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Introducción

JOAQUIM HOMS
Joaquím Homs nace en Barcelona el 21 de agosto de 1906. Es su padre, médico y a la vez crítico musical, quien desvela su vocación hacia la música. Así, evidenciando una considerable predisposición para este arte, Homs comienza los estudios de violonchelo a la edad de ocho años; durante sus estudios, su padre no sólo le ofrece muchas ocasiones de escuchar conciertos sino que, asimismo, le proporciona partituras de todo género. En 1922, a la edad de dieciséis años, Homs obtiene simultáneamente el título de bachiller y el de profesor superior de violonchelo. Viendo las escasas posibilidades que le ofrecía la profesión de músico, Homs decide ingresar en la Universidad para estudiar la carrera de Ingeniero Industrial, a la cual, una vez obtenido el título en 1929, se dedicará hasta 1971. Tanto en estos años universitarios como en los primeros de ejercicio de la ingeniería, Joaquím Homs desarrolla una considerable actividad como violonchelista, ya sea formando dúo con el pianista Pedro Vallribera o bien integrándose en conjuntos camerísticos más amplios. Sin embargo, la faceta interpretativa, más que interesarle por sí misma, le atrae por lo que representa de posibilidades de conocer más a fondo el arte musical. Así, llevado por este afán y de forma autodidacta, estudiará el piano y finalmente, también por sí solo, se iniciará en la composición. Según manifiesta el propio Homs, este nuevo y ya definitivo interés es suscitado en parte por el ambiente que se respira en los cenáculos artísticos barceloneses de signo vanguardista, por las conversaciones que mantiene con Enrique Roig, las cuales le dan a conocer las creaciones plásticas y literarias más importantes del momento y, muy especialmente, por la audición de la obra Tres poesías de la lírica Japonesa, de Stravinsky, en un concierto que este gran compositor dirigió en el Liceo. Hay otro acontecimiento que le influirá decisivamente en su futura trayectoria: el 22 de diciembre de 1929, a raíz del homenaje que se le ofrece a Robert Gerhard con motivo del regreso de su estancia en Viena y Berlín, donde estudió con Schoenberg, Joaquím Homs escucha por primera vez la música de Gerhard. La audición impresiona profundamente a nuestro compositor, ya que en las obras de Gerhard encuentra numerosas sugerencias y posibilidades para desarrollar nuevos caminos en su música. Igualmente adquiere el pleno convencimiento de que es Gerhard quien puede ayudarle y orientarle en su tarea compositiva. Así, a fines de 1930, Homs solicita a Gerhard que le acepte como discípulo, teniendo la certeza de que si esto no es posible, no buscará otro preceptor. De este modo, en diversos períodos que van desde 1931 a 1936, Homs se convertirá en único discípulo de Gerhard, y ya desde los primeros momentos la relación entre maestro y alumno se convertirá en profunda amistad .
A pesar de que Gerhard no se consideraba especialmente capacitado para la docencia, las enseñanzas que impartió a Homs revelan un alto sentido pedagógico, ya que no sólo se centran en la materia musical sino que se extienden hacia otros campos del arte y la cultura. En definitiva, sin imponer nunca ideas o conceptos, Gerhard proporcionará a Homs una base estética con la cual pueda desarrollar y formar su personalidad musical. De este período son ilustrativas la serie de canciones que Homs compone sobre poemas de J. Carner.
Asimismo, en esta época conoce a la pintora Piedad Fornesa, con quien contraerá matrimonio en 1937, año en el cual, precisamente, su Dúo para flauta y clarinete, compuesto en 1936, es seleccionado y estrenado en el Festival que la Sociedad Internacional de Música Contemporánea (SIMC) celebra en París. Dentro de las dificultades de todo orden que produce la guerra civil, Homs escribe entre 1937 y 1938 su primer Cuarteto de cuerda, el cual también es seleccionado por el Jurado de la SIMC para estrenarlo en el Festival que tiene lugar en Varsovia en abril de 1939, pocos meses antes de que Polonia sea invadida por el ejército alemán. Estas dos audiciones, la amistad con Gerhard, su matrimonio y el nacimiento de su hija Piedad, constituyen los acontecimientos más relevantes de esta primera etapa de la vida de Homs.
Estos horizontes esperanzadores para Joaquim Homs no tuvieron o no fructificaron en la década de los 40 con aquellos resultados que, con cierta lógica, se preveían. Al contrario, las consecuencias represivas que padeció el pueblo de Cataluña al término de la contienda bélica, así como el aislamiento que España sufre a causa de la II Guerra Mundial, inciden gravemente en la difusión de la música de Homs. Así, durante la posguerra se le obliga a residir en Valencia (1939-1941), su amigo y maestro Robert Gerhard vive en el exilio y el ambiente musical es escasamente propicio a la novedad. No obstante, entre 1939 y 1951, Homs escribe una treintena de composiciones de las cuales solamente dos son estrenadas en este período. En estos años, Homs trabaja, pues, rodeado de un angustioso silencio que, sin duda, influye en la evolución de su lenguaje, el cual se reviste de austeras coloraciones, mientras que el acento expresivo adquiere tonos dramáticos y al mismo tiempo tiende a la introversión.
Todo ello se manifiesta claramente en las obras capitales de esta etapa, como son, la Sonata para violín solo, el ciclo de canciones Ocells perduts (textos de R. Tagore), el Quinteto de viento nº. 1, la Misa para coro mixto, los Responsorios y los Cuartetos de cuerda núms. 2 y 3.
Esta situación desoladora va superándola lentamente el compositor a medida que la cultura catalana va recuperando su propia fisonomía. No es ahora el momento de analizar el desarrollo de este proceso; sólo diremos que en el aspecto musical Joaquim Homs participa activamente en la reanimación del sector vanguardista. Sea como conferenciante o bien como publicista, a partir de 1950 aproximadamente Homs contribuye a la difusión de la música de nuestro siglo y asimismo realiza una considerable labor asesora y organizadora de ciclos de audición de música contemporánea en el Club 49 y Música Abierta. De algún modo el conjunto de conferencias y escritos constituye una interesante panorámica de la música contemporánea. Esta tarea, que ya no cesará, culmina de momento con la reciente publicación de la primera biografía que se ha realizado sobre la figura de Robert Gerhard. En cuanto al aspecto organizativo, también cabe destacar su participación activa en la fundación de la Associació Catalana de Compositors, de la cual fue su primer presidente.

