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Conciertos del Sábado:

Introducción

El clarinete es un instrumento de viento-madera de forma cilíndrica con un ensanchamiento en forma de clarín en su final, con una boquilla constituida por una lengüeta simple de caña y varios agujeros que se tapan con los dedos o por medio de un juego de llaves. Se incorporó a la vida musical del siglo XVIII con una fuerza considerable y llegó a convertirse en uno de los instrumentos favoritos de compositores como Mozart, Rossini o Carlos María von Weber.

El siglo XIX, el siglo del Romanticismo, aportará una nueva música y también un nuevo espíritu al Joven instrumento. Beethoven comienza a otorgarle un papel importante a partir de la Tercera Sinfonía, y en la Sexta, la Pastoral, se hace indisoluble del canto de la naturaleza y de los pájaros, de la misma manera que Wagner, en Sigfrido, le liga, en una hermosa instrumentación de conjunto, a la evocación de los murmullos del bosque. Sus características cantables hacen de él uno de los instrumentos más afines a esa nueva sensibilidad romántica que cobra una voz de intimidad y lirismo expresivo en las obras que para el clarinete escribirán Schumann y Brahms.

Otra innovación importante enriquecerá al clarinete, ya en nuestro siglo: el "jazz", que le otorgó un papel de estrella en esa música nueva y diferente, tantas veces genial, a través de sus grandes intérpretes, como Benny Goodmann o Reginald Kell. No sólo le añadió una nueva sonoridad más incisiva, más violenta y estridente incluso, sino que en una hermosa simbiosis unió su lenguaje con el mejor clarinete de la música culta de nuestro siglo: Debussy, Poulenc, Bartok, Hindemith o Stravinsky, con su Concierto de Ebano, son, en este sentido, un admirable ejemplo.

En los cinco recitales de este sexto ciclo de Conciertos del Sábado vamos a tener una buena oportunidad para repasar alguna de las obras maestras que, en la música de cámara, han tenido en el clarinete su medio de expresión.

Es bien conocido el interés de Mozart, en sus últimos años, por este instrumento para el que compuso un Concierto, un Quinteto y un Trío. Nuestro ciclo comienza con tres Cuartetos que no nacieron como tales, sino que son transcripciones de músicas anteriores: dos Sonatas y un Trío. Fue costumbre de la época hacer estas transformaciones, y el propio Mozart las realizó en alguna ocasión. No en ésta, al parecer. Aparecieron publicados después de su muerte con el título de: Trois Quatuors pour Clarinette, Violon, Alto et Violoncelle composés para W A. Mozart. Oeuvre 79 (J. André, 1799). Su reciente publicación en las ediciones Le Travesier, con excelente nota introductoria de H. Voxman, y las dos grabaciones discográficas que ya han aparecido nos permiten a nosotros presentarlas en Madrid, por vez primera, con motivo de este ciclo.

También nos hemos permitido la licencia de escuchar la Sonata Arpeggione, de Schubert, en una vieja transcripción para clarinete y piano. En realidad, siempre que escuchamos esta música tan hermosa, se trata de un instrumento que sustituye al original, hoy desaparecido.

La similitud de la tesitura del clarinete, en la sección del viento- madera, con la de la viola en la de cuerda, ha originado que algunas obras célebres hayan sido publicadas para ser tocadas por uno u otro instrumento. En nuestro reciente ciclo de «Músicas para la viola» (enero, 1990) hemos podido oír la primera de las dos sonatas de Brahms, que ahora volveremos a escuchar, pero de otra manera.

El ciclo, por último, contiene obras que abarcan dos siglos largos de historia de la música: desde Mozart a Jesús Villa Rojo, el excelente compositor-clarinetista a cuya iniciativa (Grupo LIM) debemos más de un centenar de obras de autores actuales dedicadas a ese instrumento. Era obligado que en este ciclo interviniera tanto él como su música.

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