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Ciclos de Miércoles:

Introducción

La Fundación Juan March cuenta ya con una larga historia de encuentros entre la música y las restantes manifestaciones artísticas, tanto las espaciales del diseño como las literarias. Propiciados por una de nuestras exposiciones ("Músicas para una Exposición Hockney", o Schwitters, o Picasso, etc., etc.), o por la conmemoración de un centenario ("Músicas sobre Goethe", o por la publicación de unas Obras completas ("Músicas para Gerardo Diego", o por otras circunstancias, son muchos los ciclos musicales que hemos programado intentando ofrecer información, además de placer. Así se complementa - eso creemos-  lo que por separado quedaría bien (a veces, descontextualizado) pero junto, mucho mejor.
    En esta ocasión es la exposición "Roy Lichtenstein: De principio a fin" la que nos ha sugerido el ciclo, en el que músicas bien diversas y muy gustosas del mundo de la música culta (o "de concierto", o clásica, o como quiera denominarse) se nutren o se alían con las de los medios modernos de la llamada cultura de masas: "Mass clásica".
    Podríamos haber traído a colación muchos casos antiguos. En el corazón de la polifonía clásica, desde su gestación a lo largo del siglo XV hasta el cerrojazo del Concicio de Trento, muchas obras maestras de los más excelsos compositores fueron tejidas alrededor de una canción popular urbana, L'homme armé, la favorita de nuestro Carlos I (y V de Alemania). No fue caso único, ni mucho menos. Otros muchos ejemplos, en contextos musicales bien distintos, llevan el asunto hasta nuestros días. Pero hemos preferido centrarnos en el siglo XX, la época en la que la cultura de masas, difundida y recreada por los nuevos mass media, llega a su máximo esplendor (y también, por qué no decirlo, a cotas inimaginales de vulgaridad).
    En cinco conciertos, a las canciones y danzas de la vieja bella época seguirán las de los ritmos sincopados del jazz, las de los locos años 20, las de la radio y el cine, sin olvidar las populares de la tradición oral y las múltiples recreaciones de lo antiguo.  Así, las imágenes pop art de Roy Lichtenstein dispondrán de adecuado y gozoso contrapunto.


F.J.M.

