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Ciclos de Miércoles:

Introducción

La música española de los Siglos de oro, tanto la vocal como la instrumental, es sin duda la verdadera cumbre de la Historia de la música española y uno de los hitos mayores de nuestra cultura. Muchos músicos hispanos sirvieron en las principales cortes y capillas europeas, se codearon con los mejores compositores de otras naciones e hicieron imprimir sus libros en las mejores imprentas musicales, especialmente en las de Venecia y Roma.

En este breve ciclo presentamos una buena antología de los tres músicos mayores de la polifonía española del siglo XVI: los andaluces Cristóbal de Morales y Francisco Guerrero, y el abulense Tomás Luis de Victoria. Completamos estas músicas con una deliciosa novedad con la que resumimos brevisimamente las músicas del segundo siglo de oro, el XVII: Las que produjeron los maestros de El Escorial para su propia capilla musical. Son obras prácticamente desconocidas que se interpretan tal y como fueron escritas, es decir, con acompañamiento no de órgano, sino de la mucho más habitual arpa de dos órdenes de cuerdas: Uno para los sonidos naturales (las teclas blancas del monacordio) y otro para los sonidos alterados (las teclas negras, o viceversa).

Hacemos un par de excepciones al título general en el tercer programa. Palestrina no es un polifonista español, pero su música fue cantada en nuestras catedrales y conventos con tanta reiteración, que no merece mayor justificación. Por último, entre los maestros escurialenses hemos permitido la inclusión de dos frailes músicos que vivieron gran parte de su vida en el siglo XVIII, lejos ya del siglo de oro.

A todos los intérpretes, y especialmente a los niños cantorcitos del Escorial, nuestra gratitud por el esfuerzo realizado.

Fundación Juan March


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INTRODUCCIÓN GENERAL
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El siglo XVI coincidió con un momento excelso de la música española no solamente por la cantidad de maestros que pululaban por las capillas eclesiásticas o cortesanas, sino también por la calidad que generaron llevando el estilo polifónico a unas cotas prácticamente insuperables.

En muchas capillas europeas se han seguido interpretando de manera casi ininterrumpida las obras de los grandes maestros continentales Giovanni Pierluigi da Palestrina y Orlando di Lasso, y junto a ellos ha figurado en lugar preferente Tomás Luis de Victoria. Cada uno de esos maestros representa uno de los llamados "estilos nacionales" pero siempre dentro de una aparente unidad estilística. Nadie discute su grandeza, pero junto a nuestro Victoria, probablemente el más expresivo, inspirado y genial de los tres, sobresalen un grupo de músicos sin los cuales la obra del abulense Tomás Luis no podría entenderse. A su lado y formando un particular triunvirato hispano se encuentran las figuras de Cristóbal de Morales y Francisco Guerrero. Sus obras se difundieron rápidamente por Europa y América, mostrando así la calidad que la música española exportaba fuera de sus capillas. Los dos primeros programas de este ciclo recogen una selección de obras de estos tres polifonistas que llenan cumplidamente un siglo de esplendor del arte hispano.

Sin duda, bebieron de la gran tradición polifónica española que comenzaba a despertar a finales del s. XV, apartándose de esa "borrachera contrapuntística" propia de la escuela franco-flamenca en aras de una mayor sencillez y expresividad. Conectando con la tradición medieval, las composiciones de los antecesores de aquellas tres grandes figuras, Francisco Peñalosa, Alonso de Alba, Pedro de Escobar, Juan de Anchieta, Juan García de Basurto, Francisco de la Torre y otros, eran guiadas fundamentalmente por el respeto máximo al texto: un cuidado primoroso para realzar con la música lo que las palabras sugieren en cada momento. Aquellos textos que procedían en su mayor parte de la tradición monódica de la Iglesia, el canto gregoriano, y que ya habían sido convenientemente tamizados para uso litúrgico: las palabras justas dichas en el momento preciso moverían a los oyentes a la piedad y devoción deseadas.

Y si no podemos entender su obra sin la de sus antecesores, a su lado caminan figuras excelsas que solamente ahora empezamos a conocer: Andrés de Torrentes, Bernardino de Ribera, Ginés de Boluda, Juan Vázquez, Alonso Lobo, Juan Esquivel, Fernando de las Infantas, Sebastián de Vivanco y muchos otros. Conocidos desde hace décadas pero aún insuficientemente valorados, forman el gran bloque de la polifonía española del Siglo de Oro que, a la sombra de las figuras de renombre, se van haciendo hueco a medida que conocemos sus obras. Hoy día podemos hablar de algunos de ellos casi en igualdad de condiciones con respecto a Morales, Guerrero o Victoria. No en vano fueron discípulos y maestros, amigos y rivales en la consecución de magisterios de capilla. No obstante la fama de los tres grandes está plenamente justificada. Y no solamente por el éxito que obtuvieron entre sus más allegados, sino que prácticamente todas las capillas con cierta entidad en la Península, muchas en el resto de Europa y en la recién evangelizada América iban a tomar las obras de estos maestros como base de su repertorio, a juzgar por las copias que se han conservado en sus archivos. En las dos primeras sesiones vamos a poder comprobar cómo se trata de una fama bien merecida.

Pero no todo se acabó en el s. XVI. El s. XVII hereda aquello que la centuria anterior había dejado en marcha: importantes instituciones religiosas y civiles, con sus capillas perfectamente organizadas que alternaban el repertorio "clásico" de los grandes maestros hispanos y europeos con obras de compositores locales del momento. Una buena muestra de este funcionamiento la vamos a poder escuchar en el tercero de los conciertos del ciclo. La actual dirección técnica de la Escolanía del Monasterio de san Lorenzo de El Escorial se dedica en los últimos años a rescatar del olvido las músicas de sus antecesores, y a reintegrar en su contexto el papel de los niños cantores dentro del engranaje litúrgico de la gran "fábrica" escurialense. Para ello cuenta con un riquísimo archivo y una no menos abundante documentación que, aunque lleva todo el siglo XX en estudio -recordemos los estudios de Luis Villalba, Samuel Rubio, Paulino Capdepón, José Sierra o Michael Noone, entre otros- ahora comienza a contextualizar la actividad musical de los niños del Seminario desde finales del s. XVI, época de la fundación, hasta la desaparición de los jerónimos a comienzos del segundo tercio del s. XIX. Repertorio infrecuente, muy local, destinado a un lugar determinado y a menudo a funciones litúrgicas puntuales, concebido pensando en unos medios específicos y para un momento concreto de la historia.


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