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Metales y órgano

13, 20 y 27 enero 1990
Conciertos del Sábado:

Introducción


El cuarto ciclo de nuestros Conciertos del sábado gira alrededor del dúo que forman, con el órgano, los tres instrumentos básicos de la sección de metales: la trompeta, la trompa y el trombón.

Suele creerse, erróneamente, que la excelente mezcla de timbres que logran los tubos de órgano con los tañidos directamente por boca de los intérpretes se debe a que, al menos algunos, son de la misma familia instrumental. A esta creencia contribuye el que algunos registros del órgano llevan nombres como trompeta real, trompeta magna, clarín y otros similares. Pero una cosa son los nombres y otra es la realidad.

Como los instrumentos de la familia del metal generan su sonido a través de la vibración de los labios del tañedor, es obvio que tales instrumentos no pueden darse en el órgano. Los tubos de este instrumento, desde el punto de vista de la organología, son de dos clases: o bien de la familia de las flautas, o bien de la de las lengüetas. De modo que las trompas, trompetas y clarines de los órganos no son tales -aunque a veces los imiten muy bien-, sino instrumentos de lengüetería. En los órganos históricos españoles es frecuente que sus tubos sobresalgan horizontalmente de la caja: es la mal llamada «trompeteria horizontal», «trompeteria exterior».

Cuando un organista y un tañedor de instrumentos de la sección de metal tañen juntos, se logra una mayor variedad tímbrica porque se dispone, en pequeño, de los tres tipos básicos de la sección de aerófonos: flautas, lengüetas artificiales y lengüetas naturales.

El gran problema que tienen estas formaciones es que apenas disponen de repertorio original. No se trata, en absoluto, de que no hayan tocado así a lo largo de la historia, sino que tocaban las más de las veces improvisando, y no han llegado muchos testimonios escritos sobre ese repertorio.

Suelen, por ello, los dúos que hoy tanto proliferan echar mano de transcripciones, sobre todo de algunas obras que parecen estar compuestas "para toda suerte de instrumentos"; es decir, para todos en general, para ninguno en particular. Téngase en cuenta que el factor tímbrico es una conquista relativamente moderna, y que en la música histórica encontramos con relativa frecuencia títulos como el de las obras de Antonio de Cabezón, editadas por su hijo Hernando: Música para tecla, arpa y vihuela.

En todo caso, como decían nuestros mayores, lo principal es sonar bien, por lo que no importa demasiado -si están bien tañidas- que las obras sean o no originales para la formación que escuchamos. Habría que distinguir, de todos modos, las obras en las que la transcripción es del solista, de las que la transcripción es sólo del «acompañamiento»; hay también alguna en que la reelaboración es total, y no falta alguna obra original.

Hemos intercalado algunas composiciones para órgano a fin de que el solista de este tipo de instrumentos pueda descansar, ya que un esfuerzo tan continuado podría dañar sus labios.

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