Centrándonos exclusivamente en el capítulo compositivo, también el curso de los años comprendidos entre 1950 y 1966 es un período donde Homs consigue importantes resultados en su evolución. Asimismo ha de ponerse de relieve que es en esta época cuando la música de Homs alcanza el pleno reconocimiento dentro del mundo de la música española. Así, en algunas ocasiones se da el hecho de que entre la composición de una obra y su posterior estreno sólo medie un corto plazo de tiempo.

Al margen de algunos ensayos con la técnica dodecafónica realizados en los años 30, más orientados a estudiar las posibilidades del sistema schoenberguiano antes que obedecer a un acto verdaderamente creativo, Homs, por primera vez, aborda en 1954 la composición con el orden serial en su Polifonía per a instruments d'arc. El paso no constituye para el compositor ningún cambio radical en su estilo, sino que más bien es una consecuencia lógica de su necesidad expresiva, así como de liberarse de la angustia que le produce la idea de que todo me está permitido. La normativa dodecatónica en su aspecto combinatorio representa para él uno de los medios para autodisciplinarse y contribuye eficazmente a mantener la unidad en el ámbito de la mayor variedad estructural. Hasta cierto punto el dodecatonismo interesa especialmente al compositor por lo que aporta de coherencia a su lenguaje y como estímulo para explorar nuevas rutas.