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INTRODUCCIÓN GENERAL
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Lo hemos dicho muchas veces y mucha gente: uno de los lujos culturales de los que puede presumir Madrid consiste en la posibilidad que periódicamente nos brinda la Fundación Juan March no sólo de disfrutar de magníficas exposiciones de arte plástico, sino también de complementarlas, enriquecerlas y, por añadidura, intensificar el goce estético derivado de su contemplación, con la escucha de músicas relacionadas con el entorno estético de las piezas expuestas. Las artes plástica y musical se potencian así, dejando un mayor poso en el espectador / oyente. Comenzando el 2007, cinco conciertos varios y amenos se agrupan bajo el paraguas artístico de una gran exposición Lichtenstein y con el sugestivo título de "Mass clásica: Músicas para la exposición Roy Lichtenstein, de principio a fin". Se programan aquí muestras muy distintas de música "mass clásica", como consta en el susodicho título del ciclo, es decir, de música de concierto que ha tenido alguna vinculación con la cultura de masas, movimiento tan propio del siglo XX en el que Lichtenstein vivió y creó; muestras de esas músicas que han colaborado a difundir, incluso a personalizar, los mass media.
Y se empieza por Gershwin, con toda propiedad. Catorce años de edad contaba Roy Lichtenstein cuando falleció en Nueva York el gran pianista y compositor George Gershwin, cuyos cantables - tantos de ellos con letras de su hermano Ira-, piezas pianísticas, composiciones orquestales para el concierto y para la escena y, sobre todo, su obra maestra, la ópera Porgy and Bess fueron éxitos no sólo perdurables, sino llamados a dejar huella en la vida socio-cultural neoyorkina de la primera mitad del siglo XX y a proyectarse a través de diversas vías emanadas de aquella sociedad intensamente impregnada de cuanto significó la figura de Gershwin y los contenidos de sus creaciones: por ejemplo, dentro de la plástica, el pop art en el que se engloba Lichtenstein. De ahí que contar con una selección de Porgy and Bess para empezar el recorrido musical que aquí presentamos sea un adecuadísimo pórtico.
Pero ¿por dónde seguir la selección musical? En un primer nivel de aproximación al tema, sería tan obvio como contundente poner en relación el pop art (que, en paralelo y por separado, hicieron estallar Richard Hamilton, Andy Warhol y Roy Lichtenstein en el entorno de 1960) con tanta pop music, buena parte de ella de incuestionable calidad, que igualmente surgió en aquellos años sesenta de tan marcadas efervescencias juvenil, cultural, intelectual, artística y socio-política. Pero, por una parte, la línea de acción de la Fundación Juan March no pasa por la música pop y, por otra, sería un burdo simplismo reducir a ese ámbito musical las evocaciones y significados del legado plástico de Lichtenstein y del pop art que él representa con tanta propiedad y vigor.
    Evidentemente, pop es abreviatura de popular, pero igualmente claro resulta que no son términos equivalentes. Pop, cuando califica a arte, nos remite a un mundo singular de imágenes e iconos propios de la cultura de masas (mass culture) que, por supuesto, incluye los ámbitos de la publicidad y el cómic. Pero en las entrañas del pop art bien pueden rastrearse elementos propios de cada una de las acepciones de popular, sobre todo en lo que aquí nos interesa, es decir, en busca de las posibles convergencias entre esta imaginería plástica y lo que entendemos por música "culta". Pues bien, tanto la música genuinamente popular, o sea, el folclore musical, como el muy bien llamado folclore urbano y como la música popularizada gracias a la inmensa capacidad de llegar a amplísimas capas de población (masas) que es característica de los medios de comunicación que irrumpieron con fuerza imparable en el siglo XX - de muchos de los cuales, por cierto, Roy Lichtenstein siguió de cerca su inicio y entronización, por el tiempo y el lugar en los que le tocó vivir- , he aquí que tienen reflejo en pasrtituras programadas en estos conciertos.
Así, el folclore, en su acepción más noble y cultural, está en la base de las Improvisaciones sobre canciones campesinas húngaras de Béla Bartók, en la Suite popular española de Flores Chaviano o en los cantos sobre poesías populares moravas de Leos Jánacek. Muestras de lo que hemos denominado folclore urbano encontraremos en el Tango de Stravinsky, en el New York Skyline de Villa-Lobos o en la Suite Buenos Aires de Pujol. Y de la música popularizada, vía espectáculo con su correspondiente amplificación a través de los mass media, dan testimonio en estos programas páginas como los Blues de Copland o las canciones de Rodgers y Hammerstein, de Cole Porter... y, en fin, una considerable parte de las obras musicales que pueblan estos variados programas y que, por lo demás, colaboran muy bien a recrear musicalmente el universo expresivo y hasta las sintonías artísticas con Roy Lichtenstein, nuestro protagonista. Porque, en efecto, entre los géneros artísticos y de espectáculo que en su juventud y en su primera madurez viviera de lleno el artista neoyokino figuran la música de jazz, el music-hall, el café-concierto, el cabaret, el musical de Broadway, el cine..., manifestaciones todas éstas que encuentran su referencia en distintos programas de este ciclo de conciertos. Así, Jack in the box de Satie, Minstrels y General Lavine de Debussy, Piano Rag-Music de Stravinsky, entre otras piezas que aquí sonarán, evocarán esos mundos a caballo entre el concierto y el music-hall, mientras que Kurt Weill es el representante por antonomasia del cabaret centroeuropeo y del musical americano más "cultos". En canciones como Viaje a París y, sobre todo, Fiestas galantes, de Poulenc, se respiran airecillos de la belle époque y de sus cafés cantantes... Y el ciclo concluye con todo un programa de músicas que presentan estrecha relación con el cine, obras de un maestro en tal materia - Nino Rota-  y de tres compositores por completo vinculados al ámbito concertístico: Milhaud, Schnittke y Corigliano. Todo un compendio de música mass clásica...
Pero, sigamos. Por añadidura, en la obra de Lichtenstein también se da el homenaje al pasado, el guiño o la referencia explícita a obras concretas de las artes del ayer próximo y del remoto, en una suerte de nuevo neoclasicismo (neo-neoclasicismo) que, por decirlo con las palabras autorizadas de Jack Cowart, en Lichtenstein "es simultáneamente una crítica y un homenaje siempre insólito cargado además de contenido autobiográfico e intencionalidad". Véanse en la exposición las referencias a Laocoonte o al Sembrador, a Picasso o a Matisse, en ejercicios creativos similares a los que, en el campo de los conciertos, podremos admirar en la Chacona de Corigliano o en la Suite en estilo antiguo de Schnittke. Incluso la fascinación que Roy Lichtenstein sintió por el dibujo japonés, de la que esta exposición ofrece alguna muestra bellísima, tiene su comentario musical en las versiones de Sasaki de dos tradicionales Canciones japonesas.
Veamos y escuchemos.

José Luis García del Busto


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