menu horizontal
Botón que abre el buscador
Botón que enlaza al Calendario

El patrimonio musical español

28 mayo, 4, 11 y 18 junio 2003
Ciclos de Miércoles:

Introducción

En enero de 1983 programó la Fundación Juan March un triple homenaje titulado Musicología hispánica, tres maestros dedicado a Samuel Rubio, Miguel Querol y M. Santiago Kastner. Desaparecidos ya los tres, la deuda de gratitud que entonces les expresábamos no se agota con ellos, sino que tiene antecesores y, sobre todo, sucesores. Entonces decíamos y ahora nos reafirmamos que "casi siempre, salvo para el oyente especializado, la penosa labor del musicólogo ha quedado oscurecida no ya por el nombre de los autores o de las obras que escuchamos gracias a ellos, sino por el de los mismos intérpretes que nos las hacen revivir. Hoy queremos invertir el orden y enfocar nuestra atención y la de nuestros oyentes en las figuras que descubrieron, catalogaron, editaron y, en muchos casos, salvaron las obras que constituyen nuestro patrimonio musical."


En lugar, sin embargo, de enfocar la luz sobre unos pocos musicólogos (y los hay bien señeros y merecedores de ello, como Robert Stevenson o José López Calo, por ejemplo, con muchos de los cuales esta Fundación tuvo relaciones muy estrechas en forma de ayudas y becas para realizar sus investigaciones) hemos preferido hacerlo esta vez sobre la Sociedad Española de Musicología, que celebra su XXV aniversario con unos resultados que quienes la fundaron en 1977, con Samuel Rubio a la cabeza, no se atrevían ni a soñar. Pero no es el pasado lo que deseamos agradecer, sino el futuro pujante que en forma de muy diversos proyectos tiene la SEdeM lo que la Fundación Juan March quiere estimular acogiendo entre sus ciclos uno organizado conjuntamente con ellos. A través de Radio Clásica, muchos oyentes disfrutarán con excelente música española de los siglos XVII, XVIII y XIX, pero aprenderán también que en ese disfrute tienen un saldo deudor no sólo con autores, intérpretes y organizadores, sino con los musicólogos y sus pacientes trabajos.

Deseamos, en suma, muy larga vida a la SEdeM.


Fundación Juan March

______________________________________________

INTRODUCCIÓN GENERAL

La Sociedad Española de Musicología y nuestro patrimonio musical.

Durante el curso 2002-2003 la Sociedad Española de Musicología (SEdeM) viene celebrando su XXV aniversario y lo ha querido hacer difundiendo la música española, cuyo conocimiento y recuperación es uno de sus principales objetivos. En efecto, como asociación científica, cultural y docente, la SEdeM tiene entre sus fines el estudio y la difusión de la Musicología y de la Música en general, con especial énfasis en el conocimiento, recuperación y divulgación del patrimonio musical español y sus ramificaciones históricas y geográficas. Por ello ha venido promoviendo toda clase de tareas musicológicas relacionadas con él, tales como la organización de congresos, simposios o jornadas de estudio, el fomento de la investigación musicológica y la ayuda, en la medida que se lo han permitido sus medios económicos, a la publicación de trabajos especializados, así como la realización de otras actividades que fueran convenientes o necesarias para mejorar la proyección del patrimonio musical español hacia la sociedad.

La SEdeM se fundó en 1977, gracias a la voluntad de una treintena de eminentes musicólogos que quisieron sumar sus esfuerzos en favor de la investigación y de la difusión de la música española. Su primer presidente fue el P. Samuel Rubio, catedrático de Musicología del Real Conservatorio Superior de Música de Madrid, cuya labor ha sido continuada por otros destacados investigadores que han contribuido a la expansión y afianzamiento de la misma. En estos momentos cuenta con cerca de 800 socios, de los que un centenar son extranjeros. Para ellos se edita un Boletín, que es el órgano informativo y de comunicación entre todos sus miembros y la Revista de Musicología, que es el órgano científico de la Sociedad, de aparición semestral, con textos, ilustraciones y ejemplos musicales, y con secciones fijas dedicadas a artículos científicos, textos históricos, bibliografía y noticias. A lo largo de estos 25 años se han editado sus correspondientes 25 volúmenes en 50 tomos, donde se recogen unos 1.630 textos, entre artículos de investigación, reseñas y noticias musicológicas, de 634 autores diferentes. Además, la SEdeM edita una serie de publicaciones de gran interés musicológico que comprenden diversas temáticas: a) Catálogos y documentación (9 títulos editados), b) Estudios (8 títulos), c) Ediciones de música antigua (15 títulos), d) Cuadernos de música antigua (15 títulos) y e) Ediciones en facsímil (4 títulos). Todas ellas son valiosas aportaciones de nuestros socios más activos.

