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Músicas para una exposición Matisse

17, 24, 31 octubre y 7 noviembre 2001
Ciclos de Miércoles:

Introducción

En octubre y noviembre de 1980, hace ahora 21 años, la Fundación Juan March inauguró su temporada con una gran exposición sobre el pintor francés Henri Matisse, y las 62 obras que engalanaron nuestras salas fueron acompañadas por una serie de conferencias y un ciclo de música. Volvemos a repetir ahora la experiencia, con un lazo de unión entre ambas actividades: el pianista Pedro Espinosa participó entonces y cerrará nuestro ciclo ahora.

    En las conferencias se trata, obviamente, de analizar la obra de Matisse para poder entenderla mejor. En el ciclo de música, ofrecemos una antología de música francesa (con alguna excepción en el recital de piano) que se relaciona con la estética de Matisse o que el pintor pudo oir. A Matisse le gustaba mucho la música, y la escuchaba con frecuencia en su aparato de radio. De pequeño había tocado el violín, y volvió a estudiarlo después de la primera gran guerra. Cuando se le preguntó porqué, contestó: "Tengo miedo de perder la vista y no poder pintar más. He planeado lo siguiente: Si me quedo ciego, tendría que renunciar a la pintura, pero no a la música. Entonces, podría ir por las calles y tocar el violín."

    Esperamos que estas músicas, tan cercanas al espíritu del pintor, nos ayuden a descifrar su sentido.

F.J.M.

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INTRODUCCION GENERAL
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Música para la Exposición Matisse: Espíritu y Sentido
Claridad, sutil fantasía y sensualidad discreta son los rasgos que tradicionalmente han distinguido a la pintura francesa donde el color siempre fue menos importante que la luz como lo demostraría más que fehacientemente la escuela impresionista. Y es precisamente contra, o en todo caso fuera de, esta escuela que aparece la figura de Matisse con su  interés colorista que le llevara a crear el fauvismo -literalmente "salvajismo"- detentador de la vanguardia en el espacio que va del impresionismo al cubismo, si bien Matisse, que apenas cambió de estilo en medio siglo, se mantuvo siempre como un pintor de primera fila y también algunos de sus colegas más cercanos de tendencia como Derain o Dufy. Matisse buscó un arte decorativo en el que el sujeto no era sino un pretexto para sus búsquedas armónicas, algo que, mutando todo lo mudable, recuerda el preciosismo simbolista de su maestro Gustavo Moreau, un pintor quizá hoy excesivamente desatendido. Moreau creó un arte suntuoso que tiene contactos desde con el prerrafaelismo (véase su Salomé frente a la de Beardsley, o mejor su Sémele) hasta con la exuberancia secesionista del vienés Klimt. Y eso es algo que, más allá de las mutaciones técnicas, pasa a Matisse y se refleja, por ejemplo, en sus odaliscas. Además, Matisse estilizará el dibujo y aplanará la perspectiva, a menudo hasta resultados casi únicamente bidimensionales, se inspira en lo mediterráneo y lo orientalizante con una equiparación de la importancia del fondo y el decorado (a menudo con esos rojos violentos) con el mismo sujeto.
Todo lo anterior viene a cuento de cuáles puedan ser las equivalencias entre Matisse y algún tipo de música francesa. Relaciones que existen, ya que la marcha general de las ideas estéticas, y de las condiciones vitales y sociales que las producen, son iguales para todas las artes, pero sin perder nunca de vista las particularidades técnicas y materiales de cada una de ellas. Se han podido hacer paralelos casi plutarquianos como los de los del binomio Strawinsky-Picasso o incluso los que enlazan a Schönberg-Kandinsky o Webern-Mondrian, pero las correspondencias exactas son menos frecuentes que un espíritu algo más difuso que se encuentra en cada época y tendencia. No se puede hablar de un movimiento fauvista en la música francesa pero sí de autores que pueden estar cercanos a Matisse a través de muy diversas vías en su apartamiento de un impresionismo (que Debussy hubiera preferido ver tildado de simbolismo) que, no obstante, pone de relieve el timbre en alguna manera como Matisse el color. En la medida en que a Ravel cada vez se le ve más fuera del impresionismo, este compositor también guarda alguna relación , como la tienen Fauré, que siempre resulta pre o postimpresionista pero nunca exactamente impresionista, Satie, Roussel, Hahn o el mismo Koechlin, hoy tan injustamente preterido. Sin embargo, los autores más cercanos a lo que Matisse representa en la pintura francesa, son sin duda los del Grupo de los Seis, singularmente algunos aspectos de Poulenc y buena parte de la obra de Milhaud, especialmente la mediterránea y la afrobrasileña, un compositor protéico, siempre certero, y en actual proceso de justa revalorización.
Pero también hay bastante del pensamiento general de Matisse en músicos quizá hoy menos conocidos como los que proceden de la Escuela de Arcueil, y entre ellos algunos rasgos de Henri Sauguet son bastante claros hasta llegar a los del grupo de la Joven Francia con unas concomitancias bastante cercanas en el caso de la obra de un André Jolivet y un influjo en el arrollador colorismo de la obra de Olivier Messiaen, quizá tardíamente el más fauvista de los músicos franceses aunque luego derivara hacia aspectos más abstractos de la construcción y del propio lenguaje.
La mayoría de las músicas que van a sonar en este ciclo tienen que ver con todo o parte del pensamiento artístico, también en alguna medida con su técnica, de Henri Matisse. En algún caso casi podríamos decir que la relación es más cronológica que otra cosa, pero en la mayoría hay rasgos determinantes que, aunque no sean siempre los mismos ni se den en todos de la misma manera, emparentan estas músicas con la pintura de Matisse. En todo caso, es una iniciativa muy fructífera el poner en relación música y pintura, como lo es hacerlo con cualquier otra faceta del pensamiento artístico, y también del general porque la música forma parte de la cultura y participa de su pensamiento general aunque por desgracia todavía siga pareciendo a ciertos intelectuales, de esos que todavía creen que la cultura empieza y acaba en la literatura, algo que no sólo hay que coger con pinza sino que no se sabe con qué pinzas coger.

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