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Ciclos de Miércoles:

Introducción

Los 200 años del nacimiento de Schubert nos proporcionan el pretexto para hacer lo que otras veces hemos hecho simplemente por gusto: escuchar música de Schubert.

La abundancia de su obra, a pesar de la brevedad de su vida, y la altísima calidad de su pensamiento musical son motivos suficientes para organizar un nuevo ciclo Schubert sin que prácticamente ninguna obra se repita. Vamos así descubriendo un territorio deslumbrante, un locus amoenus de insondables bellezas.

A través de 9 obras camerísticas y de 12 de sus canciones, compuestas entre 1813 y 1828, año de su muerte, podemos repasar la evolución y consolidación de un estilo que si en los Heder llegó pronto a su plena madurez, en la música instrumental tardó algo más en definirse\ Además de la variedad de géneros: Hay en él dúos (de violín/piano y de canto/piano), tríos (de cuerdas, y de voz con piano y vientos), un cuarteto, el Quinteto de cuerda y el Octeto de cuerdas y vientos.

Todo ello nos permitirá acercarnos al taller del compositor en la Viena del final de las guerras napoleónicas, del Congreso y de la Restauración, cuando nuevos grupos sociales trazaron nuevas reglas de juegos en las que Schubert —como Mozart con las antiguas— quedó atrapado y sin salida.

F.J.M.

INTRODUCCION GENERAL

Vida breve, amplia obra

Lo primero que llama la atención en la vida y obra de Franz Schubert se refiere a la intensidad de su producción musical en tan corto período de tiempo. Nacido en los alrededores de Viena el 31 de enero de 1797 —hace, pues, dos siglos— y fallecido en la ciudad imperial el 19 de noviembre de 1928, el compositor tenía al morir treinta y un años, nueve meses y unos días. Sus obras musicales rondan el millar en el benemérito Catálogo de Otto Erich Deutsch (y de ahí que los números que las identifican vayan precedidos por una D). Como las primeras obras fechadas lo han sido en 1810, cuando el músico contaba con apenas trece años, esta enorme masa de música fue creada en menos de dos décadas. Hoy, simplemente, nos parece imposible.

Pero lo verdaderamente milagroso no es la cantidad, sino la calidad. Son múltiples los testimonios de la vertiginosa capacidad de su invención: El propio Schubert indicó en la partitura autógrafa de su décimo Cuarteto de cuerda D. 112 (5/13 de septiembre de 1814) que el primer movimiento lo escribió en apenas cuatro horas y media: Son 363 compases, y dudo mucho que un simple copista, sin necesidad de inventar, lograse reescribirlo correctamente en ese tiempo. Es posible que hay en la nota su poquito de exageración vanidosa, pero lo que importa de todos modos es la otra cuestión, la de la calidad.

Porque apenas un mes más tarde, exactamente el 19 de octubre, fechaba Schubert una canción sobre unos versos del Fausto de Goethe, entonces en la cumbre de su fama. El muchacho vienés, que no había cumplido aún los dieciocho años, y que sería despreciado unos años después por el poeta áulico cuando sus amigos le enviaron para su conocimiento y examen las múltiples canciones que el vienés había compuesto sobre poemas suyos, lograría a posteriori su venganza más refinada: Porque esos versos de Goethe son hoy conocidos y recordados umversalmente por la música y hasta por el título que el compositor les puso: Gretchen am Spinrade (Margarita en la rueca) D. 118, una de las obras cumbres del lied germánico y una de las canciones más hermosas de todos los tiempos.

En todo caso, fijémonos en el vértigo de la producción de Schubert por los números de la catalogación cronológica:

Del 112 al 118 en apenas mes y medio, desde un sólido Cuarteto en cuatro movimientos a una simple y aparente canción estrófica. Es necesario, pues, volver sobre el tema de la cantidad, aunque sin olvidar ya nunca la calidad, pues, sin ella, no estaríamos conmemorando el segundo centenario del nacimiento del último maestro de la primera Escuela de Viena, sino celebrando un récord, uno de los muchos que jalonan la historia de la música y que sólo recuerdan los eruditos de vez en cuando.