La SEdeM ha organizado a lo largo de estos 25 años de existencia 5 Congresos Nacionales de tema amplio (Zaragoza, 1978; El Escorial, 1983; Granada, 1990; Madrid, 1997; y Barcelona, 2000) con gran afluencia de participantes, además de haber sido la anfitriona del XV Congreso de la Sociedad Internacional de Musicología (Madrid 1992). Al mismo tiempo, ha organizado simposios y encuentros con temas más restringidos, donde se ha ocupado tanto de la música del pasado (Alfonso X el Sabio y la Música, La música para teatro en España, La Música en la abadía de Silos, etc.) como de la del presente (Musicología y Música contemporánea). De todos estos eventos se han publicado las Actas. Para fomentar la investigación, la SEdeM convoca anualmente un Premio de Investigación musical y de Estudios musicológicos que cuenta ya con XVIII ediciones.

Además de todo lo reseñado, la SEdeM ha iniciado recientemente una colección de CDs de música española inédita, El patrimonio musical hispano, en la que lleva editados 8 compactos, con obras de Compositores de las Comunidades de Madrid y Castilla-La Mancha, pretendiendo ampliar la serie a otras Comunidades. Cada disco va acompañado por un libreto con los datos históricos y analíticos pertinentes, elaborados por aquellos de nuestros socios especializados en sus temáticas. Con la serie discográfica queremos poner al alcance no solamente de los especialistas, sino también del melómano, repertorios inéditos de nuestros músicos españoles, y puesto que la finalidad de muchas investigaciones es la de dar a conocer la propia música, no sólo a través de la reconstrucción de la partitura -que es lo que el investigador ha venido haciendo normalmente-, sino de su interpretación, queremos sumarnos a los esfuerzos de tantos músicos y de algunos musicólogos que desde hace varios años vienen persiguiendo el mismo objetivo, y coordinar así alguno de estos proyectos. No queremos competir en el mercado con otros sellos más comerciales, porque nuestras ediciones responden a un proyecto meramente cultural e informativo, pero sí queremos llenar, en la medida de nuestras posibilidades, y aunque sea mínimamente, las numerosas lagunas que aún tenemos en nuestra historia de la música española y ofrecer audiciones válidas, realizadas con rigor, con instrumentos de época y criterios historicistas, de obras inéditas de compositores poco conocidos, que puedan servir para ilustrar de forma efectiva nuestra creación musical a través de los siglos, materia que, por otro lado, se viene impartiendo en Universidades y Conservatorios.

Pero no podemos contentarnos con grabar las obras de nuestros músicos, dejarlas enlatadas en un disco y despreocuparnos del porvenir de esta música. Debemos perseguir, además, como objetivo último, el que se oigan con cierta periodicidad en los repertorios habituales de concierto, pues la música española está insuficientemente programada en festivales, temporadas de orquestas, ciclos de cámara, etc, exceptuando la de nuestros más emblemáticos autores como Falla, Albéniz, Granados, Turina, Joaquín Rodrigo, y unos pocos más, de tal manera que en el extranjero la música española se identifica sólo con la de estos autores. Y es que los gestores prefieren contentar a un público melómano amplio antes que dar una oferta más racional, imaginativa y llena de sustancia histórica.

Las obras del pasado se tocan muchas veces para conmemorar un aniversario, para ilustrar en su época un acontecimiento histórico, o para cualquier otro acto puntual, y luego todos nos olvidamos de ellas. Los intérpretes que han trabajado con denuedo para montar estos repertorios se vuelven a los tópicos de siempre, centroeuropeos por supuesto, desalentados ante la escasa demanda que tienen los programas con música española. Y es que cambiar los hábitos de escucha del público es difícil, dado que éste está más acostumbrado, por lo general, a disfrutar de los repertorios más difundidos por las multinacionales del disco y a evaluar el trabajo de los intérpretes y no el de los creadores. Nuestro deber no es sólo intentarlo, sino que debemos insistir en ello. No podemos dejar para las generaciones futuras aquello que nosotros tenemos que modificar.

