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OPUS FINALES

25 febrero, 4 y 11 marzo 2009
Ciclos de Miércoles:

Introducción

OPUS FINALES

anciano... ¿Qué placer recoge de los acordes del más hábil tañedor de la cítara, de Seleucos mismo, de esos cantores que despliegan centelleantes sus capas doradas?"

Juvenal, Sátira IX

La función de la obra artística no es primordialmente la de producir belleza, sino un intento, como en la producción científica - a la cual se asemeja en tantas cosas - de iluminar la realidad, de trascender uno o varios de sus recovecos más oscuros. Se trata de saltar por encima de la literalidad que nos rodea e ir un paso más allá.

"Sigo estando persuadido"- nos dice Boulez- "de que el autor, por muy perspicaz que sea, no puede concebir las consecuencias - próximas o remotas- de lo que ha escrito, y que su óptica no es forzosamente más aguda que la del analista, tal como yo lo concibo"

Al final de su vida, Beethoven sufría intensamente debido a su carácter vehemente que no le dejaba comprender los vericuetos emocionales de su sobrino Karl, lo que le llevaba a continuos conflictos familiares. Sin embargo, no había perdido un ápice en cuanto a curiosidad, a capacidad de inquisición sobre la realidad, y lo vertió sobre una forma relativamente antigua, pero muy prestigiosa: el cuarteto clásico de cuerda. En ella realizó descubrimientos que hoy nos siguen dejando perplejos.

Como señala Charles Rosen en un estudio ya clásico, la mayoría de la gente identifica el cuarteto de cuerda como sinónimo de la música de cámara, y su prestigio se cimentó durante el periodo clásico, que este especialista sitúa desde 1770 hasta la muerte de Schubert (Otros sitúan al autor del Winterreise ya en pleno Romanticismo). En todo caso, sentadas ya las bases por Boccherini y Haydn, el cuarteto era una forma seria, sobria y asentada hacia la que volvió la última mirada Beethoven cuando la muerte le acechaba. Pero no sólo él. Un siglo después, el compositor checo Janácek expresaba en "Cartas Intimas" a través de los mismos cuatro instrumentos, un testamento vital pensando en la joven que le estaba inspirando sus últimas obras. También él se volvía hacia esta estructura desnuda y reflexiva.

¿Será casualidad que la penúltima obra de Shostakovich sea el Cuarteto de cuerda nº 15, en el que hay dos citas del cuarteto op. 132 de Beethoven, también del final de su vida? ¿Que Britten escribiera el Cuarteto nº 3 en 1975 y muriese en 1976, sin verlo estrenado? Hay quizá en este acompasado latir de dos violines, una viola y un violonchelo un nostálgico Sehnsücht, como dicen los alemanes, una "aspiración al infinito", que invade los últimos rincones de unas almas, a veces atormentadas, que aspiran a la perfección, no dejan de interrogarse hasta el final y en la búsqueda de la verdad, palpan la hermosura.


Hertha Gallego de Torres

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