolidaba su situación como compositor, se ganó la vida tocando el piano e incluso dando clases de piano. Grabó algunos discos tocando la parte pianística de sus obras y, lo más importante, es ante el piano como concibe sus obras.
Falla no es, sin embargo, el típico pianista-compositor a la manera de Granados o Albéniz, pero no porque no pudiera haberlo sido, sino porque decidió enfocar su carrera de un modo diferente. Conocía, pues, la técnica pianística lo suficiente -y más- como para que sus obras se adecuaran perfectamente al instrumento. El piano de Falla, considerado en su aspecto de mecánica instrumental, es perfecto: es la conclusión de un magnífico pianista como Andrade de Silva, y si hace treinta y cinco años era arriesgado defenderlo, hoy ya nadie lo discute.


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