Somos conscientes de que esta es una situación que parte ya del siglo XVIII, con el enorme peso que adquiere entonces la música y músicos italianos o a finales del siglo la centroeuropea con Haydn a la cabeza, sin olvidarnos de la influencia francesa especialmente en el campo literario, como ya advirtiera con gran perspicacia el libretista Luciano F. Comella, quien en la introducción que escribe para el melólogo de Tomás de Iriarte "Guzmán el Bueno", en su representación madrileña de 1791, pone en boca de "La Tirana" lo siguiente: Si no faltaron héroes españoles célebres por sus generosos hechos ni autores que supieran tratar esos asuntos con arte, aunque algunas personas de nuestro país sólo aplauden lo extranjero.

A lo largo del siglo XIX, y en medio de guerras, graves crisis políticas y económicas, músicos, compositores y pioneros de la Musicología asumen con coraje y entusiasmo el reto de elevar el nivel de la vida musical del país y promover la creación nacional, ante la pasividad de las instituciones públicas, esfuerzos a veces heroicos que muy a la larga se han visto coronados por el éxito. Pero a medida que en España se iban difundiendo e implantando los repertorios europeos románticos, las obras españolas iban ocupando un territorio cada vez más reducido, situación que en las primeras décadas del siglo XX fue advertida y denunciada insistentemente por varios críticos. Pensemos, por ejemplo, en los numerosos escritos de Julio Gómez en este sentido.

Sin embargo, y pese a que hemos tenido en el pasado inmediato mentes preclaras que han advertido y denunciado el desfase existente en el consumo de música española con relación a la de otros países, lo cierto es que hoy en día este estado de cosas ha cambiado muy poco. Es verdad que en el campo del órgano la situación es diferente, debido al interés que muchos organistas extranjeros y españoles han demostrado por los repertorios españoles de los siglos XVI, XVII y XVIII, repertorios escritos, por otra parte, para los órganos ibéricos de ese período que, como todos sabemos, presentan unas características propias, muy distintas de las de los órganos de otros países, y que son los instrumentos de los que pueden disponer los intérpretes de nuestro país, por lo general. Esto ha propiciado la vuelta al órgano mecánico y de estética barroca que inició Gabriel Blancafort a fines de los años 60, las campañas de restauración de instrumentos promovidas en varias comunidades autónomas a partir de los 70, la publicación de numerosas partituras organísticas, entre las que figuran las obras de Cabezón, Correa de Arauxo, Aguilera de Heredia, Jiménez, Bruna, Brocarte, Cabanilles, y un largo etcétera, así como la programación frecuente en los repertorios de concierto de estas obras concebidas para tales órganos. Es, por tanto, esta parcela la más beneficiada en las últimas décadas en el campo de la difusión, que también ha alcanzado, como es lógico, el mundo del disco. Y junto a la música para órgano figura también en un lugar destacado la de clavicémbalo del siglo XVIII, con Scarlatti y el P. Soler a la cabeza, debido al movimiento historicista que proveniente de países como Inglaterra, Alemania u Holanda llegó a España hace ya tiempo, y que en los últimos años ha adquirido mucho auge a través de grupos vocales e instrumentales que actúan con criterios de época.

Otros campos que también han recibido una atención constante en las últimas décadas por parte de los intérpretes, si bien menos por parte de los gestores, han sido el de lírica medieval con ese monumento impresionante de las Cantigas de Alfonso X el Sabio y el de la polifonía del siglo XVI, en sus facetas de religiosa y profana, con ediciones de numerosas partituras, muchas de las cuales han sido llevadas al disco. Sin embargo, no ha ocurrido lo mismo con la producción de los siglos XVII y XVIII, aunque en los últimos años la música vocal de esta última centuria ha comenzado a despertar entre los intérpretes un interés creciente, de tal forma que ha ejercido una saludable presión sobre los programadores de ciclos de concierto de la mal llamada "música antigua", que han ido incluyendo obras de nuestros más eximios compositores de este período, como José de Nebra, José de Torres, Antonio Literes, Francisco Courcelle, etc. En cambio, nuestro siglo XIX ha sido hasta ahora, junto al ya citado XVII, uno de los menos favorecidos por parte de intérpretes y gestores, no así por los investigadores que han trabajado mucho en los últimos años para sacar a la luz repertorios sinfónicos, zarzuelísticos, pianísticos, violinísticos, para voz con acompañamiento, etc. ¿Y qué decir de la producción sinfónica, camerística, de piano, vocal, de tantos compositores de la primera mitad del siglo XX, que para la mayoría de nosotros son únicamente una referencia en un diccionario?

