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Ciclos de Miércoles:

Introducción

Este ciclo de música, así como las conferencias del prof. Simón Marchán en el Aula abierta "Iconos de la modernidad (Antes y después de Kandinsky)", acompañan a la exposición "Kandinsky, origen de la abstracción" que acaba de ser inaugurada en nuestras salas. Lo hemos hecho otras muchas veces, y volveremos a la programación simultánea de ciclos conjuntos de conferencias, música y exposiciones porque creemos en la utilidad que tienen para disfrutar de una visión global de los acontecimientos, artísticos o no.

En el ciclo de música nos hemos limitado a programar obras de compositores que fueron amigos de Kandinsky y tuvieron los mismos objetivos estéticos, como Schönberg, y que son contemporaneas de las pinturas expuestas. Como el asunto a tratar es el de la disolución de la tonalidad clásica y la búsqueda de nuevas vías, no llegamos al Schönberg dodecafónico de los años veinte (que pertenece a otro momento histórico, el del racionalismo y la Bauhaus) y en cambio programamos hasta tres obras breves del último Liszt en las que la armonía tradicional ya se tambalea: Son un claro anuncio de lo que se avecinaba. Tardorromanticismo, expresionismo, atonalidad por último: Ese es el panorama musical que debe acompañar a esta exposición.

Fundación Juan March

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INTRODUCCIÓN GENERAL

La fiesta artística que es contar con la pintura de Kandinsky la refuerza esta Casa -como tantas veces ha hecho- con un ciclo paralelo de conciertos que, en tres jornadas, va a presentar música que se hermana o que sirve para ambientar sonora, intelectual y artísticamente la exposición. Y, como no podía ser de otra forma, es Arnold Schönberg el compositor (¡y también pintor!) en el que se basan estos conciertos.

En la relación Schönberg - Kandinsky, el primero en tender la mano fue el pintor ruso. Éste, establecido en Alemania desde 1896, había asistido, junto a su colega Franz Marc, a un concierto celebrado en Múnich el 1 de enero de 1911, en el que el Cuarteto Rosé tocó los dos Cuartetos que Schönberg había escrito hasta entonces y la pianista Etta Werndorff sus Piezas op. 11. Impresionado, Kandinsky escribió al compositor una carta admirativa, mostrándose en sintonía artística con él. Schönberg procuró contacto personal con Kandinsky en el verano del mismo año, en el tiempo que pasó en Baviera tras haber acabado su Tratado de armonía, y la relación personal y la sintonía artística cuajaron hasta el punto de que tres cuadros de Arnold Schönberg fueron colgados en la exposición inaugural de Der blaue Reiter, principio del glorioso movimiento artístico que fundaron Kandinsky y Marc en el mismo año de 1911.

Poco después, Schönberg demostró que tenía en su pensamiento el arte de Kandinsky, aunque fuera en segundo término... Así, en carta a Emil Hertzka (Berlín, 1913), planeando el posible paso a cine de su obra La mano feliz -que habría de interpretarse, sin variación alguna, simultáneamente a la proyección del hipotético film-, Arnold Schönberg escribió: "Un pintor (por ejemplo, I. Kokoschka, o II. Kandinsky, o III. Roller) diseñará todas las escenas principales"...

La amistad se mantenía gracias a la correspondencia y a la mutua admiración, pues los encuentros personales no eran frecuentes. En 1922 Schönberg ha tenido noticia de Kandinsky y le escribe en cordialísimo tono: "¿Qué es de su libro Lo espiritual en el arte? Pienso en él porque apareció al mismo tiempo que mi Tratado de Armonía, del que acabo de enviar a la imprenta una revisión ya muy avanzada"... "¿Le sería posible venir a Austria siquiera una vez? Me agradaría mucho verle. En todo caso, espero volver a oír de usted más a menudo, lo que me hará mucho bien"... Pero esta relación dio un brusco y negativo giro meses después, en 1923: tras ser invitado por Kandinsky a acudir a Weimar para integrarse en los proyectos culturales de la Bauhaus, Schönberg se informó y entendió que en la Bauhaus soplaban vientecillos antisemitas. Alguna de las sospechas se la infundió Alma, la viuda de Mahler, a la sazón señora Werfel.

Profundamente dolido, el compositor vienés escribió a su hasta entonces amigo una carta escueta y dura en la que se deslizaban frases como ésta: "No soy un alemán, un europeo, quizá ni siquiera un ser humano (al menos los europeos prefieren a los peores de su raza antes que a mí), sino que soy judío" (...) "He oído que también un tal Kandinsky ve sólo maldad en los actos de los judíos y que sólo ve lo judío en sus malos actos, y entonces renuncio a toda esperanza de entendimiento. Fue un sueño. Nosotros somos hombres de especies distintas. ¡Definitivamente!" Como cabe imaginar, Kandinsky, sorprendido y tocado, contestó inmediatamente, considerando infundada la acritud de Schönberg. Pero éste insistió: "¡Cómo un Kandinsky puede aprobar que se me insulte; cómo puede él participar en una política que quiere producir la posibilidad de excluirme de mi campo de acción natural; cómo puede él abstenerse de combatir una concepción del mundo cuyo objetivo son noches de San Bartolomé, en cuyas tinieblas no se podrá leer la tablilla que dice que estoy exceptuado!" y, clamando contra el grave peligro que ve en la situación que se había creado en Alemania, escribe frases estremecedoramente lúcidas: "Pero ¿a dónde va a conducir el antisemitismo, sino a actos de violencia?" (insistamos en la fecha de la carta: 1923). Sin embargo, las posturas política y ética de ambos creadores no eran antagónicas y, así, el desencuentro sería pronto felizmente saldado: en el verano de 1927, Arnold Schönberg y Vasili Kandinsky reanudarían su amistad tras coincidir descansando en Pörtschach.

Las obras de Schönberg que se interpretan en estos conciertos van, cronológicamente, desde 1899 hasta 1912, si bien la Sinfonía de cámara op. 9, de 1906, la escucharemos aquí en la versión instrumental hecha por Webern en 1923, el año del choque entre Schönberg y Kandinsky al que acabamos de referirnos. Cuando, en 1899, el joven maestro vienés compone su impresionante Noche transfigurada, el pintor ruso (ocho años mayor) hacía poco que se había establecido en Múnich. Las Piezas op. 11 ya hemos visto que figuran entre la primerísima música schönbergiana que conoció Kandinsky. Las Piezas op. 19 son de 1911, el año del encuentro entre los dos artistas, y el Pierrot lunaire llegaría meses después...

En cuanto a la música no de Schönberg que se escucha en estos mismos conciertos, mayoritariamente fue concebida en 1907-1908, entre la Sinfonía de cámara y las Piezas op. 11 del vienés: la Sonata de Scriabin, la de Berg y el Trío de Reger. Por delante, a modo de anticipo y anuncio, se sitúan las misteriosas últimas piezas pianísticas de Liszt y, como obra más moderna, la Suite pianística de Bartók. En verdad, es un panorama sonoro apasionante el que se va a disfrutar abajo, tanto como el pictórico que venimos de disfrutar arriba.


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