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Ciclos de Miércoles:

Introducción

Ser hijo de un músico como Juan Sebastián Bach y formar parte de una de las dinastías musicales más gloriosas de toda Europa no es —contra lo que suele creerse— el mejor pasaporte para pasar a la historia de la música. En el taller familiar se adquiere un sólido oficio, pero no el genio creador, y C. F. Enmanuel Bach (Weimar, 8 de mano de 1714 - Hamburgo, 14 de diciembre de 1788) dispuso en abundancia de todo cuanto se requiere para crear obras musicales: oficio, personalidad, energía y sentimientos.

Segundo de los hijos supervivientes de J. Sebastián y su primera esposa, María Bárbara, C. F. Enmanuel no sólo fue el más famoso de los hijos músicos de Bach, sino que, ya en su época, fue el Bach por antonomasia, el gran Bach. Para los clásicos vieneses fue el principal maestro. J. Haydn tuvo en las Sonatas prusianas y en el tratado de Enmanuel una suerte de biblia musical; W. A. Mozart le consideraba el padre y ellos los chiquillos; y Beethoven coleccionaba sus obras porque para el auténtico artista no sólo son motivo de gran placer sino también de estudio.

Situado en una de las encrucijadas sociales y culturales más enrevesadas y fecundas, donde la música moderna se estaba gestando, C. F. Enmanuel fue uno de sus máximos protagonistas. El olvido que sobre él cayó en el siglo XIX, justo cuando la obra de su padre empezó a ser estudiada y escuchada, ha sido roto en nuestro siglo, desde la célebre catalogación publicada en 1905 por Alfred Wotquenne (de ahí el Wq que acompaña a la numeración de las obrasj hasta la todavía en curso de publicación de E. Helm. Sólo falta que sus músicas, ya bien estudiadas, lleguen al público con más frecuencia, y a ello quiere contribuir este ciclo al filo del segundo centenario de su muerte.

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