Por tanto, aún queda mucho camino que recorrer, pues hay parcelas cronológicas de nuestra música verdaderamente desamparadas por parte de investigadores, intérpretes y gestores. Y no solamente cronológicas, sino también geográficas, ya que hay regiones cuya música es menos conocida por la ausencia de investigadores en la zona y por la falta de una política cultural activa, frente a otras en las que la actividad investigadora y difusora es muy grande, como es el caso de Madrid, Barcelona o Valencia, por ejemplo. De ahí que la labor de la SEdeM sea muy importante y de gran utilidad como coordinadora de un amplio proyecto que comprende todas las regiones, porque hay que tener en cuenta que el patrimonio musical de las autonomías españolas no se circunscribe a cada una de ellas, sino que se encuentra disperso por toda la geografía nacional, ante la lógica movilidad de los compositores; de esta manera, la música andaluza, catalana, vasca, castellana, gallega, canaria, etc. tiene importantísimos ecos y actores en otras comunidades españolas, y no solamente en el presente sino que así ha sido a lo largo de toda la historia, por lo que la SEdeM se ha convertido en foro de intercambio y enriquecimiento mutuo. Por eso, intentamos firmar una serie de convenios con las diferentes Autonomías y Nacionalidades, para que nos apoyen en esta labor de encuentro e intercambio que a todos nos beneficia. Sería muy hermoso que la SEdeM pudiera llevar a cabo diversos proyectos como ediciones de partituras o trabajos discográficos con nuestros socios de cada comunidad autónoma, subvencionados por las instituciones o empresas de cada una de ellas, de tal manera que pudiéramos ir rellenando las múltiples lagunas que aún nos quedan por conocer de nuestra historia de la música.

Sabemos que esto constituye una labor lenta de concienciación, pero confiamos en poder realizarla. Lo cierto es que nos produce una gran desazón el ver cómo se gastan frecuentemente los dineros para la Cultura en verdaderos fuegos artificiales que no dejan más huella que un vago recuerdo y cómo se invierte tan poco en investigar, conocer, difundir y prestigiar dentro y fuera de nuestras fronteras nuestro patrimonio cultural, en nuestro caso el patrimonio musical de los pueblos de España. Nos gustaría insistir en la necesidad de una seria reflexión sobre este punto, convencidos de que la más correcta política cultural no es la que gasta en oferta, sino la que gasta en un inteligente plan para crear demanda, dentro y fuera de España. Si esto se hiciera, bajo el convencimiento de que el patrimonio musical que poseemos vale verdaderamente la pena (y dudamos que esto lo crean los que tienen que saberlo), empezaríamos a cambiar nuestra mentalidad para dejar de ser un país musicalmente colonizado, abandonaríamos nuestros atávicos complejos en este sentido y comenzaríamos a contar con fuerza, musicalmente hablando, más allá de nuestras fronteras. En este sentido tenemos que celebrar las puntuales ayudas que venimos recibiendo del INAEM y los convenios que firmamos con la Dirección General de Investigación de la Comunidad de Madrid y con la Consejería de Educación y Cultura de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha para la elaboración de los ocho discos de nuestra incipiente colección El patrimonio musical hispano.

Asimismo, nos congratulamos de que la Fundación Juan March a través de su director de los Servicios Culturales, nuestro consocio Antonio Gallego, nos haya ayudado a coproducir este ciclo de conciertos en conmemoración del XXV aniversario de la SEdeM, hecho que no debe extrañarnos dada la importante labor que esta institución viene realizando desde hace ya tantos años en el campo de la recuperación, conservación y difusión de la música española, a través de sus becas de investigación, de su rico archivo de partituras, de su fonoteca y de sus ciclos de conciertos. Desde estas líneas queremos agradecerle su valiosa colaboración.

Se compone este ciclo sobre "El patrimonio musical español" de cuatro conciertos dedicados a cuatro parcelas poco difundidas de nuestra historia musical: "Juan Blas de Castro y su tiempo", "Villancicos, Cantadas y Tonadas del siglo XVIII hispano", "La canción lírica española en la primera mitad del siglo XIX" y "El piano romántico español en la segunda mitad del siglo XIX". Dedicados los tres primeros a música vocal, campo este muy cultivado por nuestros creadores en todas las etapas de la historia, y el último al piano, lo cierto es que todos ellos fueron compuestos con criterios camerísticos, a pesar de los diferentes foros a los que iban dirigidos.

