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Conciertos del Sábado:

Introducción


El bicentenario del nacimiento de Rossini en 1792 está propiciando en todo el mundo la puesta en escena de sus óperas menos habituales. Junto a sus óperas bufas, que son las que le han inmortalizado, estamos descubriendo otros Rossinis no menos sorprendentes. Pero su carrera operística, que dura apenas veinte años, no agota el perfil del gran músico. Antes de 1810, y después del inexplicable silencio escénico tras el estreno de Guillermo Tell en 1829, Rossini compuso muchas obras hoy totalmente eclipsadas.

Si él mismo publicó algunas de sus obras de madurez - alrededor de 150 obras-  con el título "Pecados de vejez", en estas veladas también resucitaremos algunos de sus "pecados de niñez", como esas encantadoras Sonatas a cuatro, tradicionalmente fechadas en 1804, es decir, cuando el compositor era apenas un adolescente y aún no había ingresado en el Liceo Musical de Bolonia. Pero ya tenía conocimientos más que válidos para trazar bellísimos objetos musicales que se defienden por sí mismos, y en los que son muy palpables las innatas condiciones para concretar con gracia y brillantez ideas musicales aparentemente muy primarias. Ni fueron compuestas en tres días, ni es posible que no tuviera conocimientos del contrabajo ni, por supuesto, son "horrendas" como el propio Rossini, con un poco de coquetería, dijo después de ellas.

Hemos completado el ciclo con lagunas de las arias, cabaletas y canciones de su período central, junto a las de los dos colegas que comenzaron a triunfar, con su ayuda, en los casi treinta años que vivió (entre 1829 y 1868) sin componer nada para el teatro: Bellini y Donizetti, que, por cierto, murieron mucho antes que él.

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