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Aula de (Re)estrenos:

Introducción

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NOTAS AL PROGRAMA
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José Zárate (Madrid, 1972) es, pese a juventud, autor de una más que interesante producción pianística compuesta en los últimos años del siglo XX. La Sonata, de 1992, la Sonatina (1993), Escenas de Mora (1995), Cantos (1989-96), Nocturno (1996), Segunda Sonata (1996), Castilla (1996-97) cuyo segundo cuaderno fue editado por la Fundación Valentino Bucchi y ganó el premio internacional del mismo nombre, son testimonios de su actividad en este terreno. Zárate compuso los Pequeños Nocturnos en 1997, como regalo personal a una de sus profesoras de piano, Carmen Aguirre, cuando él mismo contaba veinticinco años. Aunque fue escrita antes que otra de sus obras para piano, los siete cuadernos del ambicioso Il bosco di Giarianno (1997-2000), ha sido desde entonces considerada por su autor como un epílogo de ésta, quizá por las innumerables ocasiones en que fue interpretada por el compositor (asimismo excelente pianista) en la Academia de España en Roma siempre después de los distintos cuadernos de la anterior obra citada. "El cariño que tengo a estos nocturnos trasciende a un sentimiento que subyace a mi más profunda necesidad por ofrecer un texto cuya declamación adquiera la máxima capacidad expresiva y emocional. Y por ello no niego que sea una de mis obras más queridas. Aun así, su interpretación, su buena interpretación, no es tan sencilla como les parece a los pianistas. No olvidemos que lo más simple es lo más complejo" nos dice hablando de su obra.
Los Pequeños Nocturnos juegan con lo posterior, en una extraña coordenada temporal, como si fueran una especie de postludio o epílogo. Fueron escritos, sin embargo, previamente. Técnicamente, la obra no es difícil, y así nos lo indica el mismo compositor, pero el reto estriba para el intérprete en decir o cantar estas cuatro piezas en las que la tonalidad es utilizada como un color más, y cuya textura es clara, transparente: cristalina. Zárate ha dedicado atención en su obra al tema del Nocturno, el de la noche serena y estrellada que a tantos poetas ha inspirado, con una cima en los famosos versos de Fray Luis. En su catálogo tenemos un Nocturno (1996) y los Nocturnos de Barataria, sobre los sueños de Sancho Panza. Destaquemos en los breves e impresionistas Pequeños Nocturnos, el segundo, "Andante moderato", de delicado toque, atmósfera envolvente y ritmo pausado y ligero. En él cobran realidad las palabras que un día Zárate escribió sobre su música: "Para mí, el discurso expresivo musical se consigue apoyado y ayudado por el acto declamatorio que posee la música, al igual que en la poesía o en el teatro, viendo por ello a la figura del intérprete como declamador de un texto poético, previamente concebido por el compositor, que es capaz de transgredir sus propias formas o épocas, y transmitir un sentimiento personal desde la emotividad del canto sonoro". La música de Zárate siempre nace de la voluntad de comunicar y expresar algo - una idea, un anhelo, una emoción- al oyente.
El 2 de marzo de 1999 estrenaba Leonel Morales con gran éxito en el Ciclo de Cámara y Polifonía del Auditorio Nacional la obra Caribeña de la también compositora madrileña Zulema de la Cruz (1958), que le estaba dedicada. No era la primera vez que en el catálogo de la creadora, académica desde el 2004 de las Ciencias y las Artes de la Música, aparecían composiciones para este instrumento: Tres piezas para piano (1978), Quásar (1989), Púlsar (1989), Latir isleño (1997) o Trazos del Sur (1997) entre otras, hablan de un sostenido interés. Señalemos que entre sus discípulos en la Cátedra de Composición se encuentra Zárate, al tiempo que ella lo ha sido de Antón García Abril. Sucesivos magisterios que van conformando, más allá de personales estéticas y técnicas, una tradición viva en la música española de la segunda mitad del siglo XX, que continúa en este tercer milenio.

