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Conciertos del Sábado:

Introducción


El quinto de los ciclos de Conciertos del sábado gira «alrededor del violonchelo». Puede ser, pues, un buen complemento para quienes hayan escuchado algunos de nuestros ciclos dedicados al violín o el más reciente titulado «Música para la viola», organizado en los miércoles del pasado mes de enero.

En los cuatro sábados de febrero tendremos la oportunidad de oír al violonchelo de cuatro maneras diferentes: no agotan todas las posibilidades de sus funciones camerísticas, y también está ausente su participación en el género concertante (conciertos a solo, en dúo con el violín, en trío...) y en el sinfónico. Pero, volviendo a la música de cámara, objetivo único de nuestros conciertos, creemos que estas cuatro maneras son un buen resumen de la cuestión.

En el primer concierto escucharemos al violonchelo solo. Desde las seis suites de J. S. Bach, escritas cuando, en 1722, estaba al servicio de la corte ducal de Kothen, hay bastante literatura musical escrita para que un instrumento esencialmente monódico explore también la polifonía. Junto a una de las bellísimas obras de Bach, hemos seleccionado una de autor español contemporáneo que ofrecemos a nuestros espectadores en estreno absoluto: La Sonata nº 7 Canto de amor; del palentino Claudio Prieto. Músico de sólido prestigio al que no hace mucho teníamos en esta misma sala presentando su Cuarteto de primavera, obra encargo de la Fundación Juan March. Claudio Prieto se formó en el Conservatorio de Madrid y en la Academia Nacional de Santa Cecilia de Roma. También gusta decir en su «curriculum» que recibió provechosas enseñanzas de Samuel Rubio, el prestigioso agustino de El Escorial, padre de la escuela musicológica madrileña. Sin embargo, sobre todas estas influencias y las de los cursos de Darmstadt en Alemania, en las músicas de Claudio Prieto hay, sobre todo, un esfuerzo grande por encontrar una voz personal.

El segundo de los conciertos ofrece músicas muy pocas veces escuchadas de autores muy conocidos. El diálogo del violonchelo con el contrabajo, además, permitirá la comparación de dos instrumentos que, en la orquesta, muchas veces se confunden porque tocan las mismas notas, aunque a una octava de distancia.

El dúo del violonchelo con el piano es el conjunto más normal y dispone de una literatura muy abundante, que arranca de la serie de cinco sonatas y dos variaciones que Beethoven le encomendara. Hay numerosos antecedentes a estas obras: el mismo Boccherini, excelente violonchelista, escribió no menos de 32 sonatas para violonchelo y bajo continuo, dos de las cuales hemos escuchado en el concierto anterior encomendando el bajo al contrabajo: pueden tañerse igualmente con dos violonchelos o con violonchelo e instrumento de tecla; pero lo que Beethoven inauguró, y en este concierto podrá rastrearse, es el verdadero dúo, con el piano en perfecto equilibrio.

En el cuarto concierto, finalmente, oiremos al violonchelo como integrante de la formación más prestigiosa entre las camerísticas: el cuarteto de cuerda. Hemos solicitado a los intérpretes dos obras en las cuales el violonchelo tenga una gran participación, para que así pueda ser contrastada con la del resto de los instrumentos de su grupo familiar.

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Fundación Juan March
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