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Ciclos de Miércoles:

Introducción

Zabaleta no es solamente un virtuoso de su instrumento, sino un músico en toda la extensión de la palabra.

Gran temperamento, sensibilidad, una pulsación robusta y varonil, estilo severo y de gran depuración, una técnica donde se reúnen todos los matices de mecánica y gusto, son otras tantas ventajas de Zabaleta.

Adolfo Salazar («El Sol», 23 abril 1929.)

Oyendo tocar a Zabaleta

Lozanía del arpa

El arpa prodigiosa y mágica de Zabaleta nos dice la música con nueva y nunca oída, ni vista, vibración o estremecimiento, que, como el ritmo de la sangre ardorosa que la enciende, nos transmite un lenguaje, esencialmente poético, mensajero audaz de extrañísimas, peregrinas, consonancias. Las músicas de Bach, Rameau, Scarlatti..., o las de Debussy. Ravel y Falla..., se nos aparecen por esta versión del arpistaque, al expresarlas de tal modo, parece como si las apurase y desnudase hasta la última raíz de su más intima pureza—, misteriosamente iluminadas de novísima juventud, de sorprendente lozanía. Lozanía juvenil de salubre inmortalidad es la que adquieren por el arpa de Zabaleta éstos y otros músicos maestros que por su magistral brujería, prodigiosa, mágica, surgen ante nosotros tan enteramente de nuevo, como imprevista maravilla. Nos deja perplejos este milagro que, como decimos, desnuda o revela inmensamente las músicas, que tantas veces escuchamos, antes, sin llegar a esa última, secreta, intima razón y pureza de su ser, el más verdadero.

... En el arpa de Zabaleta, la música no «vagabundea por el vacío» ni «salta en las tinieblas», como diría su paisano vasco, nuestro inolvidable don Miguel, sino que como mejor dijo la santa de Avila: «Salta por encima de su sombra, a su sol.»

... La música, por la mano de Zabaleta, recupera su poética lozanía al dejarse apresar y expresar por esa red ilusoria y libertadora de su arpa; por eso decimos que es el arpa de este prodigioso artista la mejor prueba de la música por la poesía; la revelación poética de aquellas músicas mejores; porque las monta al aire como se hace con una joya, o como si lo hiciera, decimos, al lomo quimérico, poderoso, de la poesía, del inmortal Pegaso invisible.

José Bergamín

Zabaleta —que posee un bello sonido y una pulsación robusta— está dotado de una fina sensibilidad musical y de un temperamento de intérprete de primer orden.

Rodolfo Halffter («El Sol», 8 junio 1930)

Zabaleta es de esos excepcionales artistas a los que hay que poner como término de comparación o dechado inigualable cuando se trate de instrumentistas del mismo poético instrumento. El arpa en sus manos se irisa de incontables matices de sonoridad y se hace susceptible de albergar la música más rica y diversa.

Gerardo Diego («El Imparcial». 30 abril 1933)

Nicanor Zabaleta es uno de los instrumentistas jóvenes españoles de más talento y de más claro porvenir.

Formado en la escuela francesa, tiene la flexibilidad de toque y el sonido depurado propio de ella, con un sello personal y una musicalidad nativa que presta a sus interpretaciones seriedad y delicada nobleza, verdadera alcurnia artística.

Regino Sainz de la Maza («La Libertad», 14 abril 1933)

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