La serie "En Torno al Sur" fue comenzada en 1997, y terminada en 2004. La conforman ocho piezas para piano. Para la nº 3, Caribeña, "en un estudio sobre ciertos ritmos caribeños, se me ocurrió estructurar esta pieza a modo de "danzón" original, con un estribillo de ocho compases que se repite formando una pequeña estructura de dieciséis compases, con el ritmo de danzón en la mano izquierda" nos cuenta de la Cruz. "Este estribillo aparecerá tres veces más como enlaces en las tres partes libres de la obra: dos son rítmicas -la primera y la tercera, donde se emplea el ritmo de "son" en homenaje al "danzón" cubano- y la segunda es lenta, expresiva y cadenciosa. En la segunda parte libre se emplea ya un antecedente del ritmo del "son" que aparecerá en la tercera, tratado, en esta primera, con más lentitud". Como dato curioso, señalemos que la obra está basada en las proporciones matemáticas que da el número áureo 0'618, por lo que las distintas secciones del "danzón" poseen la longitud que proporciona el número anteriormente citado. Asimismo, en la composición se utiliza la misma agrupación de intervalos que la empleada en la construcción de Trazos del Sur, la primera de las ocho piezas para piano que constituyen la serie, relacionando de semejante manera los sonidos tanto vertical como horizontalmente.

Estupendo pianista y compositor, al igual que Zárate, es también Antonio Narejos (Alicante, 1960), el interesante creador radicado en Murcia, que además ha estudiado en su faceta investigadora la tradición del Misterio de Elche o la estética musical de Manuel de Falla. Como compositor ha abordado casi todos los géneros, con especial atención a la música de banda y a la coral, aunque asimismo ha escrito obras orquestales, para piano y para otros efectivos. Entre sus títulos destaca Luna agria, para piano, obra estrenada en Estados Unidos. Calidoscopio, obra dedicada a Leonel Morales, se suma a otras atractivas composiciones para piano, desde el juvenil Scherzo (1980), Cinco canciones sin palabras (1981), Cuatro estudios breves, dedicados a su hijo Aldo (1984-1999), la Sonata (escrita para el pintor Sixto Marco, dedicatario de otras de sus obras), y la reciente y compleja Minotauro, dedicada al pintor José Lucas (2004).
De Calidoscopio, al igual que el hermoso e imaginativo juguete al que alude el título, el autor nos dice que "trata de recrear sensaciones de formas y colores en movimiento. Se inspira en la superposición y reordenación de distintos elementos entre sí, provocando estructuras que, por momentos sugieren la ilusión de aleatoriedad, aunque previamente quedasen fijadas en el proceso creativo. Como la disposición interna de los cristales, los elementos musicales de Calidoscopio ofrecen contornos nítidos, presentados en estructuras cerradas. Pero como en el juego calidoscópico, se provocan siluetas polimórficas entre sutiles contrastes, recordando los reflejos de color producidos por la refracción de la luz." Prosigue Narejos hablando del discurso narrativo. Este "va surgiendo con intención narrativa y nunca como resultado de cálculos abstractos o la aplicación de fórmulas numéricas. La obra invita al disfrute ingenuo desde una contemplación desprejuiciada. El oyente es quien dotará de significado al fenómeno sonoro, aprehendiendo la forma como resultante de la intertextualidad que habita en los registros de su propia memoria".