Para la real cámara de los monarcas Felipe III y Felipe IV compone Juan Blas de Castro sus tonos humanos a tres y cuatro voces con acompañamiento instrumental, repertorio al que se suman otros compositores, de reconocido prestigio alguno, como el maestro de capilla Mateo Romero, o menos trascendentes otros, como Miguel de Arizo, además de varios anónimos, que elaboran sus piezas sobre exquisitos poemas de nuestros más preclaros poetas del Siglo de Oro, entre los que se encuentran Lope de Vega y Góngora. Y este núcleo fundamental de piezas se abre a sus precedentes más inmediatos con el madrigal de Pedro Guerrero, y por supuesto a los continuadores del género, también en su vertiente religiosa, como Manuel Correa, Sebastián Durón y Juan Bautista Cabanilles, autor que sirve de nexo con el programa del segundo concierto, que de los recintos privados de la realeza nos lleva al más democrático de los templos.

Comienza, pues, esta segunda audición con un villancico de Cabanilles, al que siguen otros villancicos, cantadas y tonadas de otros compositores levantinos (José Pradas y Joaquín García) y del italiano afincado en Perú, Roque Ceruti. Todos ellos nos muestran una de las facetas más atractivas de la música religiosa de su tiempo: la producción en lengua vulgar generada por la Iglesia para celebrar en los Maitines las festividades más importantes del año litúrgico, tales como Navidad o Corpus Christi. En esta centuria el viejo género español del villancico se contagia del italianismo de la cantata, desembocando a veces en las cantadas híbridas, aunque perduren los dos géneros en su forma pura, pero con especial incidencia en el trabajo para dos voces o voz solista con el acompañamiento del continuo. De esta forma, se "cameriza" dentro de la liturgia festiva lo que casi siempre había sido música para el total de la capilla, adquiriendo esta producción un tono más íntimo y recogido, en el que el puro goce estético superaba a la mera funcionalidad litúrgica de las piezas. Y entreveradas entre estas composiciones religiosas, podemos escuchar dos obras instrumentales que nos ilustran sobre la auténtica música de cámara del siglo XVIII: una sonata para clave del P. Soler y otra para violín o flauta travesera y bajo de Juan Oliver de Astorga. Son distintas maneras de concebir la música para un corto número de intérpretes.

Tras décadas de influencia italiana y sin que ésta desaparezca de la escena musical española, se abren camino con renovada pujanza los géneros típicamente españoles de música vocal, que muchos compositores cultivan en un afán de búsqueda de la propia identidad. Adquiere gran popularidad entonces la tonadilla escénica y los repertorios cancionetísticos afines a ella, sin que dejen de adaptarse otras formas venidas de fuera. De esta manera, en los salones de una burguesía que empieza a tener peso específico tras la guerra napoleónica, dignos sucesores de las "cámaras" regias y aristocráticas del siglo anterior, se ponen de moda seguidillas-boleras, tiranas y polos con acompañamiento de guitarra o de pianoforte, piezas que cultivarán diversos compositores como Fernando Sor, José Melchor Gomis, José Rodríguez de León o Ramón Carnicer, entre otros muchos autores. Es, pues, la vena más nacionalista la que se ha elegido para este programa camerístico, en el que lo popular se eleva al rango de lo culto por medio de los artificios compositivos.

Y en este breve recorrido no podía faltar el piano, omnipresente en cualquier velada, reunión, baile o espectáculo que se hiciera a lo largo del siglo XIX. Sus repertorios eran variadísimos, según las circunstancias, el talento del compositor y la habilidad de los intérpretes, pero normalmente oscilaban entre las piezas cortas de tipo salonístico y las de mayor elaboración, alcance intelectual y virtuosismo, propias del concierto. La producción de los tres autores incluidos en el programa, Ocón, el primer Falla y Power se encuentra a caballo entre esos dos mundos, en una época en la que el concierto, tal y como hoy lo concebimos, se abría camino lentamente entre una multitud de veladas privadas, de sociedades y de editoriales.

Esperamos que todos ustedes disfruten con estas músicas infrecuentes y que en un día no lejano nuestra música española esté en pie de igualdad con aquella europea, -que también tanto amamos-. En suma, que lo idóneo se convierta en lo habitual.

Subir

Fundación Juan March
Contactar
Castelló, 77 – 28006 MADRID
+34 91 435 42 40
https://www.march.es/