menu horizontal
Botón que abre el buscador
Botón que enlaza al Calendario
Aula de (Re)estrenos:

Introducción

CONTEXTO HISTÓRICO DE RAMÓN BARCE  

En los primeros años de la década de los cincuenta del pasado siglo, el panorama cultural mostraba dificultades extraordinarias, con la generación del 27 ausente tras el desastre de los acontecimientos, y con una España que debía superar la quiebra y crear inercias que mirasen hacia delante.

Ese es el momento apasionante - pero difícil y complejo- , en el que aparecen algunos jóvenes creadores que se comprometen en el arranque, proyectan futuro, e inician el protagonismo de la vida cultural española con un movimiento de renovación muy vital que les animó hacia nuevas búsquedas, nuevos planteamientos y nuevos conceptos.

Desde aquel primer impulso, con una decisión firme y comprometida, el entonces joven compositor Ramón Barce Benito (Madrid, 1928), se incorpora al mundo musical bien armado intelectualmente, y reconocido con un premio extraordinario en 1956 por su trabajo doctoral sobre La poesía de Stéphane Mallarmé en la Universidad Complutense de Madrid.

Se integra en el mundo de la creación sonora -a pesar de ser prácticamente autodidacta en la materia-, y desde el primer momento lo hace con tal fuerza, que se convierte en  protagonista omnipresente de los movimientos que conformaron esa nueva página en la historia de nuestra música; pero no lo hace de modo artificial o mimético, sino sustentado por un pensamiento creador perfectamente sólido, organizado y razonado desde la profundidad de sus reflexiones en forma de música, ensayo y crítica. En definitiva, la integración del pensamiento musical en el ámbito intelectual y cultural español.

Desde aquellos inicios duros hasta hoy, podemos comprobar que, durante más de cincuenta años, Barce ha sido y sigue siendo protagonista y miembro activo fundamental en todos los acontecimientos relevantes de nuestra vida musical. No hace falta indagar demasiado para descubrir su actividad febril; incluso un modesto aficionado a la música contemporánea, o discreto conocedor de las publicaciones, actos, críticas, cursos y demás actividades que se generan en el entorno de la llamada música culta, sabe que Barce ha encabezado o participado directa o indirectamente en el fondo de la mayor parte de acontecimientos que han marcado la España musical del siglo XX hasta hoy, y que le han dado relevancia fuera de sus fronteras.

Pero su aportación trasciende el ámbito de la creación musical, y emprende otros temas con profundidad ya que se trata de una personalidad multifacética con un bagaje cultural extraordinario. Así, es excepcional también su trabajo como ensayista, investigador, traductor, crítico, musicólogo, conferenciante, docente, editor, narrador, guionista de cine, editorialista, organizador, promotor, gestor... es ingente la cantidad de material e ideas que ha producido. Su perfil se conforma como el de un gran intelectual, un gran pensador, ya que no obstante el enorme espacio y la distinta forma que abarcan sus actividades, en todas ha conseguido aportaciones originales, oportunas y brillantes.

Afortunadamente, no son pocos los estudiosos que se han ocupado - y se ocupan-  del trabajo de Barce. Desde la excelente monografía Ramón Barce en la vanguardia musical española, escrita por Ángel Medina en 1983 hasta hoy, varias tesis doctorales se han ocupado del trabajo del Maestro desde distintas perspectivas, porque alcanzar su poliédrica personalidad requiere miradas en distintas direcciones que permitan ir mostrando su contribución hasta ponerla a disposición de quien deba delinear sin lagunas la historia del pensamiento de la segunda mitad del siglo XX en España.

Algunos apuntes biográficos, ilustran nuestras afirmaciones y revelan la profundidad, el compromiso y la originalidad, en la visión que nos ha legado Barce.

