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Ciclos de Miércoles:

Introducción

    Acompañar una exposición de arte con músicas adecuadas no necesita justificación, y nosotros lo hemos hecho múltiples veces. Acompañarla con versos escritos para la ocasión es menos frecuente, pero también hay antecedentes, fuera y dentro de nuestra Fundación. Pero inaugurar una exposición, y más una antológica que se titula Celebración del arte con motivo del medio siglo que conmemoramos, con la audición de la obra musical tal vez más célebre relacionada con una exposición de cuadros, dibujos y planos de arquitectura, la de Mussorgski, y con un poema expresamente encargado a un poeta del prestigio de José Manuel Caballero Bonald, es, además de infrecuente, una declaración de intenciones. La Fundación Juan March, al celebrar su primer cincuentenario, celebra también haber elegido el arte, en cualquiera de sus manifestaciones (arte de la palabra, arte del diseño, arte de los sonidos), como uno de los pilares más sólidos (y el más bello, obviamente) de su política cultural. Y no sólo rinde cuentas de lo ya realizado, sino que promete seguir haciéndolo en el futuro, y en la medida de sus fuerzas.

    La Fundación Juan March ha pedido a José Manuel Caballero Bonald que componga un poema para ser leído en esta ocasión, y el escritor ha tenido la gentileza de hacer coincidir su título con el de la Exposición que hoy se inaugura.

    Las razones que nos han llevado a dirigirnos a Caballero Bonald son varias. En primer lugar, porque el poeta y novelista forma parte de este medio siglo que hoy conmemoramos. En efecto, con una de nuestras Pensiones de Literatura, convocadas por vez primera en 1958 y obtenida ese mismo año, escribió su cuarto libro de poemas, Las horas muertas, que editó Seix Barral al año siguiente. Y con una beca de creación literaria obtenida en 1974 escribió su tercera novela, Toda la noche oyeron pasar pájaros, publicada finalmente en 1981. Caballero Bonald forma parte, pues, de nuestra pequeña historia, y aquellos antiguos lazos se reanudan hoy con un nuevo poema escrito gracias a nuestro estímulo.

    Pero hay una segunda razón, aún más importante. En muchos de sus escritos, José Manuel Caballero Bonald ha anticipado su visión del arte - de todas las artes, tanto antiguas como modernas-  como una de las pocas cosas que salvan y redimen nuestra existencia; o, simplemente, que la ennoblecen.

   "La música convoca las imágenes / degradadas del tiempo.", afirma en "Transfiguración de lo perdido", y concluye: ¡Oh transfiguración / de lo que ya no existe, marca / tenaz de lo caduco, cómplice / reclusión de la memoria / que ciñe al tiempo en ráfagas de música." Por eso, cuando aborda la herramienta principal de su oficio, la palabra, "anclada ya en sus límites de tiempo" ("palabra en el tiempo", dijo don Antonio que era la poesía, pero también "canto y cuento"), Caballero Bonald la convoca con título inequívoco, el de "Música de fondo", y concluye: "Es nada la palabra que se dijo / (no importa que se escriba para / querer salvarla), es nada y lo fue todo: / la música del mundo y su apariencia."

    No es solo la música, a la que ha dedicado su breve tercer poemaria, Anteo, la que le ofrece apoyo para escribir. Es el arte en todas sus variantes. Entre las llamadas artes del diseño, aparecen la cerámica ("Alquimia de la cerámica"), los vitrales ("Vidriera fantasmagórica"), la escultura (esos "dioses corroídos por la entraña marina" que ha visto en Puerto Lucero, o la "Diosa en el Ponto Euxino"), el grabado ("El caballero y la muerte" que le suscita "Tema de Durero"), la pintura (desde las prehistóricas de Altamira a Picasso, Miró, Manuel Viola, Tapies...) o el cine ("Cinematógrafo", o el terrible "Documental").

    Y entre los escritores que han construído el arte de la palabra, aparecen en sus poemas Teócrito, Empédocles, los héroes homéricos (Aquiles, Patroclo, Ulises), Calímaco... Y entre los nuestros, Juan de Mena - que le presta título a uno de sus libros- , Garcilaso en el Danubio, Antonio Machado en Collioure o los pliegos de cordel.  Y De Quincey, Jack London, Beckett, Proust, Durrel, Sade, Kafka, Miller, Cavafis...

    Como otros poetas de su tiempo, Caballero Bonald ha sido incluído en grupos y promociones diversas: Además de poeta social, o existencial, o de los Cincuenta, o de la segunda generación de posguerra, José Manuel Caballero Bonald es un poeta que escucha, mira, lee y, con todo el arte del mundo, nutre sus poemas con savia nueva.

    Le agradecemos mucho que haya abierto con nosotros, de nuevo, la puerta del arte.

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