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Ciclos de Miércoles:

Introducción


Es esta la tercera vez que organizamos un ciclo de música en torno a una exposición de pintura. El primero, apenas inaugurada nuestra sede, giró en torno a Oscar Kokoschka. El segundo, más reciente, tuvo como pretexto la exposición de Henri Matisse. Ahora la ocasión nos la proporciona Mondrian. Con ello no hacemos más que poner de relieve la identidad de las cuestiones estéticas que preocupan a todos los artistas de una misma época, lo que explica, además la muy frecuente e intensa relación personal entre ellos, cualquiera que sea el arte que cultivan.

    En el caso de Mondrian, y aunque no falten los contactos con los músicos contemporáneos, hemos preferido enfocar el ciclo en torno a su gusto por la música "ligera", especialmente el jazz y el cabaret. El amplio ensayio de Karin v. Maur que editamos, publicado anteriormente en el catálogo de la exposición "Mondrian, Zeichnungen, Aquarelle, New Yorker Bilder". Staatsgalerie, Stuttgart 1980, y reelaborado y ampliado por la autora para esta ocasión, ahonda suficientemente en la justificación teórica de este gusto, al que no son ajenos otros artistas contemporáneos, incluidos los músicos.

    Frente a la aparente homogeneidad del consumo musical de principios de siglo, en el que la distancia entre los públicos de conciertos y óperas respecto a la vanguardia era cada día mayor, nace con el siglo una poderosísima corriente musical por presión de un público cada vez más amplio que ya no se reconoce del todo en la música culta y en su entorno un tanto envarado, y que tampoco se sacia con el sucedáneo de la opereta o la revista musical, espectáculos excesivamente aburguesados. A ejemplo del ya tradicional café concierto, florece un nuevo tipo de espectáculo sin representación dramática, basado en "números" no siempre musicales, como el cabaret, el music-hall, el café-chantant, las variedades en suma que, sorprendentemente, empiezan a interesar a literatos y artistas como un elemento decisivo de ruptura con la tradición romántica y la sacralidad del arte oficial. En este contexto, la aparición del jazz -su difusión en Europa, en realidad- tuvo caracteres de verdadero acontecimiento. Si a ello añadimos que fueron estos tipos de música los principalmente difundidos por el disco y el cine, y conectamos estos hechos con la arrolladora superioridad del capitalismo americano respecto al europeo, tenemos ya algunas de las claves que explican cómo un arte menor, nacido para saciar las ansias de evasión de masas cada vez más numerosas, pudo tener tanta influencia en la estética contemporánea. Y aunque es, tal vez, más interesante perseguir su sombra en los escritos teóricos, dió lugar también a piezas artísticas de alto interés: un arte demasiado descarado para ser tomado en cuenta por los músicos "serios", demasiado intelectual para ser popular, pero con un encanto indiscutible.

    Hemos programado para iniciar el ciclo una sesión de jazz. Aunque comenzamos oyendo uno de los discos favoritos de Mondrian, tomada la pieza del ejemplar que poseyó el pintor, inmediatamente pasaremos el testigo a cuatro músicos de nuestros días que hará no una sesión "arqueológica" sino el jazz habitual de hoy: ni vanguardia, que también la hay, ni retaguardia. En el segundo concierto repasaremos la influencia del cabaret a través de dos músicos bien diferentes, el siempre sorprendente Satie y el colaborador de Brecht, Kurt Weill. En el tercero trataremos de ofrecer un reflejo de la influencia del jazz en el piano culto de nuestra época, incluyendo una obra primeriza e infrecuente de uno de nuestros compositores más atractivos.

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