Madrid es el punto donde desarrolla su trabajo, que en la música se inicia con la colaboración activa y regular en la revista Ritmo en 1957, pero de forma palmaria desde un año después, con su iniciativa de reunir un conjunto heterogéneo de jóvenes compositores para formar lo que se autodenominó "Grupo Nueva Música", con el que dar a conocer a los creadores que intentaban abrirse camino en un mundo aislado de la música de vanguardia. El propio Barce explica sincera y claramente el espíritu que animó aquel tiempo: "...No es que fuéramos una "banda organizada" ni nada parecido. Las ideas que teníamos en común, suponiendo que tuviéramos alguna, eran muy vagas: interés abstracto por renovar la música, acercamiento a la escuela de Viena, rechazo del neoclasicismo y en general de todo lo francés y, sobre todo, un distanciamiento de Falla y de la herencia nacionalista. Buscábamos, como suele ocurrir, lo contrario de lo que buscaba la generación anterior, la del veintisiete. Hubo algunos excesos. Pensando que se estaba descubriendo el Mediterráneo se lanzaron  por la ventana algunas cosas que entonces parecían inútiles y que luego ha habido que bajar a recoger."

La colaboración con Juventudes Musicales y el Aula de Música del Ateneo (en cuya fundación había participado activamente Barce) dirigida por Ruiz Coca desde 1958 hasta 1973, supuso una puerta abierta definitiva para el camino que emprendió la nueva historia de la música en la España de aquellos años. Desde ese foro se va creando una tradición concertística y generando un interés en el público, que aunque nunca fue mayoritario, sí estaba realmente interesado en la música de su tiempo. En ese caldo de cultivo nace y crece la que se denominó "Generación del 51" en la que Barce ha estado integrado como uno de sus activos principales.

   Con la influencia de la llamada Escuela de Viena, los jóvenes más vitales y con ánimo de renovación, aunque sometidos a enormes tensiones, buscaban la información en los lugares donde se producían las novedades, generalmente en Europa. El peso de las tesis schoenbergianas va condicionando poco a poco la técnica y la estética de los más dinámicos. Se inicia así una nueva etapa que en España iba a ser absorbida con prisa para recuperar el tiempo de retraso.

Y en ese acontecer histórico reconocemos a un Barce que inevitablemente se mantiene como ariete de los movimientos renovadores que se habían producido y que se iban a seguir produciendo en ese momento de extraordinario vigor en la búsqueda de nuevas vías para la música española. Ensayista prolífico, analiza y explica ese tiempo apasionante en el que se suceden los acontecimientos relevantes. En el año 61, viaja por primera vez a Darmstadt. El contacto con figuras de primera fila, le informa de los acontecimientos y de la situación en Europa y América, que asume siempre - fiel a sus principios-  con una postura que claramente elige relativizar los criterios de verdad absoluta que se manejaban en ese momento.

    En los primeros años 60 nació Fluxus, una corriente internacional de artistas con el objetivo de difuminar o vencer límites entre arte y vida en el campo de las artes escénicas. En España, de la mano de Juan Hidalgo en 1964, nace un movimiento relacionado que presenta esencia e incluso nombre propio: ZAJ, una de las propuestas que desdibujaban las fronteras entre los distintos campos y corsés disciplinarios. Sus acciones constituyeron aquí el ejemplo más temprano y riguroso próximo a la perfomance, un viento ciertamente perturbador y creativo en un contexto en que las iniciativas de corte conceptual tuvieron muy difícil implantación.

Y curiosamente, fue Ramón Barce, "un admirador de Mahler y Reger", vinculado a la línea de Schoenberg en distintos aspectos ético-estéticos, el compositor español que tuvo el coraje de aceptar en el primer momento el reto radical que suponía ZAJ, y lo hizo como era habitual en su actitud, comprometiéndose a fondo, hasta el punto de incluir la aleatoriedad en su trabajo compositivo. Escribió obras para ZAJ y se incorporó al grupo como parte activa. De hecho, el movimiento le debe la invención de su nombre "...que no quiere decir nada, pero lo hice porque reunía tres sonidos característicos del español y algunos no son corrientes en otros idiomas como la "z" o la "j". Era una mezcla de sonidos hispánicos y nos gustó", explica Barce.  
  
