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Canciones de amor

3, 10 y 17 diciembre 1994
Conciertos del Sábado:

Introducción

La relación amorosa es sin duda el asunto que predomina en la música profana europea desde que los trovadores provenzales del siglo XII reinventaron el "amor cortés".

Dos variantes fundamentales afloran desde el principio: la canción de amigo (dicha por la enamorada) y la de amiga o "de amor" (cantada por el amante). Los poetas hicieron uso de todos los recursos imaginables para abordar el tema amoroso. La descripción del objeto amado, en primer lugar: Ojos (flechas, sonrisa, lágrimas), párpados (ensueño, provocación), mejillas (rubor, más lágrimas), labios y boca (besos), pecho (corazón, suspiros), brazos (abrazos) y, por supuesto, cabellos, voz y otros pormenores que no es necesario especificar. De todo ello encontramos ejemplos en este breve ciclo, así como de los recursos que les proporciona la naturaleza: Las cuatro estaciones, cada una simbolizando estados anímicos, flores y árboles (mirtos, lilos, rosas, muguet, almendros..), pájaros (tórtola, alondra, mirlo, ruiseñor) y otros animales (mariposas, ciervos...), así como los cuatro elementos (tierra, agua, fuego, aire) y la noche (las sombras, la luna), el día (la luz, el sol), amanecer y atardeceres.

Y también encontraremos todos los estados de ánimo posibles: dolor-alegría, esperanza-desesperación, soledad-reencuentro, miedo, fidelidad, constancia, evocación, memoria, desolación... y paz, orgullo, picardía, ironía, pasión. Muerte y vida, ángel y demonio, aldea y corte, la invitación a cortar las rosas de la vida (carpe diem), y la melancolía del bien perdido. Prototipos masculinos, casi siempre anónimos, y femeninos (Amarilis, Corina, Belisa, Claudine, Margarita, Silvia, Hortensia...) que simbolizan las mil variantes del juego amoroso, están presentes en los tres recitales del ciclo.

Comenzamos con una pequeña monografía de la canción inglesa de la época isabelina, que hemos confiado a un contratenor con el preceptivo acompañamiento del laúd. La voz elegida quiere subrayar el carácter manierista de muchas de estas bellísimas canciones, a medio camino de los recursos empleados en el Renacimiento y atisbando ya algunas de las soluciones del Barroco. Son las canciones que oían los contemporáneos de Shakespeare, en cuyo teatro sonaron algunas idénticas o muy parecidas.

Aunque hay canciones amorosas en todas las épocas, el segundo recital nos ofrece un pequeño panorama de las que se escucharon en el siglo XIX, el siglo romántico. Comienza con ejemplos del lied germánico, una de las cumbres del género, y luego hace una pequeña exploración por la chanson francesa, la romanza italiana y su reflejo en las tonadillas de Granados.

El tercer concierto explora el asunto en nuestro siglo con una contrastada propuesta tanto en lo formal como en lo temático. De la frescura popular de La dona ideale de Berio al hermetismo de Ives. Del surrealismo de los Trois poèmes d'amour de Satie a la desconocida y divertida faceta de autor de cabaret de Schönberg. De la melancolía de Mompou a la frivolidad de Gershwin. De la elegancia de Après un rêven al intimismo de Im Zimmer. De la inocencia de Sylvie y La reine de coeur a la pasión de Nous avons fait la nuit. De la desesperación de Wie lange noch? a la alegría de Je te veux. Todos son contradicciones, como en este siglo XX, o como en el Amor a lo largo de la historia.


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