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Conciertos del Sábado:

Introducción

El primero de los ciclos de "Conciertos del Sábado" en esta temporada girará en torno al arpa: Tanto a solo como en dos combinaciones camerísticas, repasaremos a lo largo de cuatro conciertos algunas de las obras fundamentales destinadas a este instrumento en los tres últimos siglos, así como otras adaptadas a él por eminentes arpistas.

No es ésta una fórmula extraña a estos ciclos sabatinos, pues en ellos hemos oído mucha música "alrededor de" instrumentos como el violonchelo, el clarinete, la flauta, el violín, el pianoforte o el piano.

En esta ocasión, además del valor intrínseco que tienen los autores y las obras elegidas, hemos querido ofrecer un nuevo homenaje -esta vez, desgraciadamente, póstumo- a uno de los músicos españoles más egregios de nuestra época: Nicanor Zabaleta, el príncipe del arpa en el siglo XX, fallecido hace unos meses.

Nacido en San Sebastián en 1907, Nicanor Zabaleta realizó sus primeros estudios de arpa en España con Vicente Tormo, Pilar Michelena y Luisa Menárquez, y los amplió en París con Tournier y otros maestros. Dedicado exclusivamente a actividades de concertista, Nicanor Zabaleta recorrió con gran éxito todo el mundo. Intérprete de lo más selecto de la producción clásica, también lo fue de numerosos compositores modernos y contemporáneos que hicieron precisamente obras para él; entre otros, Bacarisse, Glanvile-Hicks, Lecuona, Palau, Pittaluga, Rodrigo... Fue también importante la labor de este arpista en el terreno de la investigación, por sus descubrimientos acerca de las composiciones para arpa, sobre todo españolas y portuguesas, correspondientes a lo siglos XVI y XVII.

El 26 de abril de 1978 la Fundación Juan March le rindió un homenaje y en esta misma sala, abarrotada de público, el propio Zabaleta interpretó para nosotros obras de Cabezón, Mateo Albéniz, Bacarisse, el P. Donostia e Isaac Albéniz.

Del eco suscitado entre la crítica madrileña por aquel recital, nuestro "Boletín Informativo" recogió algunos fragmentos. Antonio Iglesias escribió en Informaciones:

"Tocó Zabaleta un repertorio exclusivamente español, que añadiría una clara significación de la voluntad de nuestro artista insigne. Nos bastaría la poesía obtenida en la Arietta, de Bacarisse, y la brillante técnica admirada en la siguiente, Toccata en rondó, del mismo compositor, para que volviésemos a unir nuestro aplauso a los intensos que registró la emotiva sesión".

Por otra parte, Fernández-Cid, crítico musical de ABC, opinó que "con Zabaleta, buscador e impulsor también de obras, el arpa se hace vehículo de músicas puras, firme la técnica, inacabable el estilo con el talismán que es privilegio de los "grandes": el sonido inconfundible, lleno, dulce, rico en la variedad de timbre"; y subraya asimismo el aspecto humano del arpista: "Nicanor Zabaleta -afirma- es un vasco fiel a su origen, un español de una pieza, una persona de bien, lejos del viejo cliché del artista bohemio: natural sin aspavientos, cordial sin afectaciones".

Finalmente, el crítico Enrique Franco opinaba en El País que ese mágico carisma de Nicanor Zabaleta, encuentra su secreto en "olvidarse del "arpa de salón"; dejar a un lado el arpa becqueriana olvidada por su dueño en el ángulo oscuro. Hacer, lisa y llanamente, música. Con rigor, ambición, variedad de matices y depuración de estilo. El arpa, por otra parte perdía con Zabaleta su romántica condición femenina para convertirse en vehículo robusto y varonil".

Pero la catarata de elogios sobre Zabaleta venía de lejos, y en todo el mundo. Por ceñirnos solo a escritores españoles, y tomándolos del programa de mano de aquel memorable concierto en nuestro salón de actos, volvemos a recoger dos de ellos:

Gerardo Diego, escribía en El Imparcial, el 30 de abril de 1933: "Zabaleta es de esos excepcionales artistas a los que hay que poner como término de comparación o dechado inigualable cuando se trate de instrumentistas del mismo poético instrumento. El arpa en sus manos se irisa de incontables matices de sonoridad y se hace susceptible de albergar la música más rica y diversa".

Un testimonio más de la gran aceptación que Zabaleta ha tenido y tiene dentro y fuera del ambiente estrictamente musical es el del escritor José Bergamín: "El arpa prodigiosa y mágica de Zabaleta nos dice la música con nueva y nunca oída, ni vista, vibración o estremecimiento, que, como el ritmo de la sangre ardorosa que la enciende, nos transmite un lenguaje, esencialmente poético, mensajero audaz de extrañísimas, peregrinas, consonancias: Las músicas de Bach, Rameau, Scarlatti..., o las de Debussy, Ravel y Falla..., se nos aparecen por esta versión del arpista misteriosamente iluminadas de novísima juventud".

Ojalá sirvan estos conciertos para mantener vivo en la memoria el prodigioso sonido de Zabaleta, a quien queremos recordar como uno de los mejores intérpretes españoles de todos los tiempos, un lujo de nuestra cultura musical.

F.J.M.


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