menu horizontal
Botón que abre el buscador
Botón que enlaza al Calendario
Aula de (Re)estrenos:

Introducción

________________________________________________________________________

NOTAS AL PROGRAMA
________________________________________________________________________
Javier Alfonso, un gran compositor-pianista
    Un programa monográfico es una preciosa ocasión para profundizar en los caracteres creativos del compositor programado. A veces - como es el caso-  constituye la ocasión para que muchos aficionados hagan una primera inmersión en la obra de un músico poco conocido. Si algún amable lector figura entre quienes se han acercado a conocer a un compositor cuya música no habían escuchado nunca, prepárese a recibir una impresión extraordinariamente positiva. Javier Alfonso fue un excelente pianista y un compositor altamente dotado. Repasar sus obras, con motivo de este trabajo, ha sido para mí una gran satisfacción, porque a la vez que corroboraba la calidad de su aportación, refrescaba recuerdos bien gratos. Como el de uno de los primerísimos conciertos a los que asistí, recién llegado a Madrid desde la provincia - era noviembre de 1964- , en el que Javier Alfonso, con la Orquesta Nacional dirigida por Constanti Silvestri, interpretaba (y me descubría) el soberbio Tercer Concierto de Béla Bartók, obra que, como luego supe, fue Javier Alfonso quien la tocó por vez primera en España, como tantas otras del moderno pianismo europeo. Con el maestro Alfonso tuve años después más encuentros, en los estudios y despachos de RNE, en cuyos programas musicales él  llevaba años colaborando y yo comenzaba a trabajar. Era un hombre sabio y afable. Finalmente, en 1985 me dirigí a él en nombre del Festival de Otoño de la Comunidad de Madrid para encargarle una Sonata para clave en homenaje a Domenico Scarlatti, pieza que escribió (seguramente fue su última composición) y estrenamos con Genoveva Gálvez en el Museo del Prado.

    Javier Alfonso había nacido en Madrid el 1 de febrero de 1904. En su formación musical intervinieron maestros "históricos", como el pianista José Tragó - que había sido profesor de piano de Manuel de Falla-  o el director de orquesta Bartolomé Pérez Casas - que enseñaba armonía-  o el compositor, violista y director Conrado del Campo, quien fue la principal guía de Javier Alfonso en materia de composición. Otro tanto cabe decir de los profesores con los que se perfeccionó en París: los célebres hermanos Iturbi, el legendario Alfred Cortot - que tanta música hizo con Pablo Casals-  y, al margen del piano, el maestro Pierre Monteux, primer director de La consagración de la primavera de Stravinsky, que no es pequeño timbre de gloria... Nuestro músico fue becario, en su juventud, de la Fundación Conde de Cartagena y, entre 1959 y 1961, lo fue de la Fundación Juan March para la realización de un trabajo de investigación sobre las distintas escuelas pianísticas del mundo. Recibió premios nacionales en las disciplinas de Piano y de Musicología, colaboró como crítico en publicaciones como "Arriba" y "ABC", redactó abundantes programas musicales para Radio Nacional, recibió la Medalla de Plata al Mérito en las Bellas Artes, fue jurado en multitud de concursos internacionales de Piano y ejerció la enseñanza del Piano en el Conservatorio Superior de Música de Madrid desde 1949, como Catedrático entre 1951 y 1974. Por supuesto, en clases magistrales y cursos especiales dejó también su huella en pianistas jóvenes fuera del Conservatorio madrileño.
    Su carrera pianística le llevó por innumerables escenarios europeos interpretando el repertorio básico y, acaso con mayor dedicación, el de los clásicos del siglo XX. En 1964 Javier Alfonso formó con su alumna María Teresa de los Ángeles un dúo pianístico que trabajó hasta las vísperas de la muerte del maestro, interpretando en concierto y grabando en distintas emisoras europeas prácticamente todo el repertorio para piano a cuatro manos y dos pianos.
    Además de las piezas que se interpretan en esta sesión, Javier Alfonso compuso obras concertantes para piano, arpa, violín, guitarra y dos pianos; canciones a solo y corales; piezas camerísticas para trío con piano o cuarteto de cuerda... Entre sus obras pianísticas que quedan fuera del programa de hoy recordemos Sonata, Sonetos, un Homenaje a Albéniz o las Metamorfosis pianísticas en forma de estudios sobre un tema de Ravel.

    Quizá no se aprovechó, en la medida en que debería haberse hecho, el año del centenario de Javier Alfonso para valorar su figura, pero sí hubo algún recordatorio interesante y, entre ellos, puesto que tenemos aquí a Pedro Espinosa como uno de los intérpretes, recordemos el Premio Extraordinario "Javier Alfonso" que se convocó en septiembre de 2004, dentro del Concurso Regional de Piano "Pedro Espinosa" que se celebra en Gáldar y que lleva más de veinte años aportando sustanciosa ayuda a los jóvenes pianistas canarios.

    Procedemos ahora a comentar sucintamente las obras del programa, ordenadas por la fecha de su composición.
    Javier Alfonso era poco más que un adolescente cuando, en 1924, jugó al recuerdo de la edad infantil al componer un pequeño álbum de Piezas infantiles con las cuales el joven músico madrileño entroncaba con una tradición bien romántica, representada sobre todo por las piezas infantiles (o para la juventud) del gran pianista y compositor Robert Schumann. No faltan en estas páginas primerizas de Alfonso las referencias "inevitables" a la nana o a la evocación de las cajitas de música.
En los años treinta, o sea, en su primera madurez como intérprete y compositor, Javier Alfonso escribió piezas pianísticas aisladas de considerable virtuosismo instrumental, fruto de su intenso aprendizaje en París junto a grandes maestros del piano europeo como eran el francés Alfred Cortot y los españoles José y Amparo Iturbi. Precisamente en París y durante nuestra guerra civil compuso Alfonso un Capricho en forma de bolero (1937) que entronca también con la tradición romántica - esta vez con el llamado "piano de salón"- , si bien, a estas alturas, el lenguaje sonoro practicado por nuestro músico apuntaría ya elementos de "modernidad", como los que se dan en la Guajira, de 1938, pieza que se desenvuelve en el mecido compás alternante de 6/8 y 3/4 y que, lejos de ser una sencilla evocación del modelo popular, resulta ser una pieza ambiciosa desde el punto de vista puramente pianístico y también como reflexiva recreación de tal modelo. La Guajira de Javier Alfonso es de un pianismo hijo del de la Iberia de Albéniz y no desmerece, sino todo lo contrario, puesta al lado de cualquier página del gran piano nacionalista español.
Siguiendo con las obras que aquí se interpretan, ordenadas cronológicamente, llegamos a dos partituras de 1940. Por una parte, las Tres impresiones incas, obra que Javier Alfonso tocó en sus recitales durante un tiempo anunciándola como original de Ismael de Arequipa, que no era sino un seudónimo, según me informa su discípulo, el hoy maestro Pedro Espinosa. La Plegaria es música solemne y misteriosa, de andadura procesional y en marcado arco sonoro ascendente-descendente. En ritmo también tranquilo se desarrolla la Invocación, donde encontramos células melódicas y armónicas que remiten con claridad al origen incaico de la inspiración. Desde las profundidades graves de los pianos y sin solución de continuidad se entra en la Danza, página que inicialmente tiene tanto de canto como de ritmo danzable. Un poderoso crescendo lleva al punto culminante de tensión sonora y expresiva tras el cual se desmorona la concreción rítmica y la pieza aboca rápidamente a un final escueto que evita cualquier "aparato".
Cerca ya del final de sus días, siendo más que octogenario, el maestro Javier Alfonso y su discípula María Teresa de los Ángeles estuvieron en el Estudio Música-1 de la Casa de la Radio (RNE) para dejar grabación de una Suite sobre temas incas que no es sino la aumentación a dos pianos de las viejas Impresiones originales, para piano solo, que aquí oiremos. Era el 7 de enero de 1987 y el susodicho arreglo figura en algún catálogo como obra de 1986.
    La otra composición de 1940 es más importante: figura entre lo más destacado que compusiera Javier Alfonso. Se trata de las Variaciones sobre un tema castellano, obra dedicada a sus maestros Amparo y José Iturbi, en quienes pensó expresamente al concebirla para dos pianos. La obra parte de una tema, expuesto al principio, que es una canción de carácter tiernamente melódico. La primera variación - titulada Romanza-es una elaboración muy pianística del material, profundizando en el vuelo lírico del tema, que sigue siendo perfectamente reconocible. La segunda es de perfil virtuosístico, en compás de 12/8 y respondiendo rítmicamente a su título de Zapateado. La tercera variación - titulada Diurno y que lleva la indicación Con fuoco-, también muy virtuosística, ahonda más en elementos armónicos y juega con motivos celulares del tema básico. En franco contraste, la cuarta variación es un Nocturno, un bello y sereno tiempo lento (Adagio) en un pulso de corcheas que el compositor pide legatissimo y cantabile. Con esto se entra en la Fuga, página excelente como quinta variación del tema y como demostración de la sabiduría contrapuntística de nuestro músico. El pasaje culmina en compases de un pianismo trascendente y de voz poderosa, casi orquestal. Tras este pronunciado clímax sonoro, se asiste a una variación muy sutil, poética, se diría que de corte impresionista, un Intermedio en cuya escritura abundan los glissandi y proliferan los trinos. Y de nuevo el contraste: a los difuminados contornos del pasaje anterior, se opone la concreción rítmica de la siguiente variación - la séptima- que se titula Polo y que parece potenciar el contenido de "danza" que pudiera haber en el tema popular de origen. Como colofón de la obra, una breve Coda, de compases y tempi cambiantes, recuerda la melodía de partida, aunque considerablemente enriquecida.
   
Avanzamos en el tiempo diez años para dar con otras dos partituras pianísticas de Javier Alfonso firmadas en 1950. Una es el Impromptu, una divagación puramente pianística, venturosamente fijada en papel pautado. Digo "venturosamente" porque, dado el aspecto que tiene la pieza de música improvisada en contacto directo con el instrumento que se domina como intérprete - que eso es literalmente un impromtpu-, cabe pensar que muchas otras de estas características haría el maestro a lo largo de su carrera sin considerar oportuno pasarlas al papel... Es un tema gracioso y expresivo a la vez que se enuncia tres veces y, entre cada dos de ellas, es variado con caracteres de mayor energía: a-a'-a-a"-a, podría ser el esquema formal de la pieza. Mayor vuelo tiene el díptico titulado Preludio y Toccata, igualmente de 1950. Tras unos compases introductorios, la escritura del Preludio inmediatamente se "estira" a perfiles cantables, muy líricos. En contraste, la Toccata impone un curso de andadura "motórica" y vigorosa, rápida y virtuosística, poderosa desde el punto de vista de la sonoridad, bien que, en varios momentos, se hace patente la irrenunciable tendencia a cantar del piano de Javier Alfonso. Es música admirable.
Las dos obras que quedan por comentar pertenecen ya a la total madurez del compositor, pues se fechan en los años setenta. La primera de ellas, de 1974, es Imbricaciones y Distonías (Homenaje a Debussy), para dos pianos, una de las obras que compuso para sus conciertos a dúo con María Teresa de los Ángeles. La música tiene un comienzo mistérico, con armonías vagarosas que evocan bellamente catedrales sumergidas, pasos en la nieve, niñas con cabellos de lino, fuegos de artificio... quiero decir el fascinante mundo del piano debussysta, soberbiamente representado en los Preludios. El título de Imbricaciones y Distonías se explica en el curso de la audición por la sucesión alternante de pasajes del más suave lirismo con arrebatos sonoros en los que prima la concreción rítmica y un concepto más percutiente del piano. La obra concluye con una coda muy tensa y de hondo virtuosismo.
En 1978 se cumplió el centenario del nacimiento de Conrado del Campo, buen compositor y mejor maestro de composición, que lo fue, en Madrid, de varias generaciones de músicos, desde la de la República (Julián Bautista, Salvador Bacarisse y Fernando Remacha fueron discípulos suyos) hasta la que iba a encabezar la "nueva música española" surgida en los años sesenta (su discípulo más joven fue Cristóbal Halffter). Entre tantísimos nombres que pasaron por su aula del Conservatorio o por su casa, figura el de Javier Alfonso. El propio maestro Alfonso explicó así el origen y el planteamiento de su Calispodia (Homenaje a Conrado del Campo):
   "Esta obra ha sido escrita por encargo de Radio Nacional de España con destino a la emisión realizada para conmemorar el centenario de Conrado del Campo, eminente compositor, instrumentista, director y pedagogo, maestro de varias generaciones de compositores desde su cátedral del Real Conservatorio de Madrid. El hecho circunstancial de ser yo el alumno más veterano de Conrado del Campo entre los que continuamos en activo, justificó que dicho encargo recayera sobre mí. La obra Calispodia, que representa una breve introducción a manera de homenaje, pasa por episodios ya sea de evocación de ambiente castellano, de color impresionista o de características de ostinato que, diluyéndose paulatinamente, alcanza el final súbitamente rápido y brusco. La obra ha sido concebida con libertad de forma y el preciso empleo de virtuosismo pianístico, adaptándose su contenido musical tanto al concepto tonal como a la atonalidad o a la bitonalidad".
    La obra fue escrita entre mayo y junio del citado 1978 y en lo formal es, efectivamente, de curso rapsódico, muy libre. Llama la atención su "densidad" sonora y en todo momento la escritura es de alta exigencia técnica. El maestro Alfonso llega incluso a explicar, en nota a pie de partitura, el procedimiento para obtener el preciso matiz sonoro de "eco" que requiere en un momento dado.


José Luis García del Busto

Iniciada en 1986, el Aula de (Re)estrenos ofrece obras de compositores españoles que, por las razones que fueren, no son fácilmente escuchables después de su estreno, provocando en ocasiones la práctica "desaparición" de muchas composiciones que probablemente no lo merezcan.

El Aula de (Re)estrenos no se limita solamente a la reposición de obras más o menos antiguas, sino que es también un marco en el que se presentan por primera vez en Madrid composiciones recientes ya estrenadas en otros sitios, o incluso no estrenadas. Todos los audios de las Aulas anteriores, junto a los programas de mano, las fotografías y otros materiales relacionados, se encuentran accesibles en Clamor. Biblioteca Digital de Música Española


Ver Aulas de (Re)estrenos anteriores
Subir

Fundación Juan March
Contactar
Castelló, 77 – 28006 MADRID
+34 91 435 42 40
https://www.march.es/