Según los cálculos de Brigitte Massin en su excelente monografía (edición original, París, Fayard, 1977; edición española, Madrid, Ed. Turner, 1991), y dejando al margen problemas de obras incompletas, nuevas reelaboraciones de obras anteriores, obras de difícil datación, obras perdidas, etc., una radiografía aproximada del proceso creador de Schubert arroja cifras que producen escalofríos. Merece la pena echar un vistazo al cuadro adjunto, aunque sólo sea para constatar que lo que escuchamos habitualmente de Schubert (y en este ciclo hay programadas obras que no son muy corrientes en las programaciones normales) es, pocas veces mejor dicho, una gota en un océano.

Años Edad Catálogo Obras

de creación del compositor Deutsch por año

1810-12 13-15 1-37 37

1813 16 38-91 54

1814 17 92-126 35

1815 18 127-330 204

1816 19 331-510 180

1817 20 511-598 88

1818 21 599-632 34

1819 22 633-708 76

1820 23 709-732 30

1821 24 733-767 35

1822 25 768-797 30

1823 26 798-822 25

1824 27 823-862 40

1825 28 863-895 33

1826 29 896-936 41

1827 30 937-965 29

1828 31 966-998 33

Aunque el reparto de obras por año, insisto, sea muy aproximado ya que el Catálogo de Deutsch contempla siempre el comienzo de la obra y no su finalización y, además, ha sido rectificado en bastantes casos por la nueva erudición, el conjunto, a manera de vista panorámica sin entrar en excesivos detalles, sigue siendo válido y ...abrumador.

Bien es verdad que, en este impresionante catálogo, más de 600 obras son lieder, y que algunas de estas canciones, a una voz con piano, para varias voces solistas o para conjuntos corales masculinos, femeninos o mixtos, son de cortísima duración.

Si a ello añadimos las piezas breves para piano, también muy numerosas, comenzamos a sentir que el asunto puede ser verosímil, pero dentro de unos parámetros completamente inusuales. La innata facilidad de Schubert para expresar en música sus ideas es, pues, el primer dato a tener en cuenta si deseamos obtener una imagen correcta del músico.

Los géneros musicales abordados por Schubert al margen de sus canciones son, por otra parte, variadísimos. Pocos compositores han abordado tantas obras y tan distintas.

Escribió música para unas 20 obras teatrales, sobre todo en el género del singspiel (la ópera cómica o «zarzuela » germánica, es decir, con partes habladas alternando con las cantadas); pero también abordó la ópera, totalmente cantada, la música incidental para ser intercalada en piezas teatrales normales, es decir, habladas, y hasta el melodrama o melólogo.

También compuso mucha música religiosa, y especialmente litúrgica y en latín (misas, por ejemplo), bien para voces solas, para voces y órgano y, sobre todo, para voces, órgano y orquesta. Y ello sin que ningún cargo oficial y remunerado le obligara a hacerlo, como era el caso de muchos de sus colegas.

En cuanto a la música sinfónica, las numerosas oberturas y el imponente ciclo de las nueve sinfonías (una, inacabada; otra, incompleta) no logra ocultar la única gran laguna del catálogo schubertiano, el de la música concertante: Apenas el Concertstück D. 345, el Rondó D. 438 o la Polonesa D. 580, siempre para violín y orquesta.

Vuelve a ser abrumador, en cambio, su catálogo de música de cámara, del que se nutren principalmente estos conciertos. Dejando al margen el impresionante ciclo de los 16 cuartetos de cuerda (del que sólo escucharemos el n° 13, la «Pieza de concierto» o Quarttetsatz D. 703), el recuento de obras camerísticas es muy nutrido, aunque también se echen en falta algunos dúos para una mayor variedad de instrumentos, tanto de cuerda (exceptuando el violín, que seá objeto de uno de nuestros conciertos) como vientos.

Y nos resta el piano, el instrumento preferido del compositor tanto a sólo como en el dúo a cuatro manos, para el que escribió una ingente cantidad de obras, desde las importantísimas sonatas hasta las más intrascendentes —siempre deliciosas— tandas de valses, deutsche, landler... Y sin olvidar que el piano es uno de los elementos básicos, junto a la voz y el texto poético, en la mayoría de sus canciones y, por supuesto, en mucha de su música de cámara.

