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Introducción

CONRADO DEL CAMPO (Madrid, 1878-1953)

A los 21 años culminaba Conrado del Campo sus estudios, realizados con brillantez en la Escuela Nacional de Música, actual Conservatorio, con el I Premio de Composición. Los maestros Hierro y Monasterio fueron sus guías en los estudios violinísticos y Fontanilla y Serrano en los de Armonía y Composición, respectivamente. Pero a don Conrado hay que considerarlo como un verdadero autodidacta, y, aunque hay que reconocer la benéfica influencia de las orientaciones de Chapí y los consejos del entrañable amigo P. Casals, él se convirtió en el maestro de sí mismo. Los profundos conocimientos y la vastísima cultura musical y humanística fueron fruto de su inquietud constante y de un estudio tenaz e incesante de libros y partituras. Los viajes a Berlín (1927) y a Bayreuth (1935) constituyeron momentos muy significativos en este ininterrumpido proceso de autoformación.

Conrado del Campo instrumentista (violinista y violista), profesor, compositor, director de orquesta, crítico musical, conferenciante, articulista, colaborador asiduo de Radio Nacional, Académico de Bellas Artes y miembro de diversas corporaciones, etc. y, Conrado del Campo, tomándose siempre muy en serio cada una de las facetas de esta poliédrica actividad. ¡Qué difícil resulta trazar un breve «curriculum vitae», cuando cada uno de estos enunciados constituyen de por sí, jugosos capítulos de una extensa biografía!

Inicia jovencísimo su carrera de instrumentista, que duraría 35 años, en la pequeña orquesta del «Circo de Colón», pasando más tarde a las de los Teatros Apolo y Príncipe Alfonso, y posteriormente a la del Teatro Real, en la que llegó a ser solista de viola, hasta que el teatro cerró sus puertas en 1926. Ese mismo año, ingresó en la Orquesta de la Real Capilla de Palacio, que se disolvió en el año 1935. Paralelamente a esta actividad orquesta!, don Conrado crea (1903) el «Cuarteto Francés», en el que actúa como viola, y que después de 16 años se convierte en el «Quinteto de Madrid», con Turina como pianista, para transformarse, a partir de 1925, en la Agrupación Unión Radio (ocupando José Mª Franco el puesto dejado por Turina), que suspendió su actividad en 1936. ¡Veintidós años de febril actividad por toda la Península Ibérica!

La magia de la batuta, también tentó, ¡cómo no! y de manera especial, a don Conrado. El, que había actuado esporádicamente como director, al morir Arbós (1939) dirigió con una cierta regularidad la Sinfónica de Madrid durante ocho años, estrenando y reponiendo numerosas obras de autores españoles. Con su natural gracejo, J. Turina describía así una de las actuaciones de don Conrado: «... En la actualidad escala el sitial de director de la Sinfónica y obtiene un resonante triunfo, y las interpretaciones de Beethoven y R. Strauss le valieron delirantes y justísimas ovaciones en el Monumental, recinto pequeñito para sus gigantescos brazos. ¡Bien, Conrado, tú pitarás!». Fue uno de los creadores y directores de la Orquesta de Radio Nacional (1947). Al frente de ella ofreció en el programa «Nuestra Zarzuela», más de 200 títulos de partituras, gran parte de ellas olvidadas en los archivos.

Uno duda a la hora de establecer primacías y preferencias, ideales, se entiende, entre don Conrado compositor y don Conrado maestro. Porque si amplio es el número de títulos, no es menor el de sus alumnos, y, si importante fue su tarea creadora, no menos transcendental fue su función magisterial.

Una simple enumeración de sus partituras (en este caso las frías matemáticas son altamente elocuentes ) nos ofrece: Veinte óperas, más de veinticinco zarzuelas, treinta obras de música de cámara en la que destacan los cuartetos, igual número de obras sinfónicas y sinfónico-corales, treinta y cinco títulos para canto y piano y catorce de música religiosa, a lo que hay que añadir ballets, retablos, películas, revistas, etc. He aquí el inventario de medio siglo de incesante creación, que nos asombra por su fecundidad y nos asombra por su versatilidad.

Don Julián Gómez, que fue su sucesor en la Cátedra de Composición, se despidió del amigo desaparecido, trazando un perfil preciso del magisterio largo y fecundo de don Conrado: «Han recibido sus enseñanzas la mayoría de los compositores que han llegado a nuestra vida musical en los últimos 30 años. Y demuestra cumplidamente su tolerancia, su eclecticismo y el respeto a la personalidad de sus discípulos, el hecho de que de sus clases han salido los más atrevidos cultivadores de la música sinfónica más avanzada y los más populares maestros de la zarzuela en sus últimas andanzas. Pero además del magisterio directamente ejercido en sus clases, en el Conservatorio y fuera de él, ha impreso muchas veces dirección a las ideas dominantes, ostentando una especie de magistratura ideal por amigos y antagonistas respetada».


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