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Aula de (Re)estrenos:

Introducción

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NOTAS AL PROGRAMA
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Homenaje a Gustavo Pittaluga y Simón Tapia Colman

Madrid y la villa de Aguarón (Zaragoza), respectivamente, son los escenarios en 1906 del nacimiento de Gustavo Pittaluga y Simón Tapia Colman, con lo que estamos ante su primer centenario. Alcanzan sus primeros treinta años de vida al tiempo que España se ve sumergida en la guerra civil, algo que influyó decididamente en su actividad y en sus obras. Aparecen en Aula de Reestrenos como representantes de singular importancia en la música española para violín y piano de su tiempo. Junto a ellos, figuran los nombres de seis otros compositores nacidos el mismo año: Gustavo Durán, Vicente Garcés, Rosa García Ascot, Gerardo Gombau, Joaquín Homs y Esteban Vélez. Todos ellos servirían de ejemplo de las tendencias musicales españolas de aquellos años, entre las que nos encontramos, en primer lugar, con la establecida por el magisterio de Manuel de Falla. Del mismo modo, está presente un variado muestrario de nacionalismos y localismos, junto a neoclasicismos, ecos del impresionismo, eclecticismo y, sin duda, gérmenes y desarrollos de las vanguardias, porque se trata de un período de inquietudes que reunió, sucesiva o alternadamente varias de ellas en un mismo compositor.
Pero si nos centramos en los compositores elegidos y además de la atención que dedicaron al violín, hay que señalar la coincidencia en la continuidad de su actividad en el exilio al término de la guerra. Una continuidad que se mantiene algo reducida y menos combativa en el caso de Gustavo Pittaluga y con la integración de Simón Tapia Colman en el panorama musical mejicano al que queda incorporado hasta su muerte en 1992. En ambos casos, la elección del violín estaba indicada, en gran medida, por las posibilidades que tenían las obras escritas para este instrumento, presente con el piano en numerosos locales como cafés, intermedios en teatros y otros escenarios similares, lo que se hace más evidente por lo que se refiere a Tapia Colman que estudió violín y fue concertino del Teatro Apolo de Madrid.
Gustavo Pittaluga
Nacido en Madrid, hijo de un catedrático de microbiología de la Universidad Central,. cursó la carrera de Derecho y realizó el ingreso en la Escuela Diplomática. Sin embargo, se sintió atraído por la música y se formó prácticamente de forma autodidacta aunque recibiendo consejos de Oscar Esplá, y también aparecen referencias a una determinada relación con Falla. Pero su posición primera respecto de la música se aleja de estas dos influencias cuando se define en una conferencia pronunciada en la Residencia de Estudiantes de Madrid en 1930, conferencia que viene a ser el manifiesto del Grupo de los Ocho. Habla de "musicalidad pura, sin literatura, sin filosofía, sin golpes de destino, sin física, sin metafísica" y añade "cuando un músico se pone a hacer metafísica, echaos a temblar, le salen los truculentos argumentos de las sinfonías de mi tocayo Gustav Mahler". El Grupo de los Ocho estaba integrado además por Salvador Bacarisse, Julián Bautista, Rosa García Ascot, Rodolfo y Ernesto Halffter, Juan José Mantecón y Fernando Remacha. Luego se ha visto integrado en la llamada Generación de la República y, de modo más general, en la Generación del 27.
Ese mismo año, Pittaluga marcha París para ampliar su formación y en abril de 1931 regresa coincidiendo con la proclamación de la República. Hasta 1939 son los años de sus primeras y más importantes obras, entre las que figuran las tres para violín y piano, Divertimento, Ricercare y Berceuse que escucharemos en la primera parte del concierto. En la segunda, una versión para piano solo de una de las danzas, la segunda De la hoguera de su obra más conocida, el ballet La Romería de los cornudos, estrenado en forma de concierto en 1922 y como ballet en 1927, sobre un libreto de Federico García Lorca y Cipriano Rivas Cheriff. Por García Lorca ya se había interesado poniendo música a varias de sus canciones para el teatro A este primer período pertenecen además la zarzuela El Loro, Petite Suite y el Concierto militar, para violín y orquesta. Una visión neoclásica está presente en el Homenaje a Mateo Albéniz que cierra la presencia de su música en el concierto.
Es el tiempo de su mayor actividad porque tras el exilio decrece la intensidad creadora y también, en gran medida, su postura inicial alejada del nacionalismo. Se suceden obras como Llanto por García Lorca (1944), Diferencias sobre la gallarda milanesa y el canto del caballero (1950, para orquesta) y Homenaje a Falla (1954). Su vinculación a la música se concentra entonces en la dirección del Ballet de Pilar López.

