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Ciclos de Miércoles:

Introducción

Pocos compositores, en toda la historia de la música, tan prestigiosos como Palestrina, de quien este año conmemoramos el cuarto centenario de su muerte.


No podemos decir que pocos tan desconocidos en la práctica, pues el olvido en que su obra está sumida es similar al que sufren todos sus contemporáneos y la mayor parte de los que le antecedieron: Los creadores, en suma, del lenguaje polifónico que, junto a unos pocos principios teóricos heredados de la antigüedad, constituyen el pilar fundamental de la música europea; todos los que hicieron posible la que hoy conocemos como «polifonía clásica», que es para muchos expertos la mejor música que se ha escrito a lo largo de la historia.


En la gestación de este lenguaje hay unos cuantos nombres señeros: Perotin, Machaut, Dufay, Josquin, Morales... Pero la perfección absoluta de Palestrina ha sido alabada sin desmayos a lo largo de más de cuatro siglos, y no hay razón alguna para que hoy variemos de opinión. Con Palestrina y algunos de sus contemporáneos, que también han sido acogidos en este ciclo para una mejor comprensión de su tiempo, la polifonía manejó todas las leyes de la música -laboriosamente ensayadas a lo largo de la Edad Media- con inigualable eficacia. Entre esos contemporáneos, que incluyen a tres de los mejores músicos españoles de todos los tiempos, hemos de resaltar la figura de Orlande de Lassus, de cuya muerte en Munich el 14 de julio de 1594 también conmemoramos el cuarto centenario.


Los compositores posteriores, ante tan rara perfección, hubieron de imaginar nuevas maneras, encontrar nuevos géneros y estilos. El problema se planteó cuando la iglesia católica, a cuyo servicio habían estado la mayor parte de los compositores, intentó a partir de Trento que el modelo palestriniano fuese para la música polifónica lo que el canto gregoriano había sido para la música monódica. Por los siglos de los siglos. Lo cual tuvo dos consecuencias inevitables: La música religiosa, que había sido el crisol donde se había forjado la música europea, dejó de ser el motor que la conducía y quedó poco a poco relegada frente a la música profana. Y el modelo palestriniano, profusamente imitado a lo largo de los tiempos, pero sin su genio y en otros contextos diferentes, adquirió una pátina anticuada que jamás tuvo el original.


Esperemos que estos conciertos, que incluyen algunas de sus obras más famosas, nos permitan recuperar imágenes sonoras tan egregias como olvidadas.

F.J.M.

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