Pero no fue solamente esto. En la figura y la seriedad de Barce, ZAJ encuentra el apoyo necesario para arrancar, ya que él era uno de los músicos con mayor prestigio intelectual, avalado por su capacidad de dinamización de la vida musical, sus escritos y los ensayos que se empezaban a publicar fuera de nuestras fronteras. ZAJ nace como una actividad libre, o en libertad. Pero esa independencia de ZAJ, no es más que la punta de lanza de todo un planteamiento estético que va a chocar de frente con el que la vanguardia musical española defendía.

Ramón Barce decide abandonar ZAJ tras un año de actividad constante. La aportación de ese movimiento a la vida musical española fue muy importante, porque marcó la normalización de nuestra música en relación con la música europea. Los esfuerzos de los músicos españoles por vencer los "años de diferencia" fueron teniendo resultados y la aparición de esta corriente junto con las aportaciones en otras líneas creativas, iban situando a nuestros compositores en la misma posición que sus colegas europeos.

Simultáneamente a estos acontecimientos - genuina representación del conceptualismo- , y en excepcional bifurcación de ideas, Barce concibe y elabora (1964 -  1965) lo que probablemente ha sido su trabajo más definitivo y más arriesgado: el Sistema de niveles, una propuesta técnico-compositiva original, puesto que se alejaba de la corriente serialista imperante también en España en aquel momento. Por tanto, un sistema extraordinario tanto por su contexto histórico, como por su indiscutible validez técnica, vigente hoy, a muchos años y a muchos capítulos estéticos de distancia. Podemos sintetizarlo destacando que está basado en el principio de "centralidad", es decir, de referencia a una altura aunque ésta no se conjuga en torno a las funciones de dominante y subdominante puesto que esos sonidos han desaparecido de la escala. El sistema, que ha sido soporte de toda la obra de Barce desde esos años, no sólo ha salido indemne con el paso el tiempo, sino que ha demostrado que es precisamente a través del tiempo cuando su validez es más oportuna.

En el estudio atento de sus propuestas, constatamos que su capacidad de autocrítica parte de un riguroso posicionamiento en el pensamiento y la experiencia. Y como en otros campos, cuando Barce plantea su Sistema de niveles lo propone estableciendo respuestas desde la raíz misma del problema, es decir, soluciones para la creación desde la propia creación, definiendo un criterio sólido estructurado desde una aguda capacidad de análisis y de síntesis. No es fácil, ni en la historia han sido muchos, los compositores que han aportado además de la obra de creación musical, una base teórica en  la que sustentarla, y que  además -superando los límites de ser una herramienta personal-, permita una utilización universal, y quede inserta en su tiempo tanto desde el punto de vista técnico como estético.

Los sesenta fueron años de actividad febril y fructífera. Colaborador entonces de Radio Nacional de España, en el 67 - con el apoyo del Instituto Alemán- , surge una idea que llamaron Estudio Nueva Generación, dirigido por Tomás Marco que comparte la iniciativa con Barce entonces vicepresidente de Juventudes Musicales. Esta actividad reunió a un grupo de compositores con la pretensión de organizar conciertos y ciclos de conferencias siempre en torno a la música contemporánea. Aunque la tarea sólo duró tres años, en ese contexto se propiciaron estrenos y se promocionó a un importante número de - entonces-  jóvenes compositores.

Inasequible al desaliento, en 1967 Barce funda Sonda (cuya actividad se prolongó hasta 1977). Esta vez se trataba de una serie de conciertos dedicados a la música contemporánea que contaban con pocos medios pero con extraordinarios intérpretes (J. Zulueta, Carles Santos, Pedro Espinosa, Jorge Peixiño, etc.). Con un buen sentido de la ubicación histórica y estética, ya declaran en sus programas de concierto que, pretendían "...Dedicar su actividad a todas las manifestaciones musicales contemporáneas, tanto en lo que respecta a la música instrumental y vocal como a las formas menos convencionales y más características de la vanguardia como el happening y el teatro musical. Esta actividad incluye - y hoy damos de ello el primer ejemplo-  la revisión cuidadosa de lo que podríamos llamar "vanguardia histórica" desde el futurismo y el dadá".

