menu horizontal
Botón que abre el buscador
Botón que enlaza al Calendario
Conciertos del Sábado:

Introducción


El tercer ciclo de Conciertos del sábado, en los días finales del año, desea presentar un género de música de salón que floreció en el siglo XIX con funciones muy precisas y se expandió a lo largo de la primera mitad del siglo XX, siempre girando en torno a la danza no profesional: A los bailes que danzaba la gente para divertirse, y que muy pronto los compositores cultos acogieron en sus obras de más empeño.

Al igual que había sucedido con las danzas del barroco, algunas de las cuales conformarían luego la Suite -y otras, aún más persistentes, lograron un hueco en sinfonías y cuartetos-, las danzas del XIX también trascendieron múltiples veces su primera función. y así, un pasodoble es el alma de La oración del torero, de Turina, un pequeño y delicioso poema escrito, precisamente, para un cuarteto de bandurrias y laúdes, tal y como ahora se interpreta.

Este primer concierto acoge, pues, danzas nacionalistas y castizas que logran una nueva vida en el concierto o en el ballet (Sonatina, de Ernesto Halffter).

En el segundo, damos un salto a los Estados Unidos de América, presentando algunos temas de ragtime, la música más representativa del salón americano de los años veinte, y con una doble perspectiva: La de los hombres del jazz, que tantas veces se inspiraron en ellas, y la de una improvisación actual sobre estos temas, a cargo de uno de los pocos intérpretes españoles que pueden recrear este mundo con absoluta solvencia.

En el tercero, aunque contiene recuerdos de los dos primeros conciertos (Sarasate, S. Joplin), nos concentramos en el ambiente del vals vienés, en sus polkas y en sus guiños melancólicos que atraviesan la aparente alegría. Es la familia Strauss, naturalmente, quien nos sirve de guía. Cuentan las viejas historias que una dama pidió a Brahms un autógrafo musical para su álbum de recuerdos. El viejo hamburgués, ya vienés de adopción, copió los primeros compases de El bello Danubio azul y escribió debajo: «¡Ojalá se me hubiera ocurrido a mí!» Algo similar parece que le contestó Falla a Stravinsky cuando oyeron en el Madrid de 1916 a una orquestina tocando un pasodoble: El ruso comentó al gaditano lo que ellos hubieran podido hacer con la bella melodía que escuchaban; Falla, más sincero, se lamentó de la dificultad de inventar temas semejantes.

Músicas, pues, las más de ellas en estado químicamente puro, sin apenas elaboración, nos muestran con gran precisión el perfume de las épocas que las vieron nacer, de las gentes que se divirtieron con sus ecos.

Subir

Fundación Juan March
Contactar
Castelló, 77 – 28006 MADRID
+34 91 435 42 40
https://www.march.es/