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Integral para piano solo de Brahms

11, 18, 25 enero, 1, 8 y 15 febrero 1989
Ciclos de Miércoles:

Introducción

Hemos escuchado ya en ciclos anteriores la integral de la obra de cámara con piano de Brahms (febrero y marzo de 1983) y algunas de sus obras para piano a cuatro manos en el ciclo que hicimos en enero de 1985. También, en Conciertos de Mediodía, hemos programado las principales obras para dos pianos: La Sonata Op. 34 b y las Variaciones Haydn Op. 56 b. Creemos que la integral para piano solo, desarrollada en seis conciertos, contribuirá a conocer mejor la evolución del compositor.

Como la mayoría de los compositores del siglo XIX, Brahms fue un extraordinario pianista, y como tal actuó numerosas veces en los comienzos de su carrera. Su labor como intérprete, apreciada por sus contemporáneos con Schumann a la cabeza, insistía más en la expresión que en lo meramente técnico. No era un pianista virtuoso a la manera de Talberg, Tausig o el mismo Liszt, aun cuando esos aspectos técnicos le interesaron muchísimo.

Por eso no es de extrañar que entre sus diez primeras obras, publicadas entre 1851 y 1854, seis son composiciones pianísticas: las tres Sonatas Op. 1, 2 y 5, el Scherzo Op. 4, las Variaciones Op. 9 y las Baladas Op. 10. Tenemos, pues, una excelente ocasión para adentrarnos en el inicio de la carrera del Brahms compositor, aquel que entusiasmó a Clara y Roberto Schumann, que saludaron alborozados el "nuevo camino". Tras el período dominado por las Variaciones (1857-1863), y tras largo silencio sólo interrumpido con las Op. 76 y 79 de 1878-1879, Brahms vuelve inesperadamente al piano en su prodigiosa etapa final con las 20 piezas cortas de 1892, verdadero resumen y balance de su obra de compositor.

Concentradas, pues, en estos estadios del comienzo y final de su vida, aunque no falten ejemplos que ilustren las cuatro etapas en que suele dividirse la obra de Brahms, asistiremos en estos conciertos a una de las evoluciones estilísticas más impresionantes de toda la historia de la música. Las evidentes conexiones con sus antecesores (Bach, Beethoven, Schubert, Chopin y Schumann) y con sus contemporáneos hacen todavía más valiosa la conquista de uno de los lenguajes más personales e inconfundibles del piano decimonónico.

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