Al mismo tiempo, aparece la revista SONDA, íntegramente dedicada a "estudiar el problema y panorama de la música contemporánea". Fue apreciada internacionalmente como una de las ediciones de referencia en su época. Se trataba de la primera publicación en España dedicada monográficamente a la música contemporánea de su tiempo (no a la música del siglo XX en general), escrita sólo por compositores. La publicación y su difusión estuvo financiada exclusivamente por los recursos personales de Barce y editó un total de siete números con firmas como: Jacobo Romano, Milos Stedron, M. Lozano, Costin Miereanu, Gyorgy Ligeti, James Drew, Mauricio Kagel, Horacio Vaggione, Dieter Schnebel, Joan Guinjoan, Branimir Sakac, Lucien Goethals, Enrique Raxach, Franz Weinert, Jiri Valoch, F. Vandenbogaerde, Mario Lavista, Miguel Ángel Coria, Josef Bek, Joaquín Homs, Jesús Villa Rojo, Leo Brouwer, Arturo Tamayo, Marcos Costa, José Ramón Encinar, Tomás Marco y naturalmente la de su director Ramón Barce.

Premio Nacional de Música en 1973 por su Cuarteto de Cuerda III (Cuarteto Gauss), en la nueva década mantiene su actividad como ensayista y crítico, manteniendo un esfuerzo y  un  compromiso  con  la  promoción  de  la  música, que  le  impulsa a ser - junto con otros creadores-  miembro fundador de la Asociación de Compositores Sinfónicos Españoles (A.C.S.E.). Desde el primer intento baldío en 1967, Barce siguió siendo su principal promotor y en la asamblea de constitución, en 1976, fue nombrado Presidente. La Asociación, pretendía fundamentalmente impulsar la creación, defender los intereses profesionales de los compositores, difundir su obra e integrar la música en el tejido cultural nacional; y durante los años que mantuvo su responsabilidad (entre 1976 y 1988), se alcanzaron proyectos importantes: edición de partituras, grabaciones discográficas, conciertos, ayudas para salidas al extranjero, representación con voz en determinados estamentos musicales, contacto con autoridades organismos públicos, Sociedad de Autores, procurando el reconocimiento en el marco de unas determinadas condiciones de los derechos de autor, derechos de alquiler de materiales, derechos de reproducción, etc.; un trabajo en definitiva, que difícilmente se podía abordar individualmente.

En medio de muchos cambios y acontecimientos, observamos a Barce centrado en un trabajo intenso, conservando - como hizo siempre-  su independencia y su libertad, y siguiendo su travesía sin adscripciones que pudieran restar lo más mínimo su intención de profundizar en el pensamiento desde la autonomía más absoluta, con una única subordinación: fidelidad a su búsqueda y a su camino en pugna siempre entre lo ideal y lo real.

Iniciada en 1986, el Aula de (Re)estrenos ofrece obras de compositores españoles que, por las razones que fueren, no son fácilmente escuchables después de su estreno, provocando en ocasiones la práctica "desaparición" de muchas composiciones que probablemente no lo merezcan.

El Aula de (Re)estrenos no se limita solamente a la reposición de obras más o menos antiguas, sino que es también un marco en el que se presentan por primera vez en Madrid composiciones recientes ya estrenadas en otros sitios, o incluso no estrenadas. Todos los audios de las Aulas anteriores, junto a los programas de mano, las fotografías y otros materiales relacionados, se encuentran accesibles en Clamor. Biblioteca Digital de Música Española


Ver Aulas de (Re)estrenos anteriores
Subir

Fundación Juan March
Contactar
Castelló, 77 – 28006 MADRID
+34 91 435 42 40
https://www.march.es/