La posteridad

Muy poca de toda esta música fue editada en vida de Schubert, y apenas un círculo nutrido pero minoritario de fieles amigos tuvo la oportunidad de escucharlas entonces. Aun así, desde 1821 hasta poco antes de morir, el vienés logró vender y editar una 110 canciones, algunas obras para piano a cuatro manos y poca cosa más. En total, son 106 las ediciones, algunas ya postumas, con números de opus controlados por el propio Schubert, desde Erlkönig, Op. 1 (D. 328) y Gretcheri am Spinnrade, Op. 2 (D. 118), editados en abril de 1821. A partir de su temprana muerte, siguió un pequeño pero incesante goteo de ediciones que llegó hasta el op. 173: Aunque siguieron predominando los lieder o las piezas pianísticas a cuatro manos, algunos editores más «audaces» completaron un poco más el catálogo impreso.

En todo caso, y aunque muy pronto se vio la necesidad de ordenar todo lo conservado en manuscritos y ofrecer una edición completa y solvente, la música de Schubert hubo de esperar hasta finales del XIX para ser editada, conocida, interpretada y, por lo tanto, analizada y valorada. Como en los casos de J. S. Bach o de Haendel, se benefició de un doble interés: el de los músicos prácticos, deseosos de tenerla en los atriles, y el de los nuevos aires que el historicismo positivista germánico insufló a los estudios de la Humanidades y que en música diseñó la metodología necesaria para instalar una nueva «ciencia», la musicología.

La primera edición completa y crítica de Schubert fue abordada y ultimada por la histórica editorial Breitkopf und Härtel entre 1884 y 1897, el año del primer centenario de su nacimiento. A instancias del gran schubertiano Nicolaus Dumba, gracias al trabajo de numerosos colaboradores (anotemos los nombres de E. Mandyczexsky y de ... Johannes Brahms), y ordenadas en 21 series temáticas, la historia musical se enriqueció con 39 volúmenes, luego múltiples veces reeditados, incluso en ediciones de bolsillo que todos manejamos; hay, incluso, una reedición facsimilar completa (1965-1969) por la Ed. Dover bajo los auspicios de la American Musicological Society. Pero era necesario corregir errores, incorporar los nuevos datos conocidos y depurar en suma aquel bello esfuerzo.

El paso decisivo lo estableció Otto Erich Deutsch cuando publicó en 1951, en colaboración con D. R. Wakelign, su Schubert: A Thematic Catalogue of his Works, publicado en Londres y punto de referencia esencial desde entonces. El catálogo no era una improvisación: Deutsch era ya el primer schubertiano desde sus cuatro volúmenes documentales rematados en 1914 (Franz Schubert: Die Dokumente seines Lebens und Schaffens: Los documentos de su vida y trabajos), lugo traducidos al inglés en 1946 (Schubert: A Documentary Biography) y más tarde, reeditados con ampliación de datos y corrección de errores por la verdadera protagonista del actual impulso de los estudios schubertianos, la Sociedad Schubert.

En efecto, en 1967 fue fundada en Tubinga la Internationale Schubert Gesellschaft (Sociedad Internacional Schubert), cuyo principal objeto era el abordaje de una Neue Schub et-Aus gäbe (Nueva Edición Schubert) a cargo de musicólogos tan prestigiosos como Walter Dürr, Arnold Feil y Christa Landon, a los que en 1989 se añadieron Werner Aderhold y Walburga Litschauer. A cargo de la Ed. Barenreiter (la de la nueva edición Mozart), la nueva ópera omnia está dividida en ocho series temáticas (música religiosa, música para la escena, canciones a varias voces, canciones a una voz, obras orquestales, obras de cámara, música para tecla y una serie final de miscelánea y suplemento) que todos esperamos y deseamos que vea pronto coronados tantos esfuerzos. Alguna serie, como la de la música de cámara, ya ha sido terminada e incluso se ofrece en el mercado en tres gruesos volúmenes a precios realmente asequibles.

Cuando esta nueva edición termine sus trabajos, las firmas discográficas se esfuercen por grabar las obras menos frecuentadas y cesen de bombardearnos con nuevas ediciones de »La trucha» (la canción, o el quinteto, lo mismo da) y los intérpretes y programadores musicales sean un poco menos conservadores, no habrá más obstáculos para el conocimiento y disfrute de los más recónditos paisajes de la música del genial vienés que nuestra propia rutina o pereza.

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