Antón García Abril (1933) ha sido galardonado recientemente con el prestigioso Premio Tomás Luis de Victoria en lo que constituye el último jalón de una fecunda carrera artística. Enmarcado dentro de la Generación del 50, pero siempre con una característica aportación muy personal, este brillante académico de Bellas Artes de San Fernando, entre otras distinciones, posee un nutrido catálogo en todos los géneros, destacando especialmente para piano Sonatina (1954), Preludio y Tocata (1957), Sonatina del Guadalquivir (1982), Seis Preludios de Mirambel (1984-87), Zapateado (1995), Balada de los arrayanes (1996), Madrid (1948-1998), y un largo etcétera. En el año 2004, la Asociación Cultural de Jóvenes Músicos Turolenses, llevados por el afán de ofrecer un homenaje permanente a la obra pianística del compositor, crearon con el decidido apoyo de las instituciones político-culturales, el "Concurso Nacional de Piano Antón García Abril" con el doble propósito de difundir su obra pianística y, a su vez, apoyar a los jóvenes intérpretes españoles. En sus bases se especificaba que los concursantes debían interpretar obras del propio García Abril, además de otras habituales del repertorio.
El concurso se articula en tres secciones divididas en función de la edad de los participantes. La primera acoge a los concertistas que no hayan superado los 32 años, la segunda incluye a los jóvenes hasta los dieciocho años, y la tercera está dedicada a aquellos que no sobrepasen los catorce años. Durante el desarrollo de la primera edición, el compositor turolense tuvo ocasión de percatarse de cómo en su catálogo aparecían un gran número de obras de gran virtuosismo, lo que permitía a los concursantes de la primera sección poder elegir desde un gran abanico de posibilidades. Sin embargo, echó en falta obras para los intérpretes de la segunda y tercera sección - los más jóvenes y los niños- que se encontraban con obras de dificultad muy rigurosa o. al contrario, demasiado "fáciles" para las exigencias de un concurso. Ello le motivó a escribir las obras que faltaban y que constituyen, junto con la obra de Antonio Narejos antes citada, los estrenos absolutos de este programa.

Diálogos con la lunaes una colección de cinco piezas escritas para cubrir un espacio necesario en el primer periodo formativo de los pianistas más jóvenes. García Abril ha desarrollado una técnica pianística para impulsar a los intérpretes a vencer sus dificultades y descubrir las formas de expresión que cada uno de los diálogos contienen. Están dedicados a su nieto Hugo, ya que fue su nacimiento quien impulsó el inicio de la composición, según nos relató el compositor.

Las Tres Baladillas (Baladilla del río blanco, Baladilla de las tres torres y Baladilla de la estrella perdida), están dedicadas a otro nieto, Antón: en ellas, la técnica instrumental ha evolucionado "para situarse en el centro del arco que configura el trayecto de dificultades desarrollado, partiendo de los Diálogos con la luna hasta las Cinco Micro primaveras", en palabras de García Abril.

En cuanto a la composición de las Cinco Micro primaveras, se corresponde con una técnica pianística ya más desarrollada, pero siempre enmarcada dentro de las dificultades que cubren esa franja que la segunda sección requiere, es decir, para jóvenes hasta dieciocho años. Ello no obsta para que el talento y la gracia del compositor se destaquen una vez más en la pieza, que resulta francamente atrayente.

Hermoso final para un programa intimista y sensorial que nos ha llevado, en un paseo a través de distintas generaciones, por la música española de la última década. Podríamos decir, sin temor a equivocarnos, que sobre este teclado del oscuro piano laten inquietudes, ritmos y emociones con vocación de futuro.

Hertha Gallego de Torres

Iniciada en 1986, el Aula de (Re)estrenos ofrece obras de compositores españoles que, por las razones que fueren, no son fácilmente escuchables después de su estreno, provocando en ocasiones la práctica "desaparición" de muchas composiciones que probablemente no lo merezcan.

El Aula de (Re)estrenos no se limita solamente a la reposición de obras más o menos antiguas, sino que es también un marco en el que se presentan por primera vez en Madrid composiciones recientes ya estrenadas en otros sitios, o incluso no estrenadas. Todos los audios de las Aulas anteriores, junto a los programas de mano, las fotografías y otros materiales relacionados, se encuentran accesibles en Clamor. Biblioteca Digital de Música Española


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