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Ciclos de Miércoles:

Introducción

GUITARRA

(dedicado a Regino Sainz de la Maza)

La guitarra,
hace llorar a los sueños.
El sollozo de las almas
perdidas,
se escapa por su boca
redonda,
y como la tarántula
teje una gran estrella
para cazar suspiros,
que flotan en su negro
aljibe de madera.

Federico García Lorca

          De las dos guitarras españolas, la morisca y la cristiana, Regino Sainz de la Maza ha descolgado la latina y austera para tañerla. Antes se miró las manos. alargadas, nerviosas. A veces la izquierda, en los enredos difíciles de los trastes, casi sarmentosa, arácnida.

          Después de contemplar sus dos manos, con esa morosa mirada alternativa con que el buen lautista, vihuelista, guitarrista en trance de afinación y caricia previas, va sucesivamente del árbol al pozo y otra vez a la rama, comprendió que su alma pertenecía desde su nacimiento mismo a la tradición de la Vieja Castilla, la de Burgos y las tierras altas y bajas de pasiegos, y que no podía venderla así como así a las tentaciones morunas o rabínicas de aljamas y alcaicines. y no por carencia de sensualidad ni desestima de los hechizos redondeados y agraciados de hoyuelos. De cuando en cuando -desde luego cuando hace falta, aunque siempre nos sorprenda el momento- la guitarra. la casi vihuela quinientista de Regino. se estremece con una ráfaga del viento de Levante que le llega, urgiendo etapas, de la entraña más recóndita y fabulosa del Irán. Ese toque de fuego que nos hinca una llaga, gracias a Dios efímera. en la mejilla indefensa, es cosa muy distinta del ardor constante y sereno que una brisa de alta meseta con vecindad de cielo nos envía en cada contrapunto punteado desde la biznieta del laúd de Dowland y de la vihuela de Mudarra que es la guitarra de Regino.

          El buen aragonés Gaspar Sanz, un tanto mudéjar en el fondo. asiente y toca las palmas dejando a un lado su guitarra ritmada y rasgueada.

          Y por eso, por todo ese linaje sin sombra de pecado racial. y por su señorío elegantísimo y por su natural profundo de músico -maestro, menestral y creador- (lástima que se prodigue tan poco en la composición que tan jugosa y anchamente española le brota), Regino Sainz de la Maza puede permitirse el lujo de tocar en la guitarra cinco siglos de música ibérica y universal con la misma hondura campeadora y justísima.


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