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Música galante

11, 18, 25 marzo y 1 abril 1992
Ciclos de Miércoles:

Introducción

Nuestro habitual acercamiento a la música del siglo XVIII; abordado otras veces a través de los grandes compositores (Monteverdi, Vivaldi, Scarlatti, Telemann, los Bach...) o en ciclos que resumen una determinada escuela (barroco español, barroco francés, la Venecia de Vivaldi...), tiene esta vez un argumento distinto y más complicado de definir: El estilo galante.

La Galantería, como afirmó el gran músico y teórico Mattheson, no puede enseñarse, no tiene reglas concretas. Es «un cierto no sé qué» -como diría Feijoo- tan difícil de analizar como un perfume o un condimento, pero sin el cual la composición musical quedaría sosa y sin el exigido refinamiento para los oyentes de un determinado momento histórico.

Tanta ambigüedad permite a los compositores una libertad sin apenas más límites que los del buen gusto y el decoro. Lo galante es uno de los rasgos del Rococó, pero no son necesariamente la misma cosa. Y para complicar más el asunto, es un ingrediente internacional, cuando la reunión de gustos preconizada por Franrçois Couperin había creado un sustrato común que se superponía a los fuertes caracteres de las distintas escuelas nacionales europeas.

Este ciclo, en el que hemos elegido cuidadosamente obras todas ellas «contaminadas» por el virus de la galantería, nos introduce en un mundo repleto de finuras y delicadezas en el que el compositor busca no tanto convencer con su técnica, sino halagar con la expresión. Son obras que requieren de los intérpretes algo más de lo que las notas dicen, y también un espíritu adecuado en los oyentes, que deben disfrutarlas como «conocedores y apasionados».

F.J.M.

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