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Introducción

A PROPÓSITO DE "WE"
WE
-un nosotros un poco equivoco- tiene una historia larga. A mediados de los sesenta hice la música para La madriguera, de Carlos Saura. En una secuencia de la película, Geraldine Chaplin se vestía de española castiza en Semana Santa de antaño -mantilla, peineta, luto, rosario, etc.-, con el fin de jugar a excitar a su marido. Se me ocurrió sonorizar la secuencia con un montaje a base de gregoriano. La música fue censurada y tuve que escribir otra cosa. Pero la experiencia me sirvió para idear una obra en la que el gregoriano fuese hilo conductor. Pensé en hacer un vasto fresco en el que varias tradiciones musicales se encontrasen, dialogasen y ordenasen con criterios formales forzosamente nuevos y capaces de englobar cualquier material sonoro. Así nació la primera versión de WE, entre 1969 y 1970. Nunca quedé satisfecho con ella, ya que uno de los criterios básicos de la forma, la intermodulación de unos objetos sonoros por otros, estaba lograda de forma insuficiente para lo que yo buscaba. Por fin, el verano pasado, decidí terminarla. Me instalé en Cuenca y, trabajando intensamente en el Laboratorio Electroacústico de su Conservatorio, el 19 de agosto realicé lo que considero la versión definitiva y, desde ahora, única. Como tantas otras veces, la imaginación sonora anduvo por delante de las posibilidades técnicas de un momento. Quisiera dejar aquí constancia de mi agradecimiento al Director del Conservatorio conquense, Pablo López de Osaba, y al técnico que me ayudara a realizar la obra, Leopoldo Amigo.

WE, se adivina, quisiera ser un lugar de encuentro entre músicas y universos sonoros diferentes. Material puramente electroacústico, gregoriano, discursos de todo tipo, músicas árabes, georgianas, maoríes, chinas, tibetanas, etíopes, amerindias, populares europeas, voces de mil clases -Incluyendo la mía-, etc. Su universo es, simplemente (¿'?), lo audible, a lo que se le ha dado una lógica comunicativa.

Salta a la vista la necesaria complejidad, consecuencia de este material heteróclito que es su misma entraña. Para la necesaria cohesión imaginé un agregado de base, que forma, junto con el gregoriano -al que también ordena---, el cañamazo en el que todo se imbrica. El agregado se compone del ocho alturas: la bemol, do, sol, si, fa sostenido, si bemol, fa y la. Para quien haya seguido de cerca mis obras de unos quince años a esta parte, esta combinación le sonará familiar: otras parecidas recorren Kiu, los dos Conciertos para piano Y Orquesta, Tinieblas del agua, Sonido de guerra, Invitación a la memoria, etc. Me atrevo a decir que este entramado vertical -presentado total o parcialmente- es una de las características insólitas de la obra. En efecto, la electroacústica permite relegar a segundo plano la altura precisa, en beneficio de cualquier otro parámetro, posibilidad de la que se ha abusado hasta convertirla, en los peores casos, en un tic. Nada de eso ocurre en WE, en donde la relación interválica es básica para seguir el discurso. Incluso su tímbrica, tan especial, se subordina a él. Pero no se me interprete mal: WE, dado su material de origen, impone un concepto más amplio del intervalo que el de una obra instrumental. Así, me he servido de dos afinaciones: la acústica -tal o tal frecuencia- y la que podríamos llamar intuitiva, o sea la obtenida por mi simple escucha. Estas dos afinaciones se corresponden a los dos materiales básicos: electroacústico y concreto. Y, naturalmente, puesto que de intermodulación se trata, ambas se penetran, cruzan, afirman y niegan.

Existió un disco con la primera versión de WE. hace tiempo agotado. De la definitiva, la casa «Nuevos Medios» ha publicado otro recientemente.

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