Realmente es difícil escoger unas pocas obras entre la cincuentena que escribe entre 1954 y 1966, ya que todas ellas poseen cualidades dignas de ser resaltadas y asimismo en ellas se manifiesta cómo Homs va liberándose y al mismo tiempo flexibilizando los cánones dodecafónicos para integrarlos sin fisuras posibles a la esencia de su lenguaje y estilo. El Trío para flauta, óboe y clarinete, estrenado en el Festival de la SIMC de Estocolmo de 1958, los Tres Impromptus para piano, los ciclos de canciones sobre textos de Espríu Les Hores y Mrs. Death, así como Música para siete, el Cuarteto de cuerda nº. 6, Via Crucis y la Invención para orquesta, son algunos de los títulos que nos ilustran tanto de la fecundidad como del extremado rigor compositivo de Homs.

Entre 1967 y 1970, Joaquím Homs pasa por el doloroso trance de ver cómo fallecen tres personas íntimamente ligadas a su vida. Así, en 1967, muere su esposa, Pietat Fornesa, a la edad de cincuenta y un años, que por su profunda vocación pictórica había comprendido y compartido las inquietudes artísticas del compositor. En 1970 se producen los óbitos de Robert Gerhard, su maestro y amigo, y de ]oan Prats, el compañero en la organización de las actividades realizadas por el Club 49 y Música Abierta.

La pérdida irremisible de estos tres seres tan entrañablemente vitales y unidos a su existencia suscitan en el espíritu de Homs el recuerdo y la evocación de momentos y vivencias que junto a ellos pasó. Su música adquiere un tono nostálgico y dramático que difícilmente se patentiza en su producción anterior, lo cual no significa que llegue nunca al grito o a la exclamación melodramática.

Seguramente por este contenido primordialmente expresivo, Homs, aun basándose en normas dodecatónicas usadas sin dogmatismo, vertebra sus composiciones por medio de las relaciones interválicas que se establecen en el orden serial, concepto que le permite introducir en el curso de la obra nuevas ideas que provienen de otras fuentes como pueden ser circunstancias vivenciales, ambientales o incluso las sugerencias que le proporcionan las nuevas técnicas de ejecución. Dentro de este mundo emocional y con estos planteamientos, Homs concibe una larga serie de obras hasta nuestros días, en las cuales se evidencia la acentuación del carácter emotivo. Así, en el aspecto lírico se comprueba la constante fluctuación melódica dentro de un amplio registro, con lo cual consigue que el juego polifónico se manifieste con tensos y vigorosos contrastes dinámicos. La armonía -generalmente entendida como una consecuencia del libre tratamiento social o contrapuntístico- trasciende el ámbito exclusivamente dodecatónico y parece recuperar conceptos propios de la música modal o incluso tonal. Casi todas sus composiciones de dicho período están concebidas en un solo movimiento polimórfico en el que la sucesión de secuencias contrastadas y relacionadas entre sí, todas ellas derivadas del contenido musical de los compases iniciales de las obras, se van encadenando como los versos de un poema o los distintos miembros que componen una melodía, entendiendo este término en su sentido más general, o sea como una sucesión significativa de períodos de variada estructura y textura.

Por otra parte, quizá donde se producen cambios más sensibles sea en el tratamiento del elemento tímbrico, ya que la coloración instrumental adquiere más luminosidad y desarrolla mayores contrastes de textura, obteniendo con ello una más vigorosa tensión en el desarrollo de las ideas. Presencies (Premio Ciutat de Barcelona 1967) para orquesta, el Quinteto de viento nº. 2, Heptandre (1969), In memoniam Robert Gerhard (1971), Música para 11 -in memoriam Joan Prats-, la serie de Soliloquios (1972), el Trío de cuerdas (1968), los tres últimos Cuartetos de cuerda núms. 6, 7 y 8, Sinfonía breve (1972) y Biofonía (1982), son algunas de las obras en las cuales Homs culmina su fecunda y personal labor compositiva.

Francesc Taverna-Bech del prólogo al Catálogo de Obras, de Piedad Homs. Madrid, Fundación Juan March, 1988.)

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