Simón Tapia Colman
La formación de Tapia Colman se inicia con su padre y, al trasladarse a Zaragoza, prosigue en la Escuela Municipal. El paso siguiente le lleva a París, algo que se repite con otros compositores españoles de su tiempo, para estudiar en la cátedra de composición de Vicent d'Indy. El violín es su medio de trabajo a su regreso a Madrid y llegó a ser concertino en la orquesta del Teatro Apolo. Y será de nuevo el violín el que le integre en la vida musical en Méjico cuando se exilia al término de la guerra civil, nacionalizándose en 1939. Como tal forma parte de diversas agrupaciones y muy especialmente de la Orquesta Sinfónica de la ciudad que dirigía Carlos Chávez. Fundó y dirigió el Coro de México y el de la Comisión Federal de Electricidad. Ejerció también como comentarista y en la temporada 1955-1956 le fue concedido del premio de la Unión de Cronistas de Teatro y Música. Esta labor de referencias sobre temas musicales se complementa con sus artículos periodísticos en varias publicaciones nacionales y, muy especialmente, con un mayor rigor técnico con sus estudios y tratados sobre música. El apartado de su actividad teórica le sitúa en el Conservatorio Nacional de Música, del que fue catedrático y director el curso 1971-1972. Asimismo formó parte como investigador musical del Instituto Nacional de Bellas Artes
Coincide con Gustavo Pittaluga en haberse inclinado en la mayor parte de su obra por una postura ecléctica, sin dejarse arrastrar por los movimientos más activos de su tiempo. Sin embargo, por la temática y otras circunstancias refleja en títulos concretos alguna de esas tendencias. Sucede con su pieza sinfónica Leyenda gitana o en otra igualmente para orquesta Una noche en Marruecos.
La Sonata (Núcleos) para violín solo con la que se inicia este concierto, dividida en tres movimientos, Alegro moderato, Largo y Vivo, procede de un planteamiento más elaborado para orquesta de cuerda. La idea de los "núcleos" la prolonga en su obra para piano Secuencias nucleicas. Y del carácter estructural de esta primera incursión en la forma, pasamos, para cerrar la primera parte, a otra Sonata, ahora para violín y piano (El afilador), también en tres movimientos, Poco recitativo: senza rigore, Largo, Vivo, con cierto sabor local. Para cerrar el programa, una nueva muestra de la música de Tapia Colman, para violín y piano, Suite Española (Seis Danzas), con reminiscencias del maestro de toda la generación, Manuel de Falla. Suite integrada por Jaleo Jerezano, Rondeña Malagueña, Bolero, Asturianada, Zortzico y Jota aragonesa.

Carlos-José Costas

Iniciada en 1986, el Aula de (Re)estrenos ofrece obras de compositores españoles que, por las razones que fueren, no son fácilmente escuchables después de su estreno, provocando en ocasiones la práctica "desaparición" de muchas composiciones que probablemente no lo merezcan.

El Aula de (Re)estrenos no se limita solamente a la reposición de obras más o menos antiguas, sino que es también un marco en el que se presentan por primera vez en Madrid composiciones recientes ya estrenadas en otros sitios, o incluso no estrenadas. Todos los audios de las Aulas anteriores, junto a los programas de mano, las fotografías y otros materiales relacionados, se encuentran accesibles en Clamor. Biblioteca Digital de Música Española


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