Ciclos de Miércoles:

Introducción

Desde hace muchos años, prácticamente ya en los primeros conciertos celebrados en este salón de actos en 1975, los micrófonos de Radio Nacional de España han recogido, archivado y emitido muchos de nuestros conciertos. Especialmente aquellos en los que hacíamos sonar, en no pocas ocasiones por vez primera, músicas españolas. Desde octubre de 1994 esta colaboración es tan cordial como constante; ya que un convenio de colaboración suscrito entre Radio Nacional de España y la Fundación Juan March permite que nuestros ciclos de los miércoles se oigan en directo en toda España (y también, vía satélite, en varios países europeos).

El concierto de hoy es un fruto más, aunque muy especial, de esta colaboración y prosigue el que en abril de 1996 ofreció RNE desde esta misma sala para los oyentes de Euroradio con la integral de la Suite Iberia de Isaac Albéniz a cargo de Guillermo González.

El concierto pertenece a la Temporada de Conciertos de Euroradio que se organiza al amparo de la red técnica y de programación de la Unión Europea de Radio-Televisión (EBU-UER) y se inscribe en una serie de seis conciertos dedicada a la influencia de la música popular en la música culta. La UER es la más importante asociación profesional de radio y televisión del mundo y reúne como miembros activos a 74 organismos en 54 países de Europa. Norte de África y Oriente Medio, así como 44 miembros asociados de otros 25 países.

El concierto será transmitido en directo por Radio Clásica y se escuchará en los siguientes países: Alemania, Austria, Croacia, Dinamarca, Eslovenia, Estonia, Finlandia, Holanda, Letonia, Nueva Zelanda, Polonia, Portugal, Rumanía y Serbia.

NOTAS AL PROGRAMA

EL NACIONALISMO MUSICAL Y EL TRÍO CON PIANO

A pesar de algunos ejemplos más o menos aislados, no puede defenderse que, en el siglo XIX, España produjera una música de cámara a niveles semejantes de calidad y cantidad de las emanadas en el área germánica o en Francia. Las grandes formas, como el cuarteto de cuerda, el trío con piano o el quinteto de viento, apenas encuentran respuesta entre los compositores patrios. Después del temprano hito de los tres cuartetos de Arriaga —al fin y al cabo editados en París— y hasta el empeño de los de Chapí, todavía no completamente integrados en el repertorio nacional, la música de cámara española recorre senderos bien diversos de las grandes aspiraciones estructurales. Las obras decimonónicas para pocos instrumentos se adscriben en su mayoría a las piezas de salón, caprichos brillantes, paráfrasis de óperas famosas o romanzas sentimentales. La plantilla preferida solía incluir al piano en un papel destacadísimo —caso por ejemplo de las fantasías, caprichos o variaciones de Pedro Albéniz—, acompañado de dos, tres o cuatro instrumentos de cuerda.

A finales del siglo XIX, diferentes factores influyeron en un crecimiento muy apreciable de la música de cámara en España, en sus aspectos tanto de sesiones concertísticas, donde por fin pudo conocerse el gran repertorio europeo, como de creación propia. La existencia de una nueva generación de virtuosos del violín, el piano o el violonchelo alimentó el crecimiento exponencial de tales veladas. Esta derivación de la música de salón —donde el lado exhibicionista era todavía muy importante— confluyó con una considerable reanimación de la vena creadora hispana. Aun los autores más afamados del imperante género de la zarzuela le concedieron algo de su tiempo a los tríos con piano o los dúos de violín o de violonchelo y piano, donde plasmaron ideas de un nacionalismo musical que, en no pocos casos, se deslizaba hacia un costumbrismo de